Alertan sobre el tsunami que amenaza a Andalucía

El mar supera todas las barreras en su avance incontenible durante el tsunami que sufrió Japón en 2011. / r. c.
El mar supera todas las barreras en su avance incontenible durante el tsunami que sufrió Japón en 2011. / r. c.

El documental 'La gran ola' advierte de que el mar arrasará algún día el Golfo de Cádiz. Los científicos reclaman medidas preventivas

Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANA

María Belón es la madre de la familia que sobrevivió a un tsunami en Tailandia en 2004 y que inspiró la película 'Lo imposible'. Ella, como su marido, como sus hijos, vivió el horror y sintió el aliento de la muerte durante esos terribles minutos en los que la ola jugó con ella. María conoce la amenaza que se cierne sobre el Golfo de Cádiz, la certeza de algunos científicos de que, pronto o tarde, un tsunami barrerá las playas del oeste de Andalucía, y no entiende la inacción de los gobiernos. «La costa andaluza son dos niños jugando en la arena con las palas pensando que nunca va a pasar nada, y sí, esa ola gigantesca ya está viniendo. No sabemos cuándo va a llegar, pero ya está viniendo y no hacemos nada», advierte la superviviente.

La denuncia se escucha en un documental del onubense Fernando Arroyo titulado 'La gran ola', una cinta que parece anunciar una historia catastrofista sin más, pero en la que interviene una sucesión de científicos, expertos sísmicos de España y Portugal, que, como María Belón, ratifican que el Algarve, Huelva y Cádiz esperan un tsunami y que puede llegar dentro de 300 años, sí, pero que es igual de probable que embista hoy mismo.

La teoría es tan simple como rotunda. «Se han repetido (los tsunamis) y se repetirán porque conozco la máxima geológica de que cada vez que hay un desastre, volverá a suceder. Y eso no lo podemos olvidar», señala María Eugenia Petit, profesora de Historia y experta en catástrofes históricas. Todos los eruditos se asombran de que los políticos miren hacia otro lado como si ellos fueran lunáticos. «Que no se tomen medidas forma parte de la negligencia, el miedo o la incompetencia», sostiene Francisco Javier Gracia, profesor de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cádiz.

A 400 kilómetros del Cabo de San Vicente hay varias fallas, como la que causó el terremoto de 1755 que destruyó Lisboa y que también impulsó un tsunami que azotó la costa de Huelva y Cádiz. Emilio Carreño, director de la Red Sísmica Nacional, también lo tiene como referencia. «Sabemos que se puede repetir. Desde el famoso terremoto de Lisboa, todos los días tenemos sacudidas. Es una zona activa, aunque no podemos saber el periodo de retorno ni cada cuánto tiempo ocurren estos tsunamis, porque no tenemos constancia de muchos otros que hayan ocurrido para establecer una pauta de comportamiento». Jorge Macías, profesor del departamento de Análisis Matemáticos de la Universidad de Málaga, lo plantea de otra forma: «Cada día que pasa es un día menos para que ocurra. Y puede ser mañana o puede ser dentro de 300 años».

El de 1755 fue el último, pero no el único. Ahí están los restos de Baelo Claudia, la antigua ciudad romana que ahora se encuentra a 22 kilómetros de Tarifa, para recordárnoslo. Los arqueólogos encontraron muros caídos y cubiertos con conchas marinas, así como las columnas tumbadas hacia tierra adentro y en paralelo, una evidencia, dicen, de que fueron arrasadas por una ola gigante a finales del siglo II.

Efectos devastadores

El gran problema de obviar estas señales, la advertencia de que cada cierto tiempo aparece un tsunami, es que no se establece un protocolo que permita salvar decenas de miles de vidas. Porque en 1755 hubo unos pocos miles de muertos, pero, como subraya Mauricio González, director del Grupo de Ingeniería de Costas del Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria, «si eso se repitiera ahora, a mediodía, se produciría una tragedia similar a la de Indonesia por el número de personas que pueden estar en la costa y con cero preparación».

Todos los expertos reclaman que se informe a la población de Huelva y Cádiz, dos provincias sin apenas protecciones naturales, y se le enseñe cómo actuar en caso de catástrofe, igual que hacen los japoneses. Nociones básicas como conocer las vías de evacuación, que no hay que coger el coche -se colapsarían las carreteras- ni acudir en busca de los hijos, sino tener establecido con ellos un punto de encuentro posterior, y buscar rápidamente un lugar elevado donde ponerse a salvo. «Es una información que les podría salvar la vida», recuerda María Belón.

La red de alerta de tsunamis de España sólo reacciona cuando la ola llega a tierra. Y eso, desde que toca el Cabo de San Vicente y a una velocidad de 800 km/h, deja un margen de reacción de apenas 45 minutos para Ayamonte, 60 para Huelva y 80 para Cádiz, una ciudad plana, muy expuesta y con sólo un par de salidas para más de 100.000 habitantes. Por añadidura, todos los expertos subrayan que 2017 no es 1755. Ahora hay mucha más población, toda la costa está construida sobre terreno arenoso, y existe hasta una refinería de petróleo en ella. «Y ya está en camino», recuerda Belón.

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