Pasta de artista

Mark Wagner lleva doce años recortando billetes de un dólar para elaborar ‘collages’, originales obras de arte reconocidas ya por grandes museos. Hasta el momento ha destruido 12.000 ‘pavos’

Pasta de artista
LP
ISABEL IBÁÑEZValencia

Corto dinero para hacer arte. Sé que suena bastante tonto. Pero confía en mí, soy un profesional, todo saldrá bien».

Es la carta de presentación de Mark Wagner, que, armado de tijeras y cúter, se dedica a trocear de manera exhaustiva billetes del sacrosanto dólar estadounidense para confeccionar ‘collages’ que son auténticas obras de arte. Nació en 1976 en un lugar indeterminado -porque él no lo dice- del Medio Oeste de su país, el último de trece hermanos, y ya en su adolescencia supo que quería ser artista. Pronto descubrió su ‘afición’ a destruir dinero, aunque le costó llegar a ser reconocido por museos e instituciones artísticas. «Un día hace algunos años -recuerda él-, cuando estaba arruinado y cada dólar era muy caro para mí, mi compañero de estudio y yo estábamos pensando en ir al restaurante de la esquina a tomar nuestra única comida del día. Revisé mi billetera y estaba vacía. Mierda. Me senté en mi mesa de trabajo durante un minuto entero, hambriento, molesto y quejándome... antes de que mi amigo me indicara que había 40 billetes de dólar listos para gastar en la mesa, frente a mí. Pero en mi mente ya se habían transformado en otra cosa». A día de hoy ha convertido en fosfatina, perdón, en arte 12.000 ‘pavos’ (10.000 euros).

Pero... ¿cómo se le ocurrió destruir billetes para crear cuadros? Dice que por el deseo de «transformar algo familiar, como un mago convirtiendo su reloj de bolsillo en una petunia». «El dinero real es un componente necesario para el hechizo mágico. El material tiene que ser valioso, porque la transgresión, la travesura y el sacrificio son parte del atractivo emocional. El doctor Frankenstein no podría haber fabricado su monstruo con una impresora a color Xerox». Está claro que hay algo de subversivo en destruir ‘pasta’, y su obra es una crítica explícita a cómo el dinero se encuentra insultantemente cercano a los políticos de su país. Un cartel de ‘se vende’ preside la Casa Blanca en uno de sus cuadros, y son cotizados sus ‘collages’ de Trump, Clinton, Obama, Lincoln... Aunque Wagner prefiera jugar a la ambigüedad: «Los anarquistas están seguros de que soy anarquista porque corto la herramienta favorita del opresor, y los capitalistas piensan que lo soy porque me deleito en ella».

El artista y su trabajo Exposiciones y colecciones

Su trabajo ha sido recopilado por el Museo de Arte Moderno (MOMA), el Centro de Arte Walker, la Biblioteca del Congreso y la Institución Smithsonian. Se ha exhibido en el Museo Metropolitano, el Instituto de Investigación Getty y el Museo de Brooklyn.

9.000

dólares (7.500 €) llega a costar un ‘collage’ original de Wagner, aunque su precio varía según el tamaño, a partir de los 300 (250 €) los más pequeños. También vende pósters, tarjetas y otros artículos desde 15 dólares. Así recupera el dinero invertido en su labor: lleva unos doce años recortando billetes a razón de unos 1.000 dólares anuales, lo que se traduce en 12.000 (10.000 €) ‘gastados’ en este tiempo. Y sólo ha generado un par de jarras de basura: «Estas jarras de rarezas picadas, destrozadas y enredadas, son más convincentes que los propios ‘collages’. Cualquier día podría dedicarlos a una escultura y reducir la moneda desperdiciada a cero», advierte.

El bueno de Washington

Evidentemente, la cara del primer mandatario de la nación, George Washington, que decora estos billetes, aparece por doquier, siendo el ‘leitmotiv’ de su obra, como un muñequillo rebelde que se ríe de todo: Washington decretando la muerte del sueño americano con rasgos de calavera; Washington colgado del flequillo de Trump; con un arpón persiguiendo a Moby Dick; en plan rey de Francia junto a la torre Eiffel...

Wagner destaca que las cualidades de los billetes de banco, confeccionados a prueba de falsificadores, los convierten en material idóneo, diseñado para ser manejado por miles de personas sin deteriorarse. Corta los billetes en finas tiras y, por separado, otros elementos; todos ellos son pegados, empapados, raspados, lijados... sin temor a que se conviertan en pasta de papel. ¿Cuánto dinero puede emplear en una de sus obras? «El trabajo terminado es engañoso; si usted ve 300 caras de Washington en una obra puede pensar que me he gastado 300 dólares (250 €) en ella». Pero no hay que mirar los elementos individuales, aconseja, porque no tira el resto de esos billetes, los utiliza para otros cuadros. «Tal vez emplee 30 dólares en un ‘collage’ de 70x70 centímetros, 15 en un retrato, 200 por algo del tamaño de una puerta...».

En su web, donde se explaya a gusto sobre razones y porqués, responde a la pregunta del millón: ¿No es ilegal lo que está haciendo? «La mayoría de los estadounidenses cree que destruir dinero es ilegal. Pero... ¿por qué? Esta creencia se transmite como leyenda urbana, no como un hecho. Nunca aprendimos nuestras tablas de multiplicar correctamente, pero todos sabemos que es ilegal cortar dinero y que nunca debes consumir Peta Zetas y Coca-Cola al mismo tiempo. El dinero es un poco espeluznante. A través del uso repetitivo nos hemos familiarizado con él, pero no es lo mismo que entenderlo. Sí, por cierto, es ilegal cortar dinero. Un artículo del Código Penal de EE UU dice que bla, bla, bla, bla... Por favor, no le digas a nadie que lo estoy haciendo».

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