Periodismo de marca

Un momento de las jornadas 'Periodismo y posverdad' ayer, en Madrid./Alberto Ferreras
Un momento de las jornadas 'Periodismo y posverdad' ayer, en Madrid. / Alberto Ferreras

La irrupción de la posverdad lleva a la prensa a recuperar sus recetas tradicionales

ÁLVARO SOTO

En Colombia, el periodismo es un sacerdocio que puede conducir directamente a las puertas del infierno. Allí la vida del reportero ha valido lo que el sicario de turno ha querido que valiera. Las dictaduras, el narcotráfico, los paramilitares y las guerrillas han puesto un precio siempre bajo a la cabeza de quien trataba de contar, en medio de la locura, qué estaba ocurriendo en el país. Bien lo sabe María Jimena Duzán (Bogotá, 1960), posiblemente la periodista colombiana más prestigiosa. Con 16 años empezó a escribir en el diario 'El Espectador', le picó el veneno de la profesión y ya no quiso encontrar una cura contra él. «Me metí en esto porque me apasiona y porque la sociedad tiene que saber lo que nadie le cuenta», explica Duzán. En su país trabajó también en 'El Tiempo' y en la 'Revista Semana', y ahora conduce el informativo 'Semana en vivo'. Además, saltó a la prensa anglosajona y escribió en el 'Wall Street Journal' y en el 'Newsday'. Ha publicado un libro y ganado premios, y su trayectoria la firmarían todos los periodistas del mundo si no supieran a cambio de cuánto dolor ha conseguido sus logros.

Porque en este camino de cuatro décadas Duzán ha visto cómo el narcotráfico asesinó en 1986 a su primer director y maestro, Guillermo Cano Isaza; también perdió a su hermana, periodista como ella, tiroteada por los paramilitares cuando rodaba un documental para la BBC sobre, paradójicamente, la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz en un pueblo; y, finalmente, perdió su tranquilidad y la posibilidad de tener una vida en paz. El Estado le dijo que no podía garantizar su vida y tuvo que exiliarse durante años en España.

Duzán participó el jueves en Madrid en la jornada 'Posverdad y periodismo', organizada por la Fundación García Márquez y el foro empresarial Futuro en Español y patrocinada por Gas Natural Fenosa con motivo del 15 aniversario de Vocento. «En Colombia no nos asusta la posverdad porque siempre nos hemos tenido que enfrentar a las mentiras», contó. Junto a ella, debatieron sobre periodismo el director editorial de Medios Regionales, Suplementos y Revistas de Vocento, Benjamín Lana, y los periodistas Nacho Cordero, director de El Confidencial, y Juan Pablo Colmenarejo, director de 'La Linterna' en Cope.

«El populismo y la propaganda han precedido las peores tragedias de la humanidad», rememoró Lana, advirtiendo de alguna manera sobre los peligros que acechan, también hoy en día, al mundo democrático. «Para ver la realidad hoy hay que remangarse y hacer reporterismo», reclamó Nacho Cordero, que vaticina que la prensa tendrá un futuro brillante si logra separar la información de la basura, aunque ahora todo circula por las mismas vías, que son internet y las redes sociales. La clave estará en «comprobar la información, analizarla e investigar», ingredientes que, según Lana, se ha aplicado el mejor periodismo a lo largo de la historia.

Los ponentes no eludieron la autocrítica. Juan Pablo Colmenarejo cree que la prensa ha olvidado dos de sus funciones tradicionales. «Nos hemos quitado de informar y formar, y nos hemos quedado solo con entretener -argumenta-. Ha habido una renuncia a explicar los fenómenos y hemos pensado que el mejor periodista es el que más seguidores tiene». Pero hay esperanza, por supuesto. «Yo me acabo de operar de la cadera y no he ido a un cirujano 'popular'. He ido a un profesional. Los medios tenemos la oportunidad de salvarnos si volvemos a contar los hechos», asevera Colmenarejo. «El periodismo ciudadano no existe; el periodismo lo hacemos los periodistas», remacha Cordero.

«Estamos reviviendo»

En este punto, la marca es vital porque genera confianza. «Los periodistas y los medios somos marcas y, en este sentido, estamos reviviendo. Nos queda el prestigio y ese prestigio tenemos que seguir cultivándolo», sostiene María Jimena Duzán. «La base del periodismo está en ser libres e independientes con un código deontológico estricto», apunta Cordero.

El consejero delegado de Vocento, Luis Enríquez, pidió a los ponentes recetas para que los medios continúen disfrutando del favor de los lectores. Primero recogió el guante Colmenarejo: «Tenemos que contar los hechos, gusten o no, caigan bien a quien sea o no». Después Cordero: «Durante la crisis dependíamos cada vez más de la publicidad, y no resultó fácil criticar al poder. Pero los editores no deben olvidar que no se puede pensar que con el periodismo se van a pegar pelotazos».

Chávez, Maduro, Trump, el 'Brexit', el plebiscito de Colombia... La posverdad se ha colado en la vida de todos, ciudadanos de la calle y profesionales de la información, y detrás de todos los retos del periodismo actual está la transformación tecnológica que el mundo vive desde hace unas pocas décadas. «Estamos aún en la prehistoria de esta transformación, pero no debemos ser apocalípticos», aconsejó Bieito Rubido, director de 'ABC' y moderador el jueves de un segundo encuentro en el que participaron el periodista venezolano de 'El Nacional' Tulio Hernández; Jaime Abello, director general y cofundador de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, y John Müller, director adjunto de El Español. «Yo no sé si vengo del pasado o del futuro», se cuestionó Hernández, antes de exponer la dramática situación que vive la prensa en su país, al que definió como «experimento de la renovación del totalitarismo, neototalitarismo o totalitarismo del siglo XXI». «La posverdad no es exactamente igual que la mentira: es la construcción de una realidad paralela que puede generar mecanismos que eliminan las reputaciones», aclaró Hernández.

En ese nuevo sistema venezolano, la batalla por la información, o mejor dicho, por la desinformación, está desatada en las redes sociales. «El periodismo tradicional tiene una función de defensa de la democracia porque todos debemos saber que la democracia no es gratis», agregó, en contraposición al régimen de Maduro, que se esfuerza en crear una realidad paralela y «convierte en tendencia lo que el propio Gobierno quiere que sea tendencia», indicó Hernández. Nacionalizadas las televisiones, arruinados los periódicos, silenciada en general cualquier voz crítica, la conclusión es que en Venezuela «ya no quedan instrumentos suficientes para distinguir la verdad y la mentira, así que la realidad real no existe».

«Nosotros manejamos y ordenamos el caos, pero ese caos se ha vuelto más complicado con las nuevas tecnologías. Como decía Darwin, el futuro no es de los más grandes o de los más fuertes, sino de los que mejor se saben adaptar», citó Bieito Rubido, que se preguntó sobre el «exceso» de transparencia que exigen las sociedades actuales y que «puede ser una nueva dictadura». «El iPhone es el nuevo rosario digital y el 'me gusta', el nuevo amén. Tanta transparencia no hace más que cegar a los ciudadanos», resaltó Müller.

García Márquez y la vocación de jugar con la ficción y la realidad

El mejor periodismo se lee como una novela de ficción y la mejor ficción explica la realidad tan bien como el periodismo de más calidad. Por las dos orillas, prensa y ficción, transitó Gabriel García Márquez, saltando de una a otra con naturalidad o, a veces, dejando un pie en cada una. «La función de los medios es recuperar la verdad en este caos de mentiras en el que vivimos», dejó dicho el gran 'Gabo', y tres colombianos como él recordaron ayer al maestro, trufando sus palabras con anécdotas personales sobre el hombre al que tantos deben su vocación por las letras.

«Al principio, 'Gabo' era flexible en materia de veracidad. Pero después cedió el paso a una persona obsesionada por el rigor y la ética», contó Jaime Abello, de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

El crítico literario Ariel Castillo, experto en la obra de García Márquez, esbozó la provocadora tesis de que «los escritores y su modo de trabajar tienen una gran afinidad con la posverdad». «Pero la diferencia está en la ética», desveló. Así, calificó 'Cien años de soledad' como un libro lleno de «rigor» en el que «existe un marco que permite hacer creíbles los sucesos que ocurren». «Inventarse el personaje de José Arcadio Segundo es una manera de impactar al lector para que tome conciencia, porque la preocupación de 'Gabo' es salvar del olvido las desgracias del país a través de una novelación rigurosa».

La primera vida periodística de Gabriel García Márquez, vivida bajo la censura, se conforma en sustentos memorables. Vestido con una camisa de flores se acercaba a la redacción de 'El Espectador', donde sus atildados compañeros presumían de sus mejores trajes. Llegaba siempre tarde, y tanto hartó a sus jefes que le acabaron regalando un despertador. Eran los primeros años 50 y ya bullía el alma del fabulador verdadero que llegó a ganar el premio Nobel de Literatura. María Jimena Duzán, que trabajó con 'Gabo', recordó que en una ocasión 'El Espectador' le envió al departamento de Chocó, donde supuestamente había protestas por la falta de agua corriente. «Allí llegó y no vio ninguna protesta, quizá lo que le habían contado no era verdad. Pero él, de todas formas, publicó una crónica diciendo que había manifestaciones. Y a partir de ese momento empezó a haberlas. Le pidieron explicaciones pero, efectivamente, la nota que había publicado correspondía con exactitud a lo que había ocurrido tras la publicación de su pieza», asevera Duzán. Un ejemplo de profecía autocumplida y de cómo, en manos de 'Gabo', la realidad y la ficción no siempre eran materias distinguibles.

Dos décadas después de aquel suceso, y ya editadas algunas de sus grandes novelas, 'Gabo' le dio otra oportunidad al periodismo fundando la revista 'Alternativas'. «Se transformó en una persona totalmente rigurosa y en un gran analista político», narra Duzán. «Fue su mejor época: se marchó a China, a Angola, y envió crónicas que se leían con pasión y que nos abrieron Colombia al mundo. Fue demoledor», recuerda la periodista. Aquella revista tenía un lema que resume el pensamiento de García Márquez: «Atreverse a pensar es empezar a luchar».

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