Rehenes de sus padres

Rehenes de sus padres

David y Louise Turpin tenían a sus trece hijos famélicos y encadenadosen su casa de California. La policía acusa al matrimonio de secuestro y torturas

ANTONIO PANIAGUA

Permanecían encadenados, olían mal y su aspecto demacrado evocaba al de las víctimas de las hambrunas. Los agentes que hicieron el descubrimiento se encontraron con trece hermanos -diez chicas y tres varones- desnutridos y sucios en un chalé de Perris, a 120 kilómetros al sureste de Los Ángeles, en California. Los había de todas las edades, desde los dos a los 29 años. Todos son hijos del matrimonio formado por David Allen Turpin, de 57 años, y Louise Anna Turpin, de 49. Una de las chicas, de 17 años pero que aparentaba mucho menos por su fisonomía raquítica, logró escapar y llamar con un teléfono móvil a los servicios de emergencias.

El hallazgo se produjo el domingo por la mañana y se ha conocido un día después, gracias a que el sheriff del condado de Riverside hizo pública una nota de prensa en la que informaba del suceso. Nada más traspasar el umbral de la vivienda, la Policía se dio de bruces con un hedor penetrante y una escena de pesadilla. Pese a la oscuridad, los agentes adivinaron la silueta de niños amarrados a la cama con candados y cadenas.

Los padres balbucieron pretextos vagos y «no pudieron dar una explicación razonable de por qué estaban inmovilizados de esa manera», dice la Policía. Al principio los agentes creían que todos eran niños, hasta que se dieron cuenta de que siete de ellos eran en realidad adultos, entre los 18 y los 29 años. Su estampa era lamentable: asustados, con el pijama moteado de manchas, pedían algo que echarse a la boca. Los servicios sociales, que han abierto una investigación sobre el asunto, se preocuparon de que la prole de los Turpin recibiera comida y atención médica en el hospital.

Los padres, a quienes el juez ha impuesto una fianza de 9 millones de dólares para cada uno, se enfrentan a cargos de secuestro, torturas y poner en riesgo la vida de su progenie.

David y Louise llevaban una existencia discreta cuyos horrores pasaron desapercibidos a los vecinos. Ahora se percatan de que la pinta demudada de los críos daba que pensar. Kimberly Milligan, residente en la urbanización, aseguró al diario 'Los Angeles Times' que los chicos tenían «la mirada de aquellos que quieren volverse invisibles». Nunca salían a jugar a la calle, aunque por su número podían formar de sobra dos equipos de baloncesto. «Me decía a mí misma que recibían clases a domicilio. Sentíamos que había algo raro pero no queríamos pensar mal de la gente», señala Milligan.

Colegio privado

David Turpin había fundado en 2011 un colegio privado, el Sandcastle Day School, cuya sede era su propio domicilio, en el que residía el matrimonio desde hace siete años. La escuela decía contar con seis alumnos de edades comprendidas entre los 10 y 18 años.

Pese a tanto sigilo y secreto -la furgoneta de la familia tenía los cristales tintados-, los Turpin publicaron un buen número de fotos en Facebook entre 2011 y 2016. Las escenas son variopintas. En una de las imágenes, que parece corresponder a una de esas bodas horteras que se celebran en Las Vegas, Louise Turpin luce un vestido de novia blanco, mientras que su marido lleva un traje negro y pajarita. Ambos están flanqueados por todos sus hijos: ellas, con un vestido rosa y estampado escocés, y ellos con terno y corbata roja. En una esquina, un imitador de Elvis Preley -tupé, patillas y micrófono en ristre- ameniza la ceremonia.

El mismo año en que se inauguró la escuela, los Turpin se declararon en bancarrota. No en vano, habían acumulado unas deudas que oscilaban entre los 100.000 y los 500.000 dólares. El matrimonio lo mismo se dedicaba a las armas que a la docencia. El cabeza de familia había trabajado como ingeniero con el contratista de Defensa Northrop Grumman, quien le pagaba al año un salario de 140.000 dólares. En ese ambiente de clase media, en una calle sin salida, crecieron los hijos. La casa familiar a veces desentonaba por el jardín, donde afloraban las malas hierbas y las latas de basura.

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