Sobre este tubo edificaré mi iglesia

La hermana Ann Biskan realiza un oficio religioso en la iglesia improvisada por las Adoradoras en Lancaster, Estados Unidos. / getty imagesLa hermana A. Wurth en plena charla. :: L. A. P.
La hermana Ann Biskan realiza un oficio religioso en la iglesia improvisada por las Adoradoras en Lancaster, Estados Unidos. / getty imagesLa hermana A. Wurth en plena charla. :: L. A. P.

Veinte monjas logran paralizarun gaseoducto en EE UU tras declarar como lugar de culto un trozo de tierra. Las Adoradoras de la Sangre de Cristo aplican su 'Ética de la Tierra' a su fe

ANTONIO CORBILLÓN

Coraje, compasión y compromiso. Son las tres 'c' con las que las hermanas Adoradoras de la Sangre de Cristo conjugan su particular visión del cristianismo. Las 2.000 monjas que profesan esta orden repartidas por el mundo han hecho de la protección del medio ambiente y del activismo social parte de su misión. La primera y la tercera de estas reglas les están permitiendo traer en jaque a una multinacional petrolera norteamericana a la que han logrado bloquear un proyecto de gaseoducto.

Les han bastado ocho rudimentarios bancos de madera, un cenador y un púlpito. Todo ello cedido gratis por Jon Telesco, un artesano que les apoya. Ocupan un pequeño desbroce en los extensos campos de maíz de Lancaster (Pensilvania, Estados Unidos). El 9 de julio, más de 500 personas asistieron a la consagración de este modesto espacio como iglesia. Y, desde entonces, creyentes de otras confesiones se acercan a la iglesia más modesta que imaginarse pueda para orar con ellas.

Todo empezó cuando un apoderado de la firma Williams Partners se presentó por allí para tratar de negociar con las monjas sobre el terrenito en el que que viven veinte de sus integrantes. Les contó que por debajo debía pasar la Atlantic Sunrise, la gran tubería de 250 kilómetros que conectará el norte con los mercados del Golfo de México y la Costa Este. Por el ingenio correrá el gas de esquisto obtenido gracias al polémico fracking.

«Los combustibles fósiles no son sostenibles», razonan las monjas

«Esto va en contra de todo lo que creemos. Creemos en el sustento de toda la creación», le respondió la hermana Linda Fischer. A sus 74 años, la monja de pelo blanco sabe lo que es pelear contra las multinacionales. Lo ha hecho en Brasil y en Guatemala, defendiendo a las tribus indígenas contra los 'tiburones' del desarrollismo. Una lucha que han depurado en otros lugares del planeta y que llevó a la orden a elaborar en 2005 sus principios de justicia ecológica. Ellas lo llaman «Ética de la Tierra».

Ninguno de los argumentos desplegados por Williams Partners convenció a las religiosas. Ni su oferta de minimizar el impacto, ni el compromiso de pagar por la servidumbre de levantar las tierras, enterrar el tubo y devolver los campos del cinturón de maíz a su estado original. «Los combustibles fósiles son peligrosos para el medio ambiente. No son sostenibles».

La ley federal permite a las empresas el derecho a apoderarse de propiedades a través de lo que llaman 'dominio eminente'. Sólo necesitan que la Comisión Federal Reguladora de la Energía les dé un permiso que confirme el valor del yacimiento. Williams lo logró.

Iluminadas por Dios

La cosa pintaba mal para las monjas. Su lucha había generado una corriente de apoyo que se ha canalizado en el Lancaster Against Pipeline (Lancaster contra el Oleoducto). El condado de Lancaster se encuentra en el 'país de los Amish', movimiento ultrarreligioso que considera el desarrollo tecnológico una invención del maligno.

Durante un almuerzo colectivo en la residencia de las monjas surgió la inspiración divina. ¿Y si creamos una capilla en el lugar del conflicto? Sus letrados creen haber encontrado una «zona oscura» en la ley de Libertad Religiosa que podría ampararlas. «Hay algo en este caso de 'tierra santa'. No ha habido muchos casos de apelación y será un tema realmente nuevo», explicó al 'Washington Post' el abogado experto en litigios religiosos de uso de tierra Dan Dalton.

Durante este mes, la compañía petrolera corrió a los tribunales para reclamar la toma de la tierra por la vía de urgencia y parar la consagración del lugar. Llegaron tarde. Su siguiente paso ha sido reclamar a un juez de la Corte de Distrito que les permita ocupar la tierra de forma urgente. Está en juego una inversión de 3.000 millones de dólares (unos 2.600 millones de euros) y la posibilidad de cubrir las necesidades diarias de siete millones de hogares.

«No se trata de dinero, se trata de principios y las monjas tienen una Ética de la Tierra que dice que esta tierra es un santuario y la consideramos sagrada. Y vamos a trabajar para protegerla», resumió ante el canal CNN el portavoz del grupo de apoyo, Mark Clatterbuck. Toda la región está a la espera de la decisión judicial. Hacen vigilias y misas en espera del fallo, aunque el asunto podría zanjarse en la Corte Suprema de EE UU.

En su última misa, la hermana Klostermann leyó un texto de la encíclica ambiental ('Laudato Si') de Francisco I: «Vivir nuestra vocación de ser protectores de la obra de Dios es esencial para una vida de virtud. No es un aspecto opcional de la experiencia cristiana».

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