Las Provincias

Las ciudades de mañana cuidarán la salud

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Canal Nyhavn , en Copenhague. / Teis Hald Jensen (Reuters) I R.C.

  • Proponen ante la ONU ocho medidas urbanísticas para frenar enfermedades, accidentes y la polución

Hoy, la mitad de la humanidad vive en ciudades. En pocas décadas se estima que acogerán a tres de cada cuatro personas. Más que toda la población actual. Van a crecer mucho y, según una serie de estudios que publicó ayer la revista 'The Lancet', cómo se haga este desarrollo marcará a fuego la salud de sus habitantes y su calidad de vida. Estos trabajos, que se presentaron también ante la Asamblea General de la ONU, proponen ocho medidas generales que pueden ayudar a reducir la polución, fomentar la movilidad activa, mejorar la seguridad, evitar accidentes de tráfico y, además, luchar contra el cambio climático.

«Se estima que la población mundial llegará a los 10.000 millones en 2050, y que tres cuartas partes vivirán en ciudades, por lo que una buena planificación urbanística es una herramienta clave para poner coto a los peligros para la salud que estas suelen traer consigo», afirmó Billie Giles-Corti, investigador de la Universidad de Melbourne y coautor del trabajo. «La planificación urbanística fue clave en el siglo XIX para luchar contra las epidemias separando las zonas urbanas e industriales o incorporando el alcantarillado. Hoy estamos ante la oportunidad de planificar un desarrollo que evite la proliferación de enfermedades no transmisibles y los accidentes de tráfico, y además fomentar la salud y el bienestar para todos».

En las ciudades hay más trabajo y más servicios, pero también más riesgos para la salud. La polución del aire provoca muertes prematuras por enfermedades respiratorias, el tráfico causa accidentes y la vida sedentaria eleva el riesgo de diabetes y fallo cardiovascular. ¿Se pueden afrontar todos estos retos a la vez? Los autores del trabajo creen que sí. «Hemos llegado a la conclusión de que concentrarse en una infraestructura que fomente caminar y circular en bici es fundamental, pero insuficiente», afirmó Giles-Corti. «Para crear ciudades que promuevan una mejor salud hay que impulsar políticas desde muchos ámbitos como el uso del suelo, la vivienda, el desarrollo económico, el diseño urbano, los servicios comunitarios o la seguridad».

Para dar respuesta a todos estos retos, los investigadores han diseñado ocho medidas que impulsarían un modelo de ciudad más sana. Estas incluyen estrategias como lograr que el viaje al trabajo en transporte público no supere los 30 minutos, intercalar lugares de trabajo, zonas de ocio y de viviendas por todas partes, aumentar el precio de aparcar para desincentivar el uso del coche privado, crear una red que permita viajar con seguridad en bici o a pie, ampliar las paradas del transporte público y tomar medidas para mejorar la seguridad de los barrios.

Crearon un modelo para ver qué efectos tendrían estas medidas sobre la salud de los habitantes de seis ciudades: Londres, Melbourne, Sao Paulo, Copenhague, Boston y Nueva Delhi. En todos los casos, sus números dicen que habría mejoras considerables en la salud. Caería especialmente el riesgo de muerte prematura por problemas cardíacos. Además, todas verían aumentos en la actividad física de sus ciudadanos y un descenso importante de la polución.

Según sus datos, una ciudad como Melbourne reduciría en casi un 20% el riesgo adicional de fallo cardíaco con el que cuentan en la actualidad, y en casi un 15% el de sufrir diabetes. En Londres, una de las urbes más grandes, congestionadas y pobladas de Europa, los descensos son algo inferiores -del 13% y el 7%, respectivamente-. En Copenhague los avances serían menores, sobre todo porque ya es una ciudad que implementa buena parte de estas medidas.

Sin embargo, los autores reconocen que no todo en su modelo es positivo. Si no se toman medidas adicionales para garantizar la seguridad de peatones y ciclistas -básicamente, separarlos del tráfico motorizado-, un aumento de estos como el que predicen que ocurriría de aplicarse las medidas que proponen supondría un aumento, leve, del número de fallecidos por atropellos.

«Las políticas urbanísticas pueden afectar a la salud, tanto positiva como negativamente. Por desgracia, muchos líderes municipales de todo el mundo no están aplicando las lecciones que se extraen de la investigación para hacer urbes tan saludables como sea posible», recalcó James Sallis, coautor del trabajo e investigador de la Universidad de San Diego. «Debería ser un incentivo para ellos que diseñar ciudades pensando en la salud y el transporte activo, en vez de en la dependencia del automóvil, también hace que las ciudades sean más sostenibles medioambientalmente, y ayuda a que cumplan los Objetivos de Desarrollo Sostenible».