Al ritmo de los arrozales

La Devesa del Saler y la carretera CV-500.
La Devesa del Saler y la carretera CV-500. / Irene Marsilla
Carreteras secundarias: Valencia-Cullera

La CV-500 atraviesa el Parque Natural de La Albufera entre dos aguas: la laguna donde se aparean garzas y flamencos y el bosque que da al Mediterráneo

Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANA

Parece increíble que a sólo diez kilómetros de Valencia, la tercera capital de España, uno pueda estar en un Parque Natural, atravesando un túnel de pinos y viendo a un lado La Albufera, la hermosa laguna que evoca irremediablemente al 'Cañas y barro' de Blasco Ibáñez. La CV-500 no debería existir, pero existe, así que conviene disfrutarla con moderación: es una de las vías de España con una mortandad animal más elevada porque después del tramo que atraviesa el paraje protegido, La Devesa y su fastuoso bosque mediterráneo, constreñido entre el mar y La Albufera, llega El Perelló y su barrera de torres de apartamentos frente a la playa, así que el tráfico es intenso, especialmente en primavera y verano.

El paisaje cambia en cada estación por los ciclos de la cosecha del arroz. En otoño los campos están rasos y secos hasta que el 1 de noviembre llega la 'perellonà' y se anegan los campos. Esta inundación, que arrasa caminos y acequias, permite a la laguna recuperar el perímetro de sus tiempos de esplendor, como a finales del siglo XVIII. La imagen de postal se mantendrá durante tres meses adornada por el vuelo de numerosas aves: gaviotas, garzas, cormoranes, flamencos...

En febrero se desaguan los arrozales y entran los tractores para iniciar el fangueo. Roturan la tierra, todavía humeda, y emergen cangrejos, lombrices y otros bichos, un manjar para las aves que revolotean detrás de los tractores hasta componer una de las estampas más pintorescas del parque.

Una vez está la tierra preparada, a principios de mayo, comienza la siembra del arroz, que se realiza a voleo después de haber irrigado los campos. No tardará en despuntar la planta para teñir de verde la vista. Y en cuanto empieza a espigar se incorpora el tono dorado y un olor inconfundible. Entre septiembre y octubre se cosecha y vuelta a empezar.

Alrededor de estos campos, como no podría ser de otra forma, hay infinidad de arrocerías y en el Palmar, la isla de pescadores, Albufera adentro, hacia la que es posible desviarse en unos minutos, también se puede disfrutar del 'All i pebre', otro guiso típico de la zona a base de anguila y patatas. Ya en el embarcadero de El Saler lleva años cocinando su célebre arroz en 'fesols i naps' (con judías y nabos) Casa Carmina, uno de los clásicos. Menos conocido, un secreto de los lugareños, es Restaurante Leo, con excelente pescado fresco a precios asequibles.

Desde el Palmar también se puede dar un entretenido paseo en barca para conocer La Albufera en profundidad.

La Ruta del Bakalao

La CV-500 se estira al lado de la Devesa, donde se apelotonan pinos y arbustos antes de alcanzar la playa a través de las dunas. Es un área donde la movilización ciudadana impidió que el cemento arrasara con todo. Ahora solo hay unos pocos apartamentos y un hotel abandonado que no resistió la crisis. Pero la recuperación del ecosistema, con la restauración dunar, se tiene por modélica.

Más adelante está el Parador Nacional y un hermoso campo de golf con 18 hoyos dentro de este bosque mediterráneo. Pasada la gola del Perellonet, una de las salidas al mar de La Albufera, llegan los apartamentos y al principio de esta larga recta, en el arcén, se encuentran algunos puestos de venta de verdura para turistas donde es posible encontrar el afamado tomate del Perelló.

Estamos en plena Ruta del Bakalao, de la que ya solo se conservan los esqueletos de las discotecas que atrajeron a jóvenes no solo de Valencia sino de toda España para vivir la noche hasta bien entrado el día. La carretera se dirige a Sueca, pero un desvío permite avanzar hacia Cullera, uno de los puntales del turismo en el litoral valenciano. Antes de llegar hay que pasar por el Mareny y allí llega al olfato el olor de los productos que salen del Horno Beata Inés, un negocio dirigido, a pesar de su nombre, a los pecadores del azúcar. Los clientes se arraciman en busca de las tradicionales tortas de tomate, pero también de todas las modalidades de bollos cubiertos o rellenos de chocolate.

Puntos de interés

Autocine Star. Un recuerdo de otros tiempos. Carrera del Riu, 407.

Restaurante Leo. Un bar alejado del bullicio con precios asequibles. Anguilera, 4. El Saler.

Tomate del Perelló. Al borde de la carretera, frente a los apartamentos del Perelló, tomates recién cogidos.

Horno Beata Inés. Un rincón para pecadores del azúcar. Mareny de Sant Llorenç.

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