Puerto Rico, la última estrella

Aunque hace tiempo que en Puerto Rico hay quien aboga por romper lazos con EE UU, la actitud de Trump ha encendido los ánimos de quienes reclaman la independencia. / efe

Trump lanza en Puerto Rico rollos de papel a los damnificados por el huracán. La ofensa duele más cuando el Estado asociado de EE UU se enfrenta a una de las peores crisis de su historia

IRMA CUESTA

Si alguien creyó que Donald Trump llegaría a Puerto Rico dispuesto a repartir consuelo, estaba equivocado. El viaje del presidente norteamericano al pequeño Estado libre asociado de EE UU pasará a la historia por hacer sido escenario de su enésima ocurrencia desgraciada. Las imágenes de Trump lanzando rollos de papel a los damnificados por el huracán 'María' ha hecho bullir de indignación a los isleños, encabezados por la propia alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, que se ha tomado el gesto como un «enorme insulto».

En un país devastado, en el que los cuerpos de las 34 personas que se ha llevado por delante 'María' acaban de ser enterrados, tampoco alivia demasiado que el comandante en jefe asegure que el desastre no es comparable con el provocado hace años por el 'Katrina' (entonces hubo 1.800 fallecidos), por más que sea cierto. Ni siquiera el anuncio de que el Congreso norteamericano echará una mano ha templado los ánimos en algunos sectores; al fin y al cabo, este trozo de tierra de 9.104 kilómetros cuadrados, y poco más de 3,6 millones de habitantes, tiene una relación muy especial con la nación más poderosa del planeta.

Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses desde 1917, cuando se convirtieron en Estado libre asociado, con poderes y competencias muy parecidas a las de cualquier otro Estado, pero con la diferencia de que disfrutan de autonomía fiscal (no se pagan los impuestos básicos sobre la renta del Gobierno federal) y de que los residentes en la isla no pueden votar para elegir ni presidente ni congresistas que les representen en Washington. Únicamente nombran a un comisionado residente que, aunque es miembro del Congreso, actúa como un delegado sin voto.

Jorge Chinea, profesor de Historia Latinoamericana en la Wayne State University de Detroit, asegura que en la mente de muchos puertorriqueños anida la impresión de que el presidente Trump no solo no ha hecho lo suficiente para ayudar a Puerto Rico, sino que ha mantenido una postura alejada de la realidad aderezada, por si fuera poco, con un más que cuestionable tono burlón. «¿Cómo puede alguien plantear que se puede estar orgulloso de que solo 34 personas hayan muerto? Es absolutamente inapropiado», dice el historiador, quien apunta que en estos momentos en la isla conviven sentimientos encontrados. «Frente a quienes, como la alcaldesa de San Juan, opinan que la respuesta de EE UU ha sido lenta -y yo estoy con ella-, está el actual gobernador, Ricardo Rosselló, que ha utilizado el huracán para mostrar a los Estados Unidos como un aliado firme que va a estar ahí siempre que se necesite».

Chinea asegura que, en cualquier caso, quienes opinan como Rosselló son mayoría en un país que nunca ha vivido la independencia. «Primero fueron los españoles y luego Norteamérica. La gente ha crecido y se ha educado en esto», dice. Pero, a pesar de que incluso el gobernador, en ese afán por acercarse a EE UU, se haga llamar Ricky, Puerto Rico es netamente hispano. «Solo hace falta darse una vuelta por la universidad, el colegio de abogados, el Ateneo... para confirmarlo. Por más que se pretenda, nunca va ser Hawaii, ni un Texas, ni un Nuevo México».

La prueba de que lo que dice el profesor Chinea es cierto está en el movimiento que hace solo tres años surgió en su país. Un colectivo (no muy amplio, también es verdad) propuso formalmente volver a depender de España. Bajo el lema: '¡Es hora de volver a casa!', sus instigadores pretendían convertirse en una comunidad autónoma más, convencidos de que, con un nuevo padrino, las cosas irían mucho mejor.

No es exactamente el camino que le gustaría emprender a Miguel Norbert Ubarri, puertorriqueño y profesor en diferentes universidades europeas de Literatura Iberoamericana, pero él también cree que a su país le ha llegado el momento de reinventarse fuera del abrigo de los Estados Unidos. «Estamos sufriendo las consecuencias del peor desastre natural de la historia reciente, y esto ocurre cuando estamos obligados a hacer frente a una deuda externa sin precedentes. La parte positiva es que Puerto Rico tiene que aprender que su economía no puede depender totalmente de Washington. El país ha tocado fondo y estamos ante una crisis no solo material, también de pensamiento, que nos debe llevar a determinar qué vamos a ser en el futuro», explica. Reconoce que la idea es minoritaria, ya que muchos puertorriqueños solo creen en dos cosas: en Dios y en los EE UU, y a ambos encomiendan su futuro ahora que, pasadas ya dos semanas desde que 'María' les recordó lo frágiles que pueden llegar a ser, decenas de aldeas siguen sin apenas agua potable, comida, combustible y electricidad, y los gobernantes fían a más de un año recuperar la normalidad.

El huracán 'María' ha desbaratado la isla solo cuatro meses después de que sus responsables políticos la declaran en quiebra. Era la única manera, dijeron, de reestructurar una deuda que alcanza los 60.000 millones de euros y que se ha disparado alimentándose de una grave crisis que ha derivado en una tasa de pobreza del 45% y un nivel de desempleo que dobla la media de Estados Unidos. El lugar a donde miles de portorriqueños escapan cada año y de donde algunos han vuelto estos días dispuestos a echar una mano.

Hace ya una semana que artistas y deportistas famosos aterrizan en San Juan. Daddy Yankee fue de los primeros en repartir donaciones de artículos de primera necesidad; el jugador de béisbol Carlos Beltrán ha donado un millón de dólares y el pasado martes Luis Fonsi, Ricky Martin, Nicky Jam, Chayanne y un grupo atletas de la NBC llegaron acompañados por Gloria y Emilio Estefan. También lo hará estos días Jennifer Lopez después de que Benicio del Toro se haya sumado a la iniciativa bautizada 'Unidos por Puerto Rico'. Tampoco al actor le parece que la respuesta de Washington esté siendo la adecuada. «Hay una lentitud evidente y no puedo dejar de pensar que tiene que ver con el hecho de que Puerto Rico no tiene el derecho a votar por un representante en el Congreso o por el presidente de los Estados Unidos», ha criticado el oscarizado puertorriqueño; no es la primera vez que se manifiesta en desacuerdo con el actual inquilino de la Casa Blanca.

Sin embargo, no todos opinan igual. Gerardo Carlo Ateri, expresidente del Tribunal Federal Económico de Puerto Rico, considera que este no es el momento de perder el tiempo en debates sobre si la tutela de Norteamérica es, o no, la que más les conviene. «De hecho, creo que esta situación va a forzar al Congreso a armar el rescate de nuestro país y a abrir un debate con la vista puesta en lograr la paridad, porque es un hecho que existe una evidente discriminación», dice. Ateri lamenta que su país sufre las consecuencias de una tormenta perfecta. «Esta es una isla abandonada, con una absoluta dependencia energética y una crisis que está llevando a la gente a abandonarla para instalarse en EE UU. En esta situación, los huracanes se han encargado de rematarla».

Mientras, Trump acaba de anunciar que buscará la forma de eliminar la deuda de los portorriqueños con «los amigos de Wall Street». El presidente, dice, no quiere ni oír hablar de que se sientan ciudadanos de segunda.

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