El ruso celestial

Yuri Gagarin, en la minúscula cápsula en la que fue lanzado al espacio exterior el 12 de abril de 1961. A su regreso era un héroe. / r. c.
Yuri Gagarin, en la minúscula cápsula en la que fue lanzado al espacio exterior el 12 de abril de 1961. A su regreso era un héroe. / r. c.

Hace 50 años murió Yuri Gagarin, el primer humano en orbitar alrededor de la Tierra. Nunca regresó al espacio, su mayor anhelo. «Era un instrumento político valioso y el Soviet no quería correr riesgos»

ICÍAR OCHOA DE OLANO

La vista de la Tierra desde una altitud de 300 kilómetros es muy nítida. Se distinguen perfectamente las grandes cadenas montañosas, los grandes ríos, las grandes áreas boscosas, las líneas de costa, las islas y también la sombra de las nubes proyectada sobre su superficie. El color del cielo es completamente negro y, sobre ese fondo, las estrellas parecen más brillantes y claras. Nuestro planeta tiene un hermoso aura azul claro. Desde la línea del horizonte el cielo se funde en un azul profundo; luego, azul oscuro; después, violeta y, finalmente, un negro intenso».

Yuri Gagarin describió de esta manera a la Humanidad la visión de nuestro mundo desde una perspectiva hasta entonces inédita. Lo hizo en una conferencia de prensa cuatro días después de su glorioso regreso del espacio exterior. El 12 de abril de 1961, este piloto de caza de 27 años y 157 centímetros de estatura, hijo de unos humildes campesinos de la Rusia occidental, se convirtió en el primer ser humano en cruzar la estratosfera y volver para contarlo. Para ello, se introdujo en una cápsula de 4,4 metros por apenas 2,5 para ser lanzado fuera de la atmósfera con la misión de completar una órbita alrededor de la Tierra. Su histórica expedición a bordo del 'Voltok 1' duró 108 minutos que anotaron otro hito a favor de la Unión Soviética en la disputada carrera espacial -cuatro años antes había puesto en órbita el primer satélite espacial, el 'Sputnik 1', y luego al primer ser vivo, la perrita Laika- y que cambiaban para siempre nuestra concepción del universo y nuestro lugar en él.

Durante el vuelo, pilotado desde la base soviética, Gagarin ingirió alimentos mediante unos tubos de compresión y mantuvo la comunicación con la Tierra a través de una radio de alta frecuencia y de una tecla de telégrafo. La tensión en el campo de pruebas de Tyuratam, en Kazajistán (ahora el cosmódromo de Baikonur), desde donde tuvo lugar el lanzamiento, era máxima. «Nadie sabía qué efecto tendría la ingravidez sobre él. Estaban muy preocupados por si se podría quedar desorientado o, incluso, incapacitado», contaría tiempo después Reginald Turnill, corresponsal aeroespacial de la BBC en aquellos años. Por si se perdía el control desde la Tierra, el cosmonauta recibió un sobre sellado que contenía códigos que le permitían pilotar de la nave con la ayuda de una tosca computadora de a bordo. No lo tuvo que utilizar.

Todo marchó bien hasta que, de regreso a casa, cruzó la atmósfera de vuelta a tierra y la temperatura en la cápsula se disparó hasta convertirla en una nube de fuego. Tras diez angustiosos minutos en los que Gagarin luchó para no perder el conocimiento, el módulo de descenso que le alojaba se liberó y poco después lograba salir disparado de la nave antes de que se estrellara contra el suelo, y abrir el paracaídas con el que aterrizó sano y salvo cerca del río Volga.

«Determinado y leal»

«Me gustaría volver un poco más al espacio. Me apasiona volar. Mi mayor deseo ahora es volar hacia Venus o hacia Marte», dijo en aquella conferencia ante los medios cuatro días después de su hazaña cósmica. No se lo permitieron. «Convertido en una celebridad mundial, los soviéticos le utilizaron para apaciguar el escenario mundial y tender puentes. De hecho, le mandaron de gira para reunirse con los líderes mundiales. Era un valioso instrumento de propaganda política. No querían arriesgarse a perder a su héroe en otra misión espacial peligrosa», cuenta a este periódico la escritora e ilustradora británica Vix Southgate, autora de 'The first spaceman' (El primer hombre del espacio), una biografía de Yuri Gagarin para niños.

El destino se mostró aún más implacable. El 27 de marzo de 1968, con solo 34 años, perdía la vida durante un vuelo rutinario de entrenamiento cuando su caza, un MiG-15UTI, se estrelló con él y otro militar a bordo. Las causas nunca se esclarecieron. «La historia de Gagarin está hecha de determinación, lealtad y pasión. Sigue siendo una fuente de inspiración», destaca Southgate. Las cenizas del ruso celestial descansan desde entonces en la muralla del Kremlin. En su honor, un cráter lunar y el asteroide 1772 llevan su nombre.

Veintiséis meses después de la odisea espacial de Gagarin, la rusa Valentina Tereshkova, una civil a la que le apasionaba el paracaidismo, se convertía en la primera mujer cosmonauta al ser elegida para liderar, en solitario, la misión Vostok 6. Del 16 al 19 de junio de 1963, completó 48 órbitas a la Tierra. Al igual que su camarada, nunca regresaría al espacio. A cambio, se doctoró como ingeniera espacial y ocupó diversos cargos políticos hasta llegar al comité central del Partido Comunista de la Unión Soviética. 'Starwoman' acaba de cumplir 81 años.

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