Rusia, a la caza

El principal salón aeroespacial del país acredita el potencial de su industria de combate, con el letal MiG-35 y el 'invisible' T-50. Los aparatos de guerra rusos vuelan alto, pero su aviación comercial está aún muy por debajo de Boeing y Airbus

RAFAEL M. MAÑUECO

El mundo acaba de ver por primera vez en vuelo un prototipo del nuevo caza ruso MiG-35. Fue en el aeródromo de Zhukovski, localidad situada en la periferia sureste de Moscú, que acogió entre los días 18 y 23 de julio el XIII Salón Aeroespacial Internacional (MAKS). Aunque sus organizadores lo encuadran como una feria de ámbito global, admiten que todavía está lejos de alcanzar el nivel de salones como el de La Bourget de París o el de Farnborough, en el Reino Unido. El presidente ruso, Vladímir Putin, no defraudó en la inauguración al jactarse de que «mantenemos una fuerte posición en el sector de la construcción aeroespacial». Según sus palabras, «la aviación y la conquista del espacio forman parte de la cultura colectiva de los rusos (...) nos enorgullecemos de ello».

Las principales novedades presentadas durante el certamen fueron los aviones de guerra T-50 y MiG-35. El primero, construido por el consorcio Sujói, es el último grito de la aviación rusa, un caza de quinta generación destinado a reemplazar a los actuales Su-27, actualmente en servicio. El T-50 efectuó un simulacro de combate ante una selecta audiencia: autoridades, especialistas, empresarios y personas vinculadas al mundo de la aeronáutica. En un momento de la exhibición, el aparato frenó su vuelo y quedó literalmente suspendido en el aire, consiguiendo así ponerse detrás del avión que desempeñaba el papel de enemigo al acecho. La maniobra, que de forma similar pueden ejecutar otros cazas rusos, dejó atónitos a muchos asistentes.

La enorme maniobrabilidad no es su único valor. El T-50, con un coste cercano a los cien millones de euros por unidad, es prácticamente invisible para la mayoría de los sistemas de detección. El comandante en jefe de la Fuerza Aérea, el general Víctor Bóndarev, anunció que el avión empezará a entrar en servicio en las escuadrillas bajo su mando a partir de 2019.

La otra 'perla' del salón, el MiG-35, constituye la cuarta generación de una saga mítica. Aunque menos evolucionado que el anterior, llamó más la atención porque era la primera vez que se le veía en acción. Más ligero y versátil que el T-50, es también capaz de burlar los radares y destaca por su poderío armamentístico. Puede portar diversos tipos de munición, hasta un máximo de siete toneladas. En batalla, es capaz de atacar simultáneamente treinta objetivos a una distancia de 160 kilómetros. Letal.

El aparato que hizo su primer vuelo público en el aeródromo civil de Zhukovski mejora notablemente las capacidades del MiG-29, uno de los aviones más utilizados por la Fuerza Aérea rusa, que ahora los mantiene operativos en Siria. El MiG-35 no empezará a ser fabricado en serie hasta dentro de unos dos años y no han trascendido cifras, ni siquiera oficiosas, sobre su precio. El director general de MiG, Iliá Tarásenko, se limitó a declarar que tendrá un coste «razonable y competitivo (...) un 25% más barato que el equivalente que ofrecen los competidores». Dijo también que ya hay «una treintena de países interesados» por este caza, aunque algunos expertos vaticinan que, fuera de la órbita de la OTAN, los dos únicos con capacidad económica real para adquirirlo son China e India.

Segundo exportador mundial

Aviones y helicópteros militares fueron los aparatos que más atracción suscitaron entre los invitados internacionales, especialmente porque la intervención militar en Siria ha puesto de actualidad el armamento ruso. La potencia eslava sigue siendo el segundo exportador mundial de armas, sólo por detrás de Estados Unidos, pero lo cierto es que no se firmó ningún contrato de compra del T-50 o del MiG-35. Sí de otros aviones, como el Su-30, el Su-35 o helicópteros como el Mi-28NE, el Ka-52 y el Mi-17. Y, claro, China fue el principal comprador. Los iraníes se decantaron más por los misiles S-300. Las limitaciones que las sanciones imponen a la hora de acceder a las altas tecnologías desarrolladas por firmas occidentales, a juicio del director del Servicio Federal de Cooperación Técnico-Militar de Rusia, Dmitri Shugáyev, «no están teniendo influencia negativa a la hora de firmar contratos, ya que todos los materiales y repuestos son de fabricación rusa».

En la vertiente de la aviación comercial, el avión de pasajeros más requerido, pese a que su prototipo no estuvo presente físicamente durante la muestra, fue el MS-21, actualmente en fase de experimentación en Irkutsk, ciudad donde se residencia la factoría. Lo ha desarrollado la corporación Irkut y es un aparato con capacidad para unos 200 pasajeros y concebido para vuelos cortos y medios. Su fabricación en serie está prevista a partir de 2020 y, aunque el viceprimer ministro ruso, Dmitri Rogozin, había anunciado expectativas de un destacado volumen de ventas, el único contrato tangible de compra lo firmó la compañía rusa Red Wings, por 16 unidades. Otras líneas aéreas nacionales, Aeroflot incluida, firmaron convenios marco para vuelos domésticos. Sus constructores definen al MS-21 como «el avión de pasajeros del siglo XXI», por su sofisticado equipamiento.

También se abre paso con dificultad en el mundo de la aviación civil el Sujói Superjet-100. Su presencia en el aeródromo Zhukovski sólo le ha deparado contratos de palabra. Trascendió el compromiso de adquisición de veinte unidades en régimen de 'leasing' por parte de Aeroflot, la aerolínea más importante del país, que, curiosamente, tiene la mayor parte de su flota constituida por aparatos Airbus europeos y Boeing americanos. Hasta ahora, se había resistido a dotarse del Sujói Superjet-100. El SSJ-100 tampoco consigue despegar en ventas en el extranjero. Indonesia, Armenia, China y Kazajstán son los únicos países que se han decidido a incorporarlo a sus banderas, mientras México lo está estudiando. Interés han mostrado también algunas compañías europeas como Ryanair, pero primero deberá obtener los correspondientes certificados de la Unión Europea.

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