El viaje del sapo

El doctor Octavio Rettig. Arriba, con tres de sus pacientes/clientes en plena experiencia después de haber fumado la bufotenina. La inhalan de pie y, cuando han entrado en éxtasis, los tumba en el suelo hasta que pasa el efecto. / Facebook de Octavio Rettig

Un batracio del desierto de Sonora produce una sustancia que unos tildan de droga y el doctor Rettig de medicina «para acabar con adicciones». Cobra unos 150 euros por una sesión

FERNANDO MIÑANA

El mexicano Octavio Rettig es una especie de chamán. No tiene poderes sobrenaturales, ni mucho menos, pero sí uno terrenal al que ha consagrado su vida: saber utilizar una sustancia alucinógena llamada bufotenina, que, asegura a este periódico, sirve para cambiar la vida de aquellos que se prestan a emprender este viaje inhalándola. El doctor Rettig era un adicto al crack, la cocaína fumada, hasta que conoció a los seri, una de las trece tribus del desierto de Sonora, en México, donde vive el extraño sapo que genera de manera natural esa controvertida droga. Aquel viaje le sirvió para dejar atrás su adicción y entender que podía ayudar a otros como él.

El 'Bufo alvarius', un sapo endémico del desierto de Sonora, que abarca parte de México, California y Arizona, vive diez meses bajo tierra. Los otros dos, coincidentes con la época de lluvias, sale para hincharse a mosquitos y aparearse. Tras dos meses de intensa actividad nocturna, vuelve a hibernar. Rettig aprovecha justamente esas semanas para buscar al batracio y 'ordeñarlo', apretando sus glándulas parótidas contra un vidrio. Ese líquido blanco, la bufotenina, se seca y ya está listo para que el experto en esta sustancia, el 5-MEO-DMT, el enteógeno más potente del mundo, se lo suministre a sus clientes.

Una dosis fumada provoca diez minutos de una experiencia que puede ser «muy intensa», según Energy Control, un proyecto de la ONG Asociación, Bienestar y Desarrollo (ABD) para ofrecer información, asesoramiento y formación sobre drogas con el fin de disminuir los riesgos de su consumo. Y añade: «Es una experiencia muy visual, tiene un carácter geométrico y a veces te lleva a encontrar diferentes formas de vida o seres. Una experiencia muy fuerte que genera fascinación y respeto».

Es fácil encontrar un vídeo de Rettig administrando la droga del sapito y en varias ocasiones ha visitado España. La última vez, el pasado verano, estuvo organizando sus ceremonias dentro de unos retiros espirituales en Barcelona, Bilbao, Madrid y Tarifa por los que cobra entre 100 y 150 euros. El chamán los lleva a un lugar agradable en medio de la naturaleza, como una playa o una montaña, los descalza y los coloca de pie frente a él. Entonces pone en su boca la boquilla de una pipeta de cristal en la que ha introducido el 5-MEO-DMT y lo calienta con un mechero. El inhalador aspira un humo denso, entra en éxtasis y, en unos segundos, Rettig lo tumba boca arriba. A los diez minutos vuelve a la consciencia con una grata sensación de bienestar físico y mental, según cuentan algunos de los que han vivido este 'viaje'.

La droga no es de carácter recreativo y, al escasear el 'Bufo alvarius', apenas existe un tráfico clandestino del DMT porque, además, es muy peligroso tomarla sin un experto como Rettig al lado. La fama de la droga del sapo va en aumento y ya ha aparecido en algunas series como 'Sense 8' y hasta en 'Los Simpson', donde Homer vive uno de esos viajes psicodélicos después de chupar un sapo. Esas experiencias místicas que provoca también le han valido el sobrenombre de la 'molécula espiritual', pero algunos gobiernos, como el de Estados Unidos, no se tragan este enfoque que le dan sus defensores, y la DEA (la Agencia Antidroga de Estados Unidos) la ha calificado como un estupefaciente muy peligroso e ilegal.

«Disolver el ego»

Rettig se esfuerza, en su conversación con este periódico, por dejar claro que él no es un traficante ni su actividad algo clandestino. «A mí me ayudó a dejar el crack y creo que es muy efectivo para acabar con la adicción al cristal, la cocaína, las metanfetaminas... Yo soy médico y me dedico a investigar y preservar el sapo del desierto de Sonora. Mi trabajo está avalado por las Naciones Unidas de Venezuela y cada vez que atravieso una frontera entrego una carta que me autoriza a pasar con mi medicina».

Este médico de 38 años, natural de Ciudad Guzmán, en el Estado de Jalisco (México), asegura que «jamás» ha vendido su producto a nadie y que en sus ceremonias él asume toda la responsabilidad de lo que les pueda pasar a sus pacientes. «Y después hay un seguimiento por parte de psicólogos y terapeutas durante semanas. Esto no es una droga recreativa ni una droga que está de moda; es una medicina y se utiliza como un tratamiento para, fundamentalmente, superar una adicción». Rettig describe el consumo del DMT como «una disolución del ego y el descubrimiento de que formamos parte de un todo. Porque todos venimos de un mismo lugar y vamos a un mismo lugar».

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