Vivir para contarlo

Se reúnen una vez al mes para hablar de la muerte sin tapujos. No piensan lo mismo, pero todos comparten miedos y esperanzas

Un momento del Death Café. /Á.G.D.
Un momento del Death Café. / Á.G.D.
Álvaro G. Devís
ÁLVARO G. DEVÍSValencia

«Nacemos sin traer nada, morimos sin llevar nada, y en medio, luchamos por ser dueños de algo». 20 personas se han reunido un jueves a eso de las siete en una cafetería cerca de la plaza Tetuán de Valencia. En una sala privada, se colocan en forma de círculo unas 20 sillas. En una esquina, un piscolabis de tortilla, picos y algo más. Y junto a eso, una calavera de decoración y unos libros con títulos que abocan al misticismo, como 'El Tránsito: Vida más allá de la vida y experiencias cercanas a la muerte'. Al otro lado, en otro rincón, otra calavera, con una corona de flores sobre el cogote y una cerveza al lado. Empieza el Death Café de este mes, la conversación empieza con la siguiente frase: «Nacemos sin traer nada, morimos sin llevar nada, y en medio, luchamos por ser dueños de algo».

La iniciativa, que se empezó a desarrollar en 2011 en reino Unido, le llegó a Teresa García y esta se lo trasladó a Carol de Miguel mientras las dos estudiaban un Máster de Desarrollo Personal. En España solo se hacía en Mallorca a iniciativa de una británica que les estuvo asesorando y dando a conocer el proyecto: ya hay 6021 organizaciones sin ánimo de lucro en 55 países.

Tras una prueba con sus compañeros de máster, Teresa y Carol se dieron a la aventura de construir un espacio mensual en el que hablar de la muerte desde el respeto y la pluralidad y sin tabús. Llevan ya dos años de andadura y la iniciativa goza de una salud de hierro.

Á. G. D.

La frase de hoy lleva a hablar sobre las posesiones y las dependencias materiales y humanas que tenemos en vida, y como eso alimenta un miedo irracional hacia la muerte propia y al egoísta miedo de la pérdida de nuestros seres queridos. En la sala hay un profesor de yoga, una de meditación, una organizadora de bodas, la madre de una de las impulsoras de la iniciativa,una psicóloga de oncología infantil o el trabajador de un tanatorio.

¿Cuál es el perfil de gente que viene? «Pues en realidad no sabría contestarte, yo creo que hay mucha gente que piensa cosas diferentes, aunque sí que es importante venir con la mente y corazón abierto», cuenta Carol de Miguel. «La gente que viene aquí puede creer en muchas cosas y ser muy mística y por el contrario gente que sea empírica. Se trata de que una conversación sana te haga llegar a cosas a las que no llegarías por ti mismo, a que te lleves algo nuevo», añade.

Y pone el ejemplo de dos hermanos (nos son los únicos familiares en la sala) que llegaron aquí con creencias encontradas pero con la muerte de su madre compartida. Ella «roza el budismo», él no cree en nada, pero los dos contrastan la misma experiencia de pérdida, ya un año atrás. «Es interesante la evolución que han llevado los dos a lo largo de estos meses», nos comenta también Carol.

Durante de la conversación, las ramas por las que irse se multiplican. La muerte es el fondo (muchas veces la muerte de los seres queridos), pero se al final, como siempre se hable de lo que se quiera hablar, se acaba conversando sobre la vida.

Á.G.D.

Durante dos horas, la gente habla pero sobre todo, escucha: hasta rebaten con un «Yo entiendo pero lo veo de otra manera...». Y al final del todo -es Teresa la que tiene que cortar la conversación-, la sonrisa que te sale cuando te sientes reconfortado, resultado de hablar sobre la muerte en vida, tal vez con la extraña esperanza de encontrar la vida en la muerte.

Fotos

Vídeos