La última cartaginesa

Maria Josep Estanyol, con un texto escrito en fenicio en la pizarra donde da sus clases. / martín benet
Maria Josep Estanyol, con un texto escrito en fenicio en la pizarra donde da sus clases. / martín benet

Maria Josep Estanyol da las últimas clases de fenicio en la aulas españolas. «Sería nuestro idioma si hubieran ganado las guerras púnicas»

ANTONIO CORBILLÓN

Cuando yo me jubile no tendré recambio». Maria Josep Estanyol lo dice con una sonrisa. No hay pena, ni resquemor en sus palabras. Y tal vez debería haberlas. Tiene 67 años, ha superado la edad de jubilación oficial, pero continúa dando las únicas clases magistrales de fenicio que se pueden recibir hoy en España (Departamento de Filología Semítica de la Universidad de Barcelona) por pura pasión a esta lengua «inútil y que no interesa a nadie porque lleva siglos muerta», admite ella misma.

¿Muerta? Llamamos a ciudades como Cádiz, Cartagena, Málaga o Ibiza porque fueron ellos, los fenicios, quienes las fundaron y dieron nombre: Gadir, Quiriathadash, Malaka y Ebushim, respectivamente. Esta profesora, también experta en hebreo y arameo, recuerda que hablamos en latín moderno porque «los romanos ganaron las guerras púnicas» (siglos III y II antes de Cristo). Si los cartagineses hubieran vencido en esas batallas sucesivas por el control comercial del 'mare nostrum' hoy nos expresaríamos en su lengua.

Además, ningún sistema educativo debería certificar la defunción de la primera lengua que creó un alfabeto. Este idioma, que sus inventores llamaron cananeo, era enteramente consonántico. Se componía de 22 consonantes (las vocales se pronunciaban pero no se escribían) que «después les copiaron los griegos».

A esta experta le corresponde además el poco reconocido mérito de haber elaborado el único diccionario de fenicio que se conoce en el mundo. Lo empezó en plena carrera universitaria y le dedicó otros tres cursos de doctorado. Acabó siendo su tesis y se publicó en 1980. Recuerda aquello con una mezcla de cariño y horror. Recorrió los escenarios fenicios (en especial los archivos de Roma y París) para ver todas las grafías que se conocían. «No existía internet -rememora-. Yo iba por ahí con mi máquina de escribir, mis fichas. Me lo publicó el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas). Nadie ha hecho nada igual... Y no me extraña».

- ¿Cuántas palabras tiene ese diccionario? ¿Es muy 'gordo?

- ¡Ni idea de cuántas tiene! Pero sí, es muy grueso... Es como el 'Libro Gordo de Petete'. Ahora lo venden como libro raro por Amazon. Creo que piden más de 300 euros.

Medio en broma, ella lamenta que apenas conserva un par de ejemplares. Pero su trabajo debió ser tan completo que, además de no haber necesitado relevo, hoy día apenas habría que añadir «unas 20 palabras nuevas» para actualizarlo.

Sin libros

La empresa fue ambiciosa en extremo porque no quedaba ni rastro de aquella literatura. «La que pudo haber debió quemarse en el incendio de la Biblioteca de Alejandría», cree Estanyol. Así, aparte de las referencias en las literaturas griega y clásica, la búsqueda de su alfabeto tuvo que hacerlo en las estelas e inscripciones funerarias. Un pasado que arranca al menos diez siglos antes de la era cristiana en la llamada escritura protosinaítica, que pudo florecer en los asentamientos mineros del Sinaí.

En su expansión, la península ibérica jugó un papel destacado aunque un tanto 'analfabeto'. Por aquí dejaron bastante menos huella escrita que en Cartago, Cerdeña o Sicilia. Lo que no impidió que, uno de los últimos descubrimientos, «lo hiciera una alumna mía en Ibiza, lo que me da una gran alegría». El caso es que a las clases de este idioma que imparte la profesora Estanyol acuden hoy tres alumnos. Es una asignatura optativa y sólo cubre un trimestre. «No da para ser un experto», reconoce su titular. Su huella se ha ido perdiendo paulatinamente en los programas de estudios. Hay departamentos de Literatura Semítica en Salamanca, Madrid, Granada y Barcelona. Pero sólo esta última da algunas clases. Las suyas. Tuvo días mejores en los que estuvo incluida en los programas de Arqueología y duraba un curso completo.

Entre unos y otros no habrán pasado más de 20 alumnos por su pizarra en los últimos diez años. Pero lo peor es que no ha habido respuesta para que alguno de esos estudiantes tomara su relevo.

Las cosas no son mucho más esperanzadoras en el resto de Europa. Francia e Italia han mantenido las únicas escuelas de aprendizaje de esta cultura de toda Europa. También las han ido perdiendo. Ahora deben quedar «unos siete especialistas en esta cultura», calcula. Además de ella como la 'última mohicana' del cananeo en España.

Las clases de Maria Josep Estanyol son 'sui generis'. Trata de que se parezcan a la resolución de un jeroglífico. Es una escritura sin espacios entre las palabras. «Lo más cercano a una adivinanza con signos -reconoce-. Y, cuando mis alumnos lo desentrañan, suelen entusiasmarse». En muchos casos, detrás de un texto funerario hay amenazas y maldiciones para el que profane el enterramiento. Que las clases sean por la noche y que las ofrezca la mayor experta en Europa añade un poco más de misterio e interés para que el fenicio, sinónimo de avispado comerciante, siga en el 'mercado' pedagógico.

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