Todavía quedan héroes

Condecoración. Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, galardón que el Gobierno ha concedido a Ignacio Echeverría por el valor que demostró durante el ataque terrorista en Londres.

No está muy claro qué lleva a una persona a arriesgar su vida por otros. Ellos tampoco lo saben | Ignacio Echeverría se enfrentó en Londres a un terrorista y murió apuñalado. Era joven, tenía toda la vida por delante, pero no dudó en lanzarse a defender a una mujer y un policía. No todos lo hacen. Hay que tener madera, como los que siguen...

JAVIER GUILLENEA

Es una especie de chispazo que recorre el cerebro de forma instantánea, es algo en apariencia ilógico que desafía las leyes de la naturaleza y que incluso va en contra de la propia evolución. Ignacio Echeverría no lo pensó, no tuvo tiempo para hacerlo. En un segundo, su cerebro segregó una descarga de dopamina, activó circuitos neuronales que permanecían en reposo y dio la orden de actuar.

Armado con un monopatín, Ignacio se abalanzó contra los terroristas que el pasado día 3 sembraban el caos en las calles de Londres dispuesto a enfrentarse a ellos. Trató de socorrer a una mujer y a un policía que estaban siendo acuchillados por los yihadistas, pero la lucha era demasiado desigual. Murió de una puñalada en la espalda. Se convirtió así en un héroe. Aunque a título póstumo.

A Ignacio Echeverría le han llovido desde entonces los homenajes y los elogios. El Gobierno le ha concedido la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, el instituto de Las Rozas donde estudió el ‘héroe del monopatín’ llevará su nombre para que nadie olvide lo que hizo y la Comunidad de Madrid está estudiando concederle una medalla. La sociedad es generosa con sus héroes, sobre todo al principio.

Esa especie de cortocircuito en el cerebro, el chispazo, es lo que impulsa a una persona a arriesgar su vida para salvar las de los demás cuando nadie le obliga a hacerlo. Los héroes suelen ser individuos que surgen de entre otros individuos que permanecen estáticos, indecisos o temerosos en situaciones de estrés agudo. En un instante cruzan sin darse cuenta la delgada frontera que limita la locura de la heroicidad. Son seres a los que llaman locos cuando se lanzan al agua para salvar a cinco niños en apuros, pero si regresan victoriosos son recibidos como héroes. A veces, como en el caso de Ignacio Echevarría, el precio es la muerte.

Si se trata de salvar a un hijo es fácil de explicar. «Es completamente comprensible porque el impulso de perpetuación de tu prole anula el propio instinto de supervivencia», afirma César San Juan, profesor de Psicología Criminal de la Universidad del País Vasco. Lo que es más complicado de entender es qué le lleva a una persona a poner en peligro su vida por un desconocido. «Así como el psicópata se caracteriza por una total falta de empatía, el héroe siente como propio ese momento en que un desconocido está atrapado en un coche en llamas o se ha caído a las vías del metro. El héroe se lanza», asegura César San Juan. Para el neurólogo Gurutz Linazasoro, esta es una actitud que, «en principio, va en contra de la biología, del objetivo de cualquier especie de garantizar la transmisión de los genes».

Como criminólogo, César San Juan ha analizado con detenimiento la maldad extrema, que estaría encarnada en la figura del psicópata. El mal y sus mecanismos se conocen mejor que el bien. «Para explicar el comportamiento de individuos sin sentimientos, incapaces de ponerse en el lugar de los demás, transgresores de las normas, depredadores en su entorno de trabajo o familiar, existen muchas teorías psicológicas que lo aclaran. Pero los individuos capaces de comprometer su integridad física e incluso su vida por ayudar a un desconocido han sido menos estudiados».

Gurutz Linazasoro recuerda que hay teorías que dicen que «los actos altruistas no son desinteresados, porque detrás de ellos se busca la ganancia del reconocimiento social». Pero también hay quien afirma que el altruismo es recíproco, una forma de decir «hoy por ti, mañana por mí». Desde este punto de vista, ser un héroe es una manera de asegurarse la supervivencia cuando vengan los malos tiempos. «El altruismo es una de las contradicciones biológicas más grandes que existen, pero al final ayuda al objetivo de sobrevivir y de lograr descendencia», afirma Linazasoro.

«Decisión automática»

Es nuestro cerebro el que sopesa los pros y los contras, y todo ello en el tiempo que tarda una persona en lanzarse a las llamas para socorrer a un hombre o atacar con un monopatín a unos terroristas. No hay tiempo para pensar y quizás, si lo hubiera habido, Ignacio Echeverría seguiría vivo. «Lo cierto es que la decisión se toma de forma automática, inconsciente», señala Linazasoro. «Puedes actuar, pero también quedarte paralizado, las dos posturas utilizan los mismos circuitos del cerebro, que tienen que ver con los núcleos implicados en las emociones».

Ignacio Echeverría se lanzó. Los amigos que aquella noche lo acompañaban no lo hicieron. Trataron de salvar su vida y desde entonces no han dejado de justificar su conducta. El psicópata y el héroe son para César San Juan «los dos extremos en relación a la capacidad del ser humano para ponerse en el lugar de los demás». Entre el mal extremo y el bien altruista, estamos la gran mayoría de la sociedad. «En algunos medios han tachado de cobardes a los amigos de Ignacio por no ayudarle en el momento de enfrentarse al terrorista, pero esos muchachos respondieron como hubiera respondido la mayoría: huyendo por su vida. Y no es en absoluto censurable, no se le puede reprochar a nadie no haber actuado como lo hizo Ignacio», asegura el profesor de la UPV/EHU.

El héroe recibe abrazos de los que no hicieron nada. Los detalles de su gesta se amplificarán con el tiempo para elevar a una altura inalcanzable a esa persona que se nos parecía tanto y resultó ser mejor que nosotros. Es una manera de decir que ellos son excepcionales y el resto, una pura normalidad. «Los amigos de Ignacio han podido sentir remordimientos por su pasividad, pero corresponde a la sociedad desactivar ese sentimiento de culpa -dice César San Juan-. Nuestro cometido es honrar la memoria de Ignacio y agradecerle que sea un representante del lado más extraordinario y magnífico de la especie humana».

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