Las Provincias

Una banda obliga a un enfermo mental a mendigar con palizas y extorsión

  • La Policía Nacional libera a la víctima y detiene a tres personas acusadas de engañar al hombre y quedarse con lo que recaudaba en Valencia

valencia. Una intervención de la Policía Nacional ha dejado al descubierto el lado más cruel de las mafias de la mendicidad. Los agentes han detenido a tres personas, una pareja y el hijo de la mujer, acusados de obligar a un hombre con problemas mentales a ejercer la mendicidad en Valencia. Uno de los sospechosos llegó a darle palizas por no lograr la 'recaudación' que exigían y el grupo se quedaba con todo el dinero que conseguía gracias a la caridad.

Un ciudadano alertó a la Policía Nacional al sospechar que un mendigo de origen rumano que no parecía gozar de buena salud estaba siendo obligado a pedir limosna en calles de Valencia y Xirivella. La investigación se saldó con el arresto de una pareja y el hijo de la mujer, todos ellos de la misma procedencia. Están acusados de trata de seres humanos.

Según han podido reconstruir los investigadores, la víctima, que tiene familia en Rumanía, sufría profundas secuelas psíquicas derivadas de un accidente de tráfico en su país. Al parecer, había llegado a España hace ya varios meses engañado con una falsa oferta de trabajo.

Una vez en Valencia, le arrebataron la documentación y comenzó a malvivir en la casa de los sospechosos, situada en Xirivella. Dormía en un colchón en el suelo y era forzado a mendigar de sol a sol en calles de la ciudad y de su área metropolitana. Incluso le imponían una cantidad: no debía volver con menos de 20 euros.

Cuando finalizaba su jornada con el cierre de comercios regresaba andando a la localidad y entregaba al grupo todo lo que había recaudado. «La mujer se encargaba de registrarlo por si se quedaba algo para él», detallaron fuentes de la Jefatura Superior de Policía. Ella le decía que el dinero se le retornaría cuando regresara a Rumanía, algo que nunca sucedía.

Además, los agentes comprobaron que uno de los sospechosos le pegaba cuando no conseguía el dinero que reclamaban. No le dejaban telefonear a su familia en Rumanía. Era la mujer la encargada de hacerlo con mentiras para tranquilizar a los parientes, asegurando que se encontraba bien.