El mar se pliega al deporte rey

N. SANGNAK / EFE

Instalan una plataforma flotante para que sus hijos jueguen a fútbol

JOSEBA VÁZQUEZ

El planeta Tierra cobija en su seno un sinfín de puntos ganados al mar. Desde los Países Bajos, donde casi una quinta parte de su superficie se generó y se mantiene por medio de un complejo sistema de drenaje, a Corea del Sur o la bahía de Tokio, pasando por Macao, Bermudas, Mónaco, Valparaíso o Singapur, la ingeniería humana ha sido capaz desde antiguo de arañar espacio a las aguas. Las extensiones del líquido elemento se han ocupado con todo tipo de fines: demográficos, agrícolas, comerciales, portuarios, ambientales, industriales, militares... Cualquier instalación deportiva sería también buena excusa para ejecutar una obra de este tipo. A una escala muy humilde, algo así han hecho en Ko Panyi, un pequeñito poblado de la provincia de Phang Nga, al sur de Tailandia, adherido a un peñasco-islote por medio de palafitos. Cabe entender que en ese núcleo de rudimentarias viviendas construidas sobre estacas en las que viven unas 360 familias no hay hueco para polideportivos o estadios. Pero los vecinos han encontrado la fórmula: instalar una plataforma flotante para que sus hijos jueguen a fútbol. O más bien, a un diminuto fútbol sala. Queda por dilucidar quién recoge el balón cuando este sale del rectángulo.

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