El origen del oro

Los doctores Martin Schilling (Chile) y José Manuel González-Jiménez (derecha), en el campo de trabajo en Patagonia. / u. g.
Los doctores Martin Schilling (Chile) y José Manuel González-Jiménez (derecha), en el campo de trabajo en Patagonia. / u. g.

Un equipo de geólogos desvela en Patagonia la procedencia del metal más precioso. Llegó a la superficie desde el manto, a 70 kilómetros bajo tierra

ANTONIO CORBILLÓN

No va a cambiar su condición de metal más codiciado. Porque el oro ha determinado durante siglos migraciones, guerras y el obsesivo deseo humano de poseerlo. Dio lugar a la 'fiebre del oro', cuya 'temperatura' era la incontrolable obsesión por dominar su brillo al coste que fuera. Y todavía es el patrón más fiable de la economía, siempre al rescate de cualquier moneda en los crack bursátiles. Tan preciado como escaso, la cifra anual de extracción apenas supera las 3.000 toneladas.

Sus yacimientos pueden llegar a ser bastante superficiales, filtrados por un simple manantial de agua. Pero su origen está mucho más abajo. «Por lo menos a 70 o casi 100 kilómetros bajo la superficie del manto de la Tierra». Lo afirma el profesor del Departamento de Mineralogía y Petrología de la Universidad de Granada José María González-Jiménez. Junto a un equipo de expertos de Francia, Australia, Chile y Argentina, creen haber desvelado el origen de los yacimientos de oro. Era uno de los misterios todavía pendientes de la mineralogía.

González-Jiménez y sus compañeros han localizado a esa profundidad en Patagonia (Argentina) granos microscópicos, del tamaño de un cabello humano, incrustados en xenolitos, pequeños fragmentos de roca que proceden de ese manto terrestre. Aunque el preciado metal se extrae de la corteza, su teoría era que no procedía de ella, sino del manto, una gruesa capa intermedia (previa al núcleo central) cuya profundidad arranca desde los 17 kilómetros bajo los océanos a los 70 kilómetros en tierra firme.

«Es como encontrar la relación entre las gotas de lluvia y la nube que las crea»

El experto español y sus colegas, que han publicado sus avances en la revista 'Nature Communications', sospechaban que el oro tenía un origen mucho más complejo y profundo. «Es una anomalía geológica. No debería estar donde lo encontramos habitualmente. Sus yacimientos (como los de otros metales) sólo son posibles por un alineamiento óptimo de factores». Y esa circunstancia se daba en el macizo del Deseado (Patagonia), una de las mayores regiones auríferas del planeta.

'Lluvia' de metal precioso

Esos finos cabellos dorados viajan a la superficie gracias al complejo juego de erupciones y movimientos internos del núcleo y manto terrestre, que favorecen la concentración y ascenso del metal. José María González-Jiménez pone un ejemplo gráfico de lo que creen haber descubierto. «Es como si no supiéramos de dónde llegan las gotas de lluvia que caen del cielo... Y de repente hemos entendido que vienen de las nubes».

- ¿Esto podría cambiar en algo la forma de buscar oro y la cantidad que podamos encontrar?

- Sí cambia la forma de buscarlo porque, en función de la 'fuente', algún día podríamos saber mejor dónde localizar el origen del que mana. Los nuevos métodos nos permitirán conocer todos los factores. Pero el oro seguirá siendo precioso y escaso. Además, podría aplicarse el mismo sistema con otros metales.

Gracias a las microsondas electrónicas como las que han empleado, en el futuro podrán trazarse «radiografías profundas» hasta el origen de esas 'fuentes de oro'. El equipo internacional eligió para su investigación el cerro Redondo, en el límite austral de la gran planicie patagónica. Esta zona de la corteza terrestre tiene una elevada concentración áurea. Y su hipótesis de partida era que en la región tenía que haber algo singular, la 'anomalía' que genera esa predisposición a los yacimientos de oro en superficie.

Las causas de esa orografía se remontan 200 millones de años atrás, cuando Sudamérica y África eran un solo continente. «Su separación fue en parte por el ascenso de ese manto profundo, un movimiento que rompió la corteza terrestre y provocó la división de los continentes. Esto generó una auténtica fábrica química de metales». Los movimientos de las placas tectónicas hicieron el resto gracias a la circulación de fluidos ricos en metales a través de las fracturas que los llevan a la superficie. Así se explicarían también otros yacimientos casi exclusivos de la zona como el cobre en Chile -primer productor mundial-. O, bastante más arriba del continente, la plata en México.

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