El verano árabe

Una pareja se besa en una azotea, bajo una bandera de Turquía.  / l. pitarakis
Una pareja se besa en una azotea, bajo una bandera de Turquía. / l. pitarakis

Túnez autoriza a regañadientes la primera asociación de ateos del mundo musulmán. «Aun así, en el día a día nos obligan a fingir»

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Apenas siete años después de que Túnez se levantara contra el autoritarismo y la ausencia de derechos sociales, un acontecimiento inédito en el mundo árabe que prendió la mecha de la insurreción en las naciones vecinas, vuelve a dar un paso al frente en la conquista de las libertades individuales. La frágil antorcha de la 'Primavera árabe' acaba de convertirse en el primer país musulmán en autorizar la creación de una asociación que defiende uno de los mayores tabúes del islam: el ateísmo. Se llama Libre Pensadores y está integrada por más de cuatrocientas personas que se declaran «ateas y agnósticas», y que se proponen «garantizar los derechos de aquellos ciudadanos que, simplemente, no se sienten religiosos».

El nacimiento de esta agrupación, otro hito en el mundo árabe, ha tenido una larga y tortuosa gestación pese a contar con el amparo de la nueva Constitución del país, alumbrada en 2014 tras las revueltas que derrocaron la dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali. La Carta Magna, una de las más avanzadas e innovadoras de las naciones árabes en lo relativo a la libertad religiosa, proclama que «el islam es la religión del Estado», pero «garantiza la libertad de fe, de conciencia y el libre ejercicio del culto». Esto es, permite a un musulmán cambiar de confesión, algo inconcebible en cualquier otro país árabe e incluso penado con la muerte en algunos de ellos. El texto va aún más lejos y prohíbe la acusación de «apostasía», que algunos radicales formulan contra los laicos y que puede servir de pretexto para asesinarles.

Sin embargo, tal progreso no parece haber saltado del papel. El pasado mes junio, mientras se celebraba el último Ramadán, al menos cinco tunecinos fueron detenidos y encarcelados durante un mes tras ser acusados de «escándalo público» y de «atentado al pudor» por fumar o comer a la vista de los demás. Las autoridades invocaron para ello los artículos del Código Penal pertenecientes al apartado de 'ofensas a la moral'. Los arrestos, denunciados por Amnistía Internacional, provocaron que decenas de ciudadanos se manifestaran para exigir el derecho a tomar alimentos en la calle durante el mes sagrado del ayuno para los musulmanes. Entre ellos, los ahora oficialmente conocidos como Libre Pensadores.

«La Constitución nos avala. Por tanto, aquellos que no creemos en el islam no deberíamos estar obligados a ayunar para fingir delante de los demás. Hay una fuerte represión sobre nosotros». Habla Munir Baatour, abogado y portavoz del colectivo, quien tacha de «violación de los derechos individuales» el hecho de que en esos veintiocho días la mayoría de cafés y restaurantes del país permanezcan cerrados a cal y canto durante el día.

El letrado explica que en el entorno musulmán no existen peores pecados que la negación de Dios y el politeísmo. «La mayoría de la gente no puede concebir que existan personas que no creen. Lo encuentran escandaloso. Para ellos, Dios es una evidencia y el Corán, la verdad absoluta». Baatur y el resto de afiliados quieren acabar con esa homogeneización religiosa. Para ello, se plantean abrir un debate sobre el laicismo en un país que, por un lado, cuenta con una de las sociedades más abiertas del mundo pese al salafismo violento, y que, por otro, ocupa la cuarta posición mundial por número de combatientes radicales.

«El germen de la Ilustración»

La noticia alegra y sorprende a parte iguales a Milagros Jiménez, coordinadora general de la Agencial Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en Túnez durante un par de años. «En un lugar donde los laicos son considerados como antiislámicos, una agrupación de esta naturaleza representa todo un desafío. Cualquier cosa es posible en un país en el que ser homosexual o fumar un porro resulta más peligroso que ser terrorista», expone a este periódico desde otro país musulmán, Senegal, donde trabaja para la entidad adscrita al Ministerio de Asuntos Exteriores.

En una línea similar se expresa desde Barcelona el presidente de la Unión de Ateos y Librepensadores de España acerca de la recién nacida asociación tunecina. «O en diez años están todos en la cárcel, o pondrán el germen de un proceso de liberación de las ideas en el mundo musulmán». Albert Riba prefiere pensar que asiste a la «penetración de la Ilustración en el mundo árabe», algo que, recuerda, «debe comenzar por la tolerancia hacia lo distinto en el seno de los musulmanes, divididos a muerte en chiitas y sunitas», para continuar por «el reconocimiento de que el libre pensamiento no sólo no es malo 'per se', sino que incluso es bueno».

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