Presas fáciles

Niñas prostituidas en Freetown, capital de Sierra Leona, durante una visita del personal del centro Don Bosco Famul. / Misiones Salesianas

Un documental cuenta la historia de las niñas prostitutas en Sierra Leona. Algunas son rescatadas por los salesianos. «Se venden por un euro»

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

Aminata es huérfana. Su padre era un jefe rebelde de un grupo que se alzó en armas contra el Gobierno de Sierra Leona, lo que desató una cruenta guerra civil que duró algo más de diez años, los transcurridos entre 1991 y 2002. Aminata no tenía sin embargo muchas razones para querer a su padre, caído en una refriega. Fue él quien le cortó un brazo a su madre porque ésta no quería convivir en el mismo hogar con la esposa del guerrillero. La mujer llegó a la aldea donde nació con las heridas infectadas y poco después pereció desangrada. Sin nada que echarse a la boca, la niña se fue a Freetown, la capital del país, y se acostó con unos hombres que antes la habían invitado a poner un precio a su cuerpo. «Ese día gané cinco euros y sólo tenía 13 años». A partir de ese momento engrosó el ejército de esclavas sexuales africanas, niñas que son desvirgadas a veces sin haber tenido siquiera su primera menstruación.

La de Aminata es una historia terrible, pero también esperanzadora, porque la niña, al cabo del tiempo, abandonó la prostitución y pudo montar una pequeña peluquería y un modesto almacén donde vende alimentos. Dejó atrás una vida llena de drogas, VIH, abusos sexuales y alcohol gracias a los misioneros salesianos, y en especial al padre Jorge Crisafulli, director del centro Don Bosco Famul, que acoge en Freetown a chicas de entre 9 y 17 años que ejercen de pupilas para tipos de toda laya. «Son niñas y sienten como niñas, aunque estén haciendo el trabajo de una prostituta adulta. Es inhumano», dice Crisafulli.

El drama de Aminata y otras niñas está contado en el documental 'Love', un corto de media hora dirigido por Raúl de la Fuente. En la cinta se muestra el trabajo de cuatro salesianos y un centenar y medio de trabajadores sociales que se afanan por rescatar del infierno a niñas de Freetown que hacen la calle, donde también viven y duermen. «Se prostituyen por un euro, porque no han tenido la oportunidad de ir a la escuela o aprender una capacitación profesional. Por eso nosotros ofrecemos esa oportunidad. ¿Cuánto cuesta en Sierra Leona cursar un año de primaria? Cuesta 150.000 leones, es decir, 15 euros; es menos de lo que me han cobrado en Madrid por cortarme el pelo. Siento vergüenza», dice Jorge Crisafulli, de 56 años, la mitad de los cuales los ha pasado en el continente africano. Como Aminata, son muchas las niñas que abandonaron sus pueblos huyendo de la orfandad que han causado la guerra, el cólera y el ébola.

Cuando llegan a la ciudad sobreviven en chabolas hechas con tablas, chapa y unos cuantos harapos, cubículos que infestan Grafton y Mabella, dos barriadas de Freetown donde apenas hay luz eléctrica. Crisafulli y su gente han recorrido esas ratoneras y en ocasiones ha tenido que transigir con el 'daddy' de turno, el chulo, para sonsacarles información. «Al principio iba con alzacuellos, luego me aconsejaron que me lo quitara. Desafortunadamente tenemos que estar en contacto con proxenetas porque son nuestros informantes. A veces uno tiene que cerrar un ojo. A cambio sabemos los nombres y las edades de las niñas. No pactamos con ellos, luchamos contra un sistema corrupto. No obstante, a algunos de ellos los hemos llevado a la Corte si nos hemos dado cuenta de que ha habido violaciones en grupo», dice Crisafulli, sacerdote argentino que ha sido responsable de los misioneros salesianos para la zona anglófona del oeste de África, que engloba los estados de Ghana, Liberia, Sierra Leona y Nigeria.

Estimaciones de la ONU

No hay cifras exactas de un fenómeno que se ventila en las cloacas de la sociedad. Aun así, la congregación religiosa estima que 223 millones de niños son explotados sexualmente en todo el mundo. Los informes de la ONU señalan a Argentina, Chile, Cuba o Sri Lanka como los estados con índices más lacerantes de abusos sexuales infligidos a menores. En Tailandia, 80.000 niños son obligados a prostituirse cada día, mientras que en Indonesia el 20% de las mujeres explotadas sexualmente son niñas. En Estados Unidos y Canadá se calcula que hay 100.000 menores víctimas de la trata. Son cifras que conviene recordar hoy, fecha en que se celebra el Día Mundial contra la Prostitución Infantil.

«Yo quiero usar protección, pero muchos hombres no quieren. Sí, soy consciente de que puedo contraer VIH, gonorrea, sida, sífilis... Salgo a trabajar cada noche a las siete para pagarme los estudios», asegura Hawanutu Steven, de 15 años.

Pese a los horrores que ha visto, Jorge Crisafulli no arroja la toalla. «A mí no me bajonean ni me deprimen. Al antiguo director le atacaron con un cuchillo. Existen los avisos, pero no me dan miedo. Además, la gente nos respeta por la obra que estamos haciendo. Y las coacciones llegan a través de mensajes por teléfono, de modo que no sería difícil rastrear a quienes están detrás de ellas».

- ¿Y quiénes están detrás de esas advertencias?

- Las propias mafias, incluso algún político envuelto en casos de abuso sexual a menores. Hasta las familias mismas tratan de interferir para que no llevemos las cosas a juicio y evitar así que vaya gente a la cárcel.

- Las niñas denuncian que los clientes las obligan a no usar preservativo. ¿Qué les recomienda usted?

- Les aconsejo que usen el preservativo. Están expuestas a peligros inmensos. Si no lo hacen se contagiarán seguramente de VIH y actuarán entonces de foco de infección. Es un mal necesario.

Este cura de orígenes italianos decepcionó a sus padres cuando les anunció que rechazaba ser médico porque prefería vestir los hábitos. «Hubo una gran crisis en la familia. Y eso que a mí también me gustaba la medicina. Cuando lo dije creo que mamá lloró durante un mes». Durante cuatro años trabajó en Villa Regina, en el Alto Valle del Río Negro, hasta que aterrizó en Europa para estudiar idiomas y recibir formación pastoral.

En su contexto

ESCLAVITUD
En Freetown, capital de Sierra Leona, uno de los países más pobres del mundo, puede haber 2.500 niñas dedicadas a la prostitución, según las estimaciones de los salesianos. Por ahora han rescatado de la calle a 150 menores a través del proyecto Girls OS+. El sacerdote Jorge Crisafulli no ha visto prostitución infantil masculina, pero teme que la haya. Al menos existe en Ghana, otro país de la región. «La homosexualidad en África está penada por las leyes», subraya.
233
millones de niños son explotados sexualmente en todo el mundo, de acuerdo con algunos informes de la ONU. De ellos, 150 millones son niñas y 73 millones niños. En Sierra Leona, país devastado por una cruel guerra civil y la epidemia de évola, «se respeta más a un perro que a una niña», dice el salesiano en el cortometraje, que se estrena hoy. Una menor puede ganar entre 1,5 y 2 euros al día por la venta de su cuerpo. Hoy se celebra el Día Mundial contra la Prostitución Infantil.
Ganador de un Goya y candidato al Oscar
Raúl de la Fuente es el director del documental que denuncia la esclavitud sexual de las niñas de Sierra Leona. Hace cuatro años ganó un Goya por otro cortometraje, 'Minerita', en el que contaba la historia de tres mujeres bolivianas que trabajaban en el distrito minero de Cerro Rico, Potosí (Bolivia). En 2016 la película compitió con otras nueve cintas por el Oscar en la categoría de Mejor Cortometraje Documental. En el filme el sacerdote se dirige a ellas con palabras vibrantes para que recuperen su autoestima. «No eres basura. Eres una obra de arte, una pieza maravillosa que ha salido de la mano de Dios». El misionero admite, sin embargo, que no todo son historias de éxito.

Las niñas que salen en el documental dan cuenta en el corto de tratos infamantes, sevicias que no se emplearían ni con un perro. «Nos llevaron en barcas a un pesquero chino. Nos dijeron: si os va bien nos daréis cinco euros por el viaje. Si no os va bien, nos daréis 2,5 euros. Y nos advirtieron: 'si alguna no paga la tiramos al mar'. Ninguna sabíamos nadar. (…) Una noche los chinos dijeron que no querían acostarse con nosotras. Pero que si lo hacíamos con sus perros nos pagarían a cada una 110 euros. Todas nos negamos», cuentan varias niñas en el documental de Raúl de la Fuente, ganador de un Goya en 2014 por 'Minerita'.

Fotos

Vídeos