Vivencias en familia, mejor que estudiar

Vivencias en familia, mejor que estudiar

Escribir postales a los abuelos o la bitácora de un viaje, hacer cálculos en el súper y ver películas en versión original también son ejercicio intelectual

INÉS GALLASTEGUI

anto quienes aprueban que los escolares realicen una actividad académica más o menos formal durante las vacaciones como quienes lo rechazan radicalmente comparten, sin embargo, una misma idea: el verano es una época que padres e hijos deberían aprovechar para compartir más tiempo y hacer cosas que durante el año no encuentran hueco entre la jornada laboral de unos y las obligaciones escolares de otros.

Si Gregorio Luri, firmemente partidario de retar al intelecto también en verano, pedía a su nieto de 7 años que le escribiera postales, la Ceapa proponía este año en su campaña 'Abril sin deberes' una lista de 'tareas' familiares para Semana Santa: elaborar juntos el menú de vacaciones, desplazarse en bici o en transporte público, crear un álbum de fotos, jugar juntos a videojuegos y juegos de mesa... «y descubrir que tenemos derecho a no hacer nada cuando queramos».

Para Eva Bailén, la madre bloguera y activista contra los deberes, «ir al supermercado y pesar la fruta, elaborar una receta, ver un documental o hacer experimentos en casa» es más educativo que realizar ejercicios repetitivos a los que los chavales no acaban de verles el sentido.

«Escribir emails a los abuelos o a un primo, hacer la bitácora de un viaje con fotos, precios y rutas, o redactar un reportaje sobre las vacaciones son maneras distintas de trabajar», explica la pedagoga Victòria Gómez Serés. Las matemáticas se pueden repasar yendo al supermercado y calculando cuánto dinero se ahorra con un pack y el inglés, viendo películas o series con subtítulos en el idioma original. «Para un adolescente que ha tenido un buen curso, leer libros de temas que le interesen y ver películas en inglés es suficiente para tener un verano bien aprovechado», agrega.

Las colonias y campamentos urbanos con actividades culturales o deportivas, o aquellas que organizan algunos museos y monumentos, también son una buena idea. Covadonga Ruiz de Miguel, profesora de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación, propone mantener el cerebro activo con «actividades artísticas, campamentos de verano en los que el niño hace nuevas amistades o viajes para aprender idiomas y conocer nuevos lugares». También hay momentos para no hacer nada: «Los niños necesitan aburrirse de vez en cuando. Es bueno».

En 2015 se hizo viral la lista de tareas que les puso a sus alumnos de secundaria el profesor italiano Cesare Catà. En algunas animaba a los chavales a la rebeldía: «Baila sin vergüenza», «Si alguien te gusta mucho, díselo» y «Al menos una vez en la vida, tienes que ver el amanecer de un nuevo día». Otras eran más convencionales: «Lee todo lo que puedas», «Escribe un diario donde plasmes tus sentimientos» y «Recuerda los apuntes». Y la última: «Sé bueno».

Conciliación

Muchas de las propuestas de deberes estivales creativos están basadas en que las familias compartan tiempo juntas, algo que no siempre es posible cuando los dos padres trabajan: las vacaciones de los escolares son el doble de largas que las de la mayoría de los trabajadores. De hecho, la dificultad para conciliar vida laboral y familiar es uno de los motivos de queja de los progenitores partidarios de reducir la carga extraescolar. Cuando los niños son más pequeños y necesitan la supervisión de los padres para realizarlas, las tareas del colegio son «estresantes» para toda la familia, resalta la bloguera Eva Bailén.

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