Los supervivientes del moderneo en Ruzafa

Pocos son los que lo han logrado, pero todavía existen comercios tradicionales en el barrio. Su éxito se basa en hacer su labor «con cuidado, esmero y atención. Es lo único que te hace sobrevivir»

Estos son los supervivientes del moderneo en Ruzafa./Tamara Villena
Estos son los supervivientes del moderneo en Ruzafa. / Tamara Villena
TAMARA VILLENAValencia

«La actividad del día a día aquí ya prácticamente se ha perdido, quedan las ocasiones especiales», lamenta Mateo Crespo, dueño de uno de los comercios más icónicos y tradicionales del barrio de Ruzafa, El Niño Llorón. Mateo solía vender agua, leche, patatas y otros alimentos necesarios para cualquier comida diaria o capricho casual. Nadie le pedía de una vez los productos para toda la semana. No hacía falta. Sabían que El Niño Llorón estaba ahí, disponible para cualquier compra de primera o última hora, para cualquier receta improvisada o antojo. El Niño Llorón sigue estando ahí, afortunadamente, para compras espontáneas o peticiones extravagantes, con su misma oferta pero con diferente demanda. Pero ahora, las -en su mayoría- señoras que se acercaban a diario a por queso, harina, chocolate o galletas ya no bajan los seis días (laborables) de la semana, ni amenizan la espera en la cola del mostrador con otros viejos conocidos del barrio. Ahora, comparten fila con ‘guiris’, jóvenes y curiosos de otras zonas de Valencia. La clientela ha cambiado.

Y los hábitos. Las compras fuertes se hacen en el supermercado y se reservan para Mateo la adquisición de esos productos concretos y artesanos que saben que no encontrarán en otro lugar. «La gente del barrio ya no baja a comprar prácticamente, la clientela se limita a gente de fuera que viene por algo que tengo yo especial. Ahora los clientes llegan de toda Valencia por encargos concretos. Por ejemplo, si un pastelero pide que le traiga una yema líquida yo se la consigo», cuenta el comerciante. Antes vendía más productos a granel o al peso y ahora le reclaman caprichos muy especializados: «No para de entrar gente, pero cada uno quiere una cosa distinta», explica Mateo sobre cómo el nuevo ambiente del barrio repercute en su comercio.

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La especialización y mantenerse fiel a su estilo artesano y tradicional hace que, a día de hoy, Mateo siga regentando el ultramarinos más emblemático de Ruzafa. Abierto desde 1930, ha visto desde su escaparate cómo sus 'señoras' empezaban a cruzarse caminos con turistas extranjeros, artistas, jóvenes con barba, bicicletas e intentos de moño; o cómo las calles se abarrotaban de terrazas y cómo las tiendas de toda la vida se transformaban en talleres, estudios o galerías de arte. En un principio era un entorno asequible que empezó a atraer la vida bohemia y a la gente joven, combinación que propició que Ruzafa se convirtiese en la cumbre del moderneo.

Y así fue cómo la gentrificación desplegó sus alas y provocó una notable subida de los alquileres. Poco a poco, la peculiaridad de locales artesanos y originarios de la zona fue desapareciendo. Ana Torres, de Maquetas Giménez, un negocio con más de cincuenta años de experiencia en el mercado de artículos de colección, confirma que la subida de rentas ha sido clave para que muchos comercios antiguos hayan cerrado: «En esta misma calle, si te fijas, hay muchos locales vacíos porque los alquileres son muy altos. Si no son las grandes cadenas, aquí nadie se atreve a abrir nada», explica Ana sobre el cambio mercantil de la zona. «Unos cuantos comercios de los que quedaban desaparecieron cuando a finales de 2015 se produjo el cambio de contratos de arrendamiento. Entonces a muchos los tiraron, los desahuciaron, por el cambio de contrato. Y ‘fuera, a la calle’», concreta Mateo. Begoña Boronat, dependienta de otra de las excepciones del barrio en el comercio tradicional desde 1966, La Casa del Menaje, cuenta que se ha producido una transformación en la demografía de Ruzafa: «Muchísima gente de aquí ha tenido que irse porque no puede pagar los alquileres. Es una barbaridad lo que han subido», afirma.

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Claudia, del Bar Biosca, otra institución en Ruzafa con más de 95 años de historia, está de acuerdo en que «se ha ido mucha gente» por la gentrificación y añade otro factor determinante en el cambio de paisaje del barrio: la turistificación o el alquiler desmesurado de pisos turísticos: «Ahora hay mucha gente joven y también mucho extranjero, porque como la zona está de moda, corre la voz», explica Claudia. «Creo que ya hay fincas enteras alquiladas únicamente para el turismo», añade Begoña.

«Muchísima gente de aquí ha tenido que irse porque no puede pagar los alquileres» Begoña boronat | la casa del menaje

Pero el nuevo aspecto del barrio no sólo ocasiona problemas. «En mi caso es positivo porque los tengo como clientes. Sí que he notado que quien antes venía y se hacía aquí tres cervezas ahora viene y solo pide una. Para hacerse más se van a otros locales más baratos», comenta Claudia. Para aguantar ante la nueva situación han visto obligados a variar su oferta: «Nos hemos adaptado conforme ha pasado el tiempo. Antes sólo servíamos desayunos y almuerzos y ahora abrimos para las cenas. Como ahora se lleva el brunch, también hemos añadido esa opción». Ofertas adaptadas al nuevo público en contenido y forma. «A mí me llama la atención por ejemplo ir por calle Cádiz y ver cartas en inglés, eso aquí no ha pasado en la vida», cuenta Begoña.

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En el herbolario Salvador Navarro, con más de 40 años de historia, los antiguos clientes del barrio han dejado paso a «mucho turista; franceses, ingleses, alemanes... Y juventud, poco a poco», comenta su dueña, Maria Concha Lopir. Lo mismo ocurre en la Carnicería Ramón, en el Mercado de Ruzafa desde 1948, donde su propietario, Ramón del Baño, identifica nuevos interesados en sus productos: «Últimamente viene bastante más gente joven, que aprecia la calidad antes que la cantidad o los precios y valora más un buen producto, bien hecho, sano y con tradición, que algo industrial», expone el carnicero. En la Buñolería El Contraste, abierta desde 1941, Mariano Catalán también reconoce que hay más turistas que van a probar sus buñuelos, churros y chocolate caliente, pero que continúan manteniendo su público de siempre: «Tenemos una clientela fija bastante buena, de toda la vida, que siempre ha estado con nosotros».

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Aunque no todos los antiguos comercios de Ruzafa han llegado a notar este cambio de paisaje. Ejemplo de ello es Gotham Comics, una librería especializada en tebeos tras cuyo mostrador se sitúa Antonio Matamoros desde 1998: «Mi perfil de cliente sigue siendo el mismo, así que no he notado ningún cambio en la demanda. Sigo vendiendo comics y continúa viniendo el mismo tipo de lector, porque es un negocio muy especializado». Lo mismo ocurre con Maquetas Giménez, donde siguen manteniendo los compradores ‘de toda la vida’: «La mayoría ya son casi casi amigos porque llevamos muchos años y es un negocio muy específico, lo que encuentras aquí difícilmente lo vas a encontrar en una gran superficie». En La Casa del Menaje también mantienen su clientela tradicional, pero sí reconocen que un perfil más variado está comenzando a abrirse paso en su comercio: «Viene mucha gente mayor, con alguna excepción. Los más jóvenes compran por internet o miran más el precio», aclara Begoña.

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Pero en lo que todos coinciden es en el crecimiento de los negocios de restauración, en la aparición de terrazas y el aumento de la oferta de ocio de Ruzafa. Las calles del barrio comenzaron a llenarse de bares, pubs, restaurantes y cafeterías que trasnformaron el ambiente urbano de la zona y han dejado opiniones para todos los gustos.

«Los locales que se están abriendo en Ruzafa tienen su propia personalidad» Antonio matamoros | gotham comics

«En Ruzafa, de haber solo un restaurante por manzana ha pasado a haber ocho o nueve, y de ellos tres o cuatro son franquicias -explica Mariano-. El barrio ha cambiado bastante, pero ahora hay mucha gente y mucho ambiente. Antes había mucha inseguridad y últimamente es una zona segura con otro tipo de gente, más joven. El barrio ha mejorado mucho en calidad y limpieza», asegura el buñuelero. Julio Berzosa regenta junto a su padre la Sastrería J.J.Berzosa, otro de los pocos comercios tradicionales que quedan en el barrio, abierta más de 40 años. Para él, el nuevo público del barrio también es positivo para la zona: «La gente que ha venido a mí me encanta, porque Ruzafa es ahora el espacio más multicultural que he visto en mucho tiempo. La convivencia es fantástica», comenta el sastre. Matamoros destaca la pluralidad de comercios que se puede encontrar ahora en el área: «Los locales que se están abriendo en Ruzafa tienen su propia personalidad, su propio mercado -explica- y el que intenta acercarse copiando otros desaparece en muy poquito tiempo. No se están abriendo solamente ‘garitos’, tenemos tiendas de ropa, librerías, tiendas de discos… Si no hay esa variedad se acaba quemando la zona», afirma el experto en cómics.

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Desde el Horno Vicente García y con más de 30 años vendiendo en el barrio, el propio Vicente reconoce que «el barrio ha cambiado ‘mogollón’», pero para él, también a mejor: «Antes de la calle Sueca no podías pasar porque era eso la 'jungla', ahora da gusto pasear por las tardes, porque hay ambientazo de restaurantes, bares, tiendecitas de ropa, cosas vintage…» asegura.

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Pero no para todos vivir en Ruzafa es tan idílico como parece en las redes sociales. «Se han peatonalizado algunas calles y eso ha fomentado que surjan tantas terrazas y venga tanta gente», comenta Jose Luiz López, cuya familia lleva más de sesenta años en la Relojería Ruzafa. El ruido y barullo constante hacen bastante difícil la convicencia de algunos vecinos de la zona. «Reconozco que se me están yendo muchos clientes por los ruidos, porque no pueden dormir ni descansar. Es la mayor pega que le veo», detalla María Concha, de Salvador Navarro. Sin ir más lejos, algo que probablemente no vieras en Instagram pero que aquí ya contamos, los vecinos del barrio se han congregado en varias ocasiones para conseguir que Ruzafa sea declarada Zona Acústicamente Saturada (ZAS) por el ruido de estos locales, que ha provocado que familias y vecinos abandonen sus viviendas para desplazarse a otros lugares más tranquilos.

«Se me están yendo muchos clientes por los ruidos, porque no pueden dormir ni descansar» María concha lompir | herbolario salvador navarro

«Hay muchos pequeños comercios que ya no encuentras, que desaparecen porque no se sostienen», cuenta Begoña, algo con lo que Mateo coincide: «Tiendas así ya no hay, a medida que vamos cerrando ya no se van sustituyendo. Y es una pena».

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