Triana y Romeo, amor entre rejas

Triana Martínez y su madre, Montserrat González, durante el juicio en febrero de 2016 en León. / EFE
Triana Martínez y su madre, Montserrat González, durante el juicio en febrero de 2016 en León. / EFE

La asesina de Isabel Carrasco formaliza su relación con un preso rumano

OLAYA SUÁREZ GIJÓN.

A Triana, sobreprotegida, hija única, buena estudiante y con una prometedora carrera profesional en el ámbito de las nuevas tecnologías, la vida le tenía preparada grandes sorpresas. La vida o sus propias decisiones, muy alejadas de las aspiraciones que manejaba durante sus años de estudiante en el colegio de la Asunción. El último golpe de efecto que ha protagonizado esta leonesa de nacimiento y gijonesa de adopción, condenada a 20 años de cárcel por matar a la presidenta de la diputación de León, Isabel Carrasco -como cómplice de su madre y de una amiga agente de la policía local-, ha sido inscriberse como pareja de hecho con un preso rumano. Le conoció durante su estancia en la cárcel de Mansilla de las Mulas, se llama Romeo Chaleru y está condenado por robo con fuerza. Miembro de una banda itinerante que durante meses mantuvo en jaque a la Policía por sus múltiples golpes.

Precisamente el padre de Triana, el inspector jefe de la Policía Nacional Pablo Martínez, mando de la Policía Judicial de la Comisaría de Gijón, tiene entre sus cometidos perseguir los delitos que ahora le imputan a su recién estrenado yerno. Dice su entorno que se encuentra hundido por el quiebro que sufrió en su camino hace ya cuatro años, cuando él era jefe de la comisaría de Astorga y su mujer e hija mataron a tiros a Isabel Carrasco, a la que consideraban un impedimento en la proyección de futuro de Triana. Urdieron un plan para vengar el supuesto freno que ejercía para que Triana pudiese acceder a un puesto laboral público en Castilla y León. «La maté por hacer un bien a la humanidad», dijo sin pestañear Montserrat González en el juicio celebrado en León en febrero de 2016. Fue condenada a 22 años de prisión por el delito de asesinato.

Los testigos y policías coincidieron en describir que había actuado «como una auténtica sicaria». En el domicilio que compartía con su hija -su marido vivía en Astorga- los agentes encontraron decenas de recortes de periódicos con la imagen de Isabel Carrasco y otros miembros del Partido Popular, una pistola con el número de bastidor borrado y numerosas balas, anotaciones con explicaciones sobre tipos de armas y posibles vendedores y, encima de la mesa del salón, una revista 'Interviú' en la que se pormenorizaban los cargos y el poder que ejercía la presidenta de la Diputación. Quería lo mejor para su hija y nadie se iba a interponer en su objetivo. Se desconoce cómo ha encajado el compromiso de su niña.

Traslado a Valladolid

Lo que sí se sabe es que a las dos condenadas las debieron trasladar de la prisión leonesa después de dos años y medio de continuos problemas con funcionarios y el resto de reos. Las constantes quejas por la comida, por la limpieza en su celda y por las condiciones que, en su opinión, no estaban a su altura hicieron que desde Instituciones Penitenciarias optasen por su traslado al centro penitenciario de Valladolid. Ellas mismas solicitaron ingresar en la cárcel de Villabona por la estrecha relación que mantienen con el Principado y por la facilidad que tendría Pablo, marido y padre de las condenadas, para visitarlas. Después del crimen de la presidenta de la Diputación el inspector jefe dejó su destino en Astorga y regresó a la Comisaría de Gijón, donde ya había estado anteriormente durante muchos años.

El cambio al penal de Villanubla supuso un importante varapalo para Triana, de 39 años, que había encontrado el amor en las actividades comunes organizadas con los reclusos de módulo de hombres. Fue entonces cuando decidieron inscribirse en el registro como pareja de hecho con el objetivo de tener derecho a los vis a vis.

Al margen de su estado sentimental, Triana y su madre parece que tampoco encuentran su sitio en la cárcel de Villanubla. Consideran que los funcionarios y la dirección del penal las tienen entre ceja y ceja. Otra nueva sensación de manía persecutoria que les acompaña desde hace años.

«Tortura psicológica»

«Estamos viviendo una auténtica tortura psicológica en este centro, donde nos mandan desde León para poder continuar su encargo. En el año que llevamos en el Centro Penitenciario de Valladolid, la dirección no nos ha dejado hacer ni una sola actividad. Llevamos un año mirando a una pared donde crece musgo», criticó duramente Triana en un comunicado remitido al Ministerio de Interior en el que añade: «No me han autorizado ni a hablar con mi pareja ni a vernos (a las demás sí y sin aportar ellas acreditación alguna, como yo sí he hecho), de hecho a él hasta le suelen presionar con que me deje cada dos días desde entonces». Alude también a unas supuestas amenazas por parte de otras internas y a que apenas pueden salir a los pasillos y las zonas comunes «por miedo a la integridad física».

Lo que está claro es que Montserrat y Triana no parecen encontrar su sitio, ni fuera en la calle -donde había un supuesto complot contra ellas- ni tampoco en las cárceles -donde según ellas todos les tienen manía y envidia-. Al menos, Triana ha encontrado a su Romeo.

Fotos

Vídeos