El sustento de Tarraco

Mirador. Uno de los cinco balcones distribuidos a lo largo del recorrido y desde los que se pueden apreciar los cortes realizados en las paredes.

En el kilómetro 237 de la AP-7, o en el 1.172 de la N-340, dos leguas al Este de Tarragona, se oculta la pedrera que alimentó los muros de la capital de Hispania Citerior

JOSEBA VÁZQUEZ

Supone una llamativa paradoja que estando literalmente pegada a dos carreteras de tráfico denso sea tan desconocida. La cantera romana de El Mèdol se oculta en una hondonada a un puñado de metros de la AP-7 y a poco más de la Nacional 340, que, entre Tarragona y Barcelona, sigue el trazado de la Vía Augusta, una de las principales calzadas de comunicación del imperio. Decenas de miles de vehículos transitan cada día por estas dos arterias que avanzan paralelas al Mediterráneo. Con respecto a la autopista, la proximidad es tal que ruta y pedrera llegan a compartir verja divisoria en un breve tramo. A poco más de medio kilómetro existe también un área de servicio, igualmente llamada El Mèdol, que, junto a su cafetería y su tienda, ofrece al viajero un modesto centro de interpretación que aporta interesantes detalles de la histórica cantera a través de un vídeo. Pues bien, aún así, al recorrer el vestigio es difícil coincidir con más de una veintena de curiosos. Tanto mejor.

La verdad es que su condición de explotación realizada en profundidad, desde la superficie hacia el subsuelo, y su cobijo entre pinares mediterráneos y demás vegetación la hacen 'invisible'. Y, sin embargo, constituye una atracción muy recomendable. Nos aguarda en el kilómetro 237 de la AP-7, que une La Junquera con Algeciras; o, si se prefiere, en el 1.172 de la N-340 (Cádiz-Barcelona). La excavación, de más de 200 metros de largo y entre 10 y 40 de ancho, ocupa una superficie de 11 hectáreas y es uno de los trece monumentos que conforman el conjunto arquitectónico de la Tarragona romana, considerado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. Es la más grande de las seis canteras que rodeaban Tarraco y de la veintena explotadas a lo largo de la actual provincia de Tarragona. Se extraía de ella la localmente conocida como soldó, piedra caliza del Mioceno de tonos que oscilan del blanco al rojizo, generalmente dorado claro, el más abundante.

Salieron de El Mèdol más de 150.000 metros cúbicos de piedra, que, desde casi 200 años antes de Cristo, sirvieron para construir los edificios más importantes de la que fue capital de Hispania Citerior, primero, y de Hispania Tarraconensis, después. La condición de colonia romana, concedida por Julio César, exigía dotar a este núcleo del esplendor que todavía hoy es perceptible en la coqueta ciudad catalana. Del recurso lapídeo de El Mèdol se alimentó el lustre de monumentos como las murallas (siglos III y II a. C.), el anfiteatro (siglo II d. C.) y el circo o el Foro (siglo I d. C.). Dentro de la monumentalización de la capital, la cantera surtió también de material para levantar esculturas, altares e inscripciones diversas. La piedra se transportaba por la Vía Augusta o por mar hasta Tarraco, distante a menos de diez kilómetros de la pedrera.

Conciertos de Pau Casals

Cinco miradores se distribuyen a lo largo del recorrido diseñado en El Mèdol. Unos cuarenta minutos son suficientes para degustar los cortes en las paredes y hacerse una idea del sistema de extracción de los sillares, aunque no está de más el paso previo por el centro de interpretación. El Clot, en la zona meridional de la explotación, es el área más conocida de la misma. En su eje, a modo de menhir, se eleva La Aguja, una columna de casi 20 metros de altura que sirve de testigo para marcar el nivel original del terreno donde se inició la excavación. La cantera fue rehabilitada hace tres años por iniciativa de la empresa concesionaria de ese y otros tramos de la autopista. En los trabajos, que contaron con amplio apoyo institucional, intervinieron arquitectos, arqueólogos, biólogos, geólogos y museógrafos.

La importancia del enclave y su peculiaridad y belleza paisajística ha llevado durante décadas a El Mèdol a numerosos visitantes ilustres, entre ellos el poeta Federico García Lorca o el político Francesc Macià, antes de que se convirtiera en el primer presidente de la Generalitat. Por su óptima acústica, la cantera fue lugar de celebración de conciertos durante la II República, alguno de ellos dirigido por el célebre Pau Casals, natural de la vecina localidad de El Vendrell.

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