Con Papá Noel no se juega

Un Papá Noel entrega un regalo a una niña a las puertas de unos grandes almacenes. / iosu onandia
Un Papá Noel entrega un regalo a una niña a las puertas de unos grandes almacenes. / iosu onandia

Una juez canaria avala el despido de la empleada de unos grandes almacenes que reveló a una niña que los regalos los compran los padres

ÁLVARO SOTO

Acabar con la ilusión de una niña es una razón que justifica el despido de una empleada. Así lo cree una juez de Santa Cruz de Tenerife, que ha avalado el despido disciplinario de una trabajadora de la sección de joyería y perfumería de El Corte Inglés por darle pistas a una pequeña de siete años de que Papá Noel no existe, que son los padres.

Todo lo que pasó aquel 12 de diciembre de 2015 queda relatado en la sentencia. La vendedora comenzó a atender a un matrimonio y a su hija y «la clienta estaba mirando de manera disimulada un reloj de caballero con intención de separarlo como futuro regalo de Navidad para su marido». Pero en ese momento, ocurrió lo inesperado. «Usted», recrimina el escrito de la magistrada, que se dirige directamente a R., la empleada, «por su propia cuenta reacciona dirigiéndose a la niña y diciéndole que se lleve a su padre a la perfumería para poder atenderle mientras su madre elige un reloj como regalo de Navidad para él».

Y entonces llega la tragedia, todo ello contado por la juez: «Evidentemente, la niña se lo dice al padre y por lo tanto, cualquier sorpresa queda desvanecida y la niña queda desconcertada de que su madre elija o compre un regalo en lugar de hacerlo Papá Noel». Justo después, «desolada», la clienta fue a hablar con el responsable de R., llamado «señor Federico». «No me explico qué ha pasado por la cabeza de la vendedora para hacer eso», asegura la compradora, y ante lo cual, don Federico sólo puede pedirle disculpas «en nombre de El Corte Inglés sintiéndose avergonzado por la situación».

La juez cree que esta falta de sensibilidad de la trabajadora supone un «quebranto claro, manifiesto y voluntario de las obligaciones derivadas de un contrato de trabajo», y por eso considera que el despido disciplinario que ejecutó la empresa es correcto. Y es que, de cualquier manera, el 'caso Papá Noel' no es más que la gota que colmó el vaso en el currículo de una trabajadora a la que, como mínimo, cabría calificar de conflictiva por lo descrito en la sentencia.

El comportamiento de R. incluye faltas de respeto a los clientes, desprecio a los superiores, manipulación indebida de los productos (caros, siempre joyas, relojes o perfumes) y hasta situaciones de peligro, como aquella vez en que lanzó unas tijeras que pasaron rozando la cara de un niño, según el auto. «Petarda, gilipollas y espesa» fueron los insultos que R. le dedicó a una compañera. «Qué pena que no haya traído las gafas de sol», dijo cuando, obligada por un superior, tuvo que acudir a ver un vídeo corporativo de los grandes almacenes antes de Navidad. «Hoy es 24 de diciembre, no es un día para comprar, lo nuestro son los Reyes», le espetó a un posible comprador. Y son solo algunos ejemplos. ¿Pero por qué R. se comportaba así? ¿Era algo más que simple mala educación? La juez cree que sí, que R. buscaba un despido improcedente, como le dijo a la compañera a la que insultó: «Que me echen, así me pagan todo lo que me deben». No lo ha conseguido.

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