Zorrilla, pionero de la tortilla Alaska

José Zorrilla, retrato de Federico de Madrazo, 1869./CC PD
José Zorrilla, retrato de Federico de Madrazo, 1869. / CC PD
Gastrohistorias

El escritor vallisoletano fue aficionado a los experimentos gastronómicos, entre ellos el helado horneado con merengue

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Símbolo de la gastronomía de finales del siglo XX, la tortilla Alaska (o suflé Alaska, soufflé sorpresa o como porras se le ocurriera llamarlo al hostelero de turno) es un triunfo del ingenio humano: helado cubierto de merengue, horneado y flambeado sin derretirse ni una pizca. Seguro que ustedes se acuerdan de este magnífico plato porque ver su preparación junto a la mesa era todo un espectáculo, con su chorrillo de licor, sus llamas chisporroteantes y los clientes haciendo aspavientos llenos de emoción.

Puede que ahora los modernos crean que es un plato pasado de moda, viejuno u hortera, pero en su momento la tortilla Alaska fue vanguardia total. Del ámbito científico (Benjamin Thompson demostró a principios del siglo XIX que la clara de huevo montada servía como aislante térmico) pasó enseguida al culinario y de ahí al éxito mundial. Lo hizo gracias a la imaginación del francés Charles Ranhofer (1836-1899), jefe de cocina durante más de treinta años del famoso restaurante Delmonico's de Nueva York. Para celebrar la anexión de Alaska a Estado Unidos en 1867, Ranhofer ideó un postre de helado cubierto por merengue tostado. Bautizado originalmente como 'Alaska-Florida' debido al contraste de frío y calor, más tarde se quedó simplemente en 'baked Alaska' (Alaska horneada).

Lo de que en España lo llamemos tortilla cuando este postre no tiene nada que ver con la ídem, se debe a que al principio el helado se cubría con omelette soufflé (tortilla soplada), una espuma de huevo. Debido a su dificultad de elaboración la receta acabó siendo hecha con merengue normal pero su asociación con la tortilla perduró para siempre. Así la conoció José Zorrilla (Valladolid 1817 - Madrid 1893), poeta, dramaturgo y padre del Tenorio. Aficionado a la buena mesa y a la experimentación culinaria, Zorrilla fue la primera persona (que sepamos) que cocinó una tortilla Alaska en España. Todo un trendsetter, que se dice ahora, un pionero, un gurú.

La lástima es que no le debió de salir muy bien o al menos sus comensales no apreciaron su esfuerzo. La historia la contó el gastrónomo Mariano Pardo de Figueroa (alias doctor Thebussem) en una carta dirigida al también gourmet y escritor Ángel Muro en 1890. Incluida en su libro 'Primera ración de artículos', en ella Thebussem relata cómo su íntimo amigo Pepe Zorrilla intentó sorprenderle en cierta ocasión con un postre cocinado por él mismo: «Y me sorprendió en efecto, con otro plato que no pasa de ser un acróstico de cocina. El poeta estuvo en el fogón y trajo la sartén á la mesa, instándonos á comer pronto una especie de tortilla que aparecía humeante y jugosa. ¡¡¡La dicha omelette llevaba en sus entrañas un queso helado!!!». O aquello sabía a rayos o los invitados no estaban por la labor de comer modernidades, porque a pesar de tildarla de fantástica y poética, Thebussem concluyó la anécdota diciendo que «sin que yo rebaje los méritos cocineros de mi amado poeta, prefiero, como á él mismo le tengo dicho, sus versos á sus tortillas.»

Ya lo ven ustedes, Zorrilla, el de la apartada orilla donde más pura la luna brilla y se respira mejor, fue un moderno. ¡Un cocinillas incomprendido, un adelantado a su tiempo guisanderil! Y encima, el precursor de la tortilla Alaska. Ojalá se vuelva a poner de moda y los restaurantes se llenen de nuevo de espectáculos pirotécnicos y helados sorpresa.

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