Las Provincias

Los gorrillas controlan medio centenar de zonas de aparcamiento en Valencia

Gorrillas en la ciudad de Valencia.
Gorrillas en la ciudad de Valencia. / Jesús Montañana
  • El PP critica la bajada de la presión policial y reclama más controles para que no se extiendan los aparcacoches por todos los barrios

Al menos 44 zonas de la ciudad están controladas por los gorrillas, que se dedican a regular el aparcamiento pese a que lo prohíbe la ordenanza de Tráfico. Ese es el dato que aparece en una contestación al grupo popular por parte de la Policía Local. Los lugares se reparten por toda Valencia.

En el centro, los puntos habituales son la plaza del Mercado, la plaza Ciudad de Brujas y la calle Marqués de Dos Aguas, según el informe entregado al concejal Alberto Mendoza. No obstante, las ubicaciones son muy variables y en ocasiones se han visto aparcacoches hasta en la misma plaza del Ayuntamiento.

La ordenanza prohíbe esta práctica, al considerar que la presencia de los gorrillas en la calzada supone un peligro para la circulación. Lo que ocurre es que las multas sirven de poco, al declararse insolventes la mayoría. La mendicidad encubierta que se produce es evidente, aunque la Policía Local interviene para evitar cualquier asomo de coacción.

En el Ensanche, las zonas habituales son las calles Conde Altea, Císcar, Maestro Gozalbo, plaza Cánovas del Castillo, Grabador Esteve, Reino de Valencia, Jacinto Benavente, Cirilo Amorós e Isabel La Católica. Se da la circunstancia de que en estas calzadas también hay aparcamientos ORA, por lo que los conductores deben pagar por duplicado para estacionar su coche, en caso de que entreguen dinero al gorrilla.

La acción de los aparcacoches se extiende a las playas en verano, al acudir miles de personas a diario a Malvarrosa y Cabanyal. El informe policial habla también de Pinedo, El Saler y El Perellonet.

Mendoza manifestó su preocupación por el aumento considerable de los gorrillas en toda la ciudad, sin que la concejalía de Protección Ciudadana «haya sido capaz de conseguir que el problema no fuera a más».

Indicó que la práctica «totalidad de los barrios tiene en alguna de sus calles a personas haciendo de aparcacoches de manera ilegal a cambio de una propina», para añadir que muchos «forman parte del vecindario, al llevar más de un año en la misma calle o zona y son de sobra conocidos por los residentes». La relación sigue con calles como Convento Jerusalén, Pelayo, las inmediaciones del Hospital Provincial y el entorno del complejo 9 d'Octubre.

Hospitales y centros comerciales son lugares preferentes de esta actividad, con casos como el entorno del Arnau de Vilanova, el 9 d'Octubre, las calles de acceso al IVO, la estación de autobuses, la sede de la Subdelegación de Gobierno y edificio PROP, la avenida Pio XII, la piscina pública de Campanar y la plaza Melchor Hoyos.

El edil popular criticó la falta de presión del gobierno municipal para resolver este problema para muchos conductores. «Eso lo permite la legislación actual, así como la presencia disuasoria de la Policía Local. Las cifras hablan por si solas, ya que se ha pasado de 700 denuncias en 2014 a menos de un centenar en 2015». A juicio del edil, «esta falta de presión ha hecho sin duda que el número de gorrillas aumente de manera desmesurada».

En la sexta unidad de distrito, la relación de calles controladas por los gorrillas continúa con el paseo de la Alameda, la avenida Blasco Ibáñez, la plaza Luis Casanova, la avenida Aragón, Menéndez y Pelayo, así como Beata Genoveva Torres. En estos casos es indudable la influencias del Mestalla y el estadio Ciudad de Valencia, que los días de partido atraen a miles de conductores.

Por último, en la zona del Marítimo se encuentra la prolongación de la Alameda y las calles Luis García Berlanga, Serrería, Campoamor, Leones, Juan Verdeguer, Padre Porta, paseo de Neptuno y Eugenia Viñes, entre otras. El edil popular indicó por último que «de este a oeste y de norte a sur de la ciudad hay presencia de gorrillas, sin una solución aparente por parte del gobierno municipal».