La necesidad se hace arte

La necesidad se hace arte

Integrados en la ciudad o en la naturaleza, de diseño clásico o moderno, un libro selecciona los aseos más curiosos del mundo

Á. SOTO

Hace unas semanas, y siguiendo una tradición del Despacho Oval, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidió al Guggenheim de Nueva York que le prestara una obra para exponerla en la Casa Blanca. Eligieron 'Paisaje con nieve', de Van Gogh. Los propietarios del museo respondieron que ese cuadro no estaba disponible, pero a cambio, ofrecieron a Trump otra pieza de sus fondos: 'América', un retrete dorado del italiano Maurizio Cattelan que denunciaba los excesos del dinero. Un regalo irónico, sin duda, pero que demostraba que los urinarios también pueden ser arte.

Los que ha recogido por todo el mundo el libro 'Váteres', editado por Lonely Planet, encajarían en un concepto más amplio de arte: son sorprendentes y bellos, y también elementos culturales del máximo interés, porque dicen muchas cosas de quien los ha diseñado o de quien los utiliza. Por ejemplo, los aseos del palacio de Schönbrunn, en Viena, en los que los urinarios se alzan junto a las plantas que cuidan los jardineros reales de los Habsburgo. O los urinarios Toylet, creados por la empresa japonesa Sega, que permiten jugar mientras uno siente la llamada de la naturaleza gracias a las consolas que tienen a la altura de los ojos.

Pero hay quien prefiere que a la altura de los ojos solo haya un bello paisaje y de esa manera, poder relajarse. En esta categoría se encuadrarían los del hotel Península de Hong Kong, que ofrecen una perspectiva aérea de la ciudad, o los del monasterio Thiksey, en Ladakh, India, un aseo panorámico que permite contemplar las montañas de alrededor.

Los urinarios de la japonesa Sega permiten jugar con una consola situada a la altura de los ojos

Algunos baños se integran perfectamente en la ciudad, como los futuristas de la Alexanderplatz de Berlín, situados junto al reloj Weltzeituhr, una de las atracciones turísticas de la ciudad, o los urinarios 'pop-up' de Londres, que se ocultan bajo tierra y salen a la luz, como una cápsula, cuando el usuario siente la llamada de la naturaleza.

Otros son patrióticos. El pintor Giovanni Segantini diseñó uno con las cruces blancas (sobre fondo rojo) de la bandera suiza para ver el valle alpino de Engadina. En Oslo, Noruega, tres aseos contiguos, pintados de azul, blanco y rojo y con los rótulos de 'liberté', 'egalité' y 'fraternité' homenajean a Francia. Un ser humano pasa aproximadamente tres años de su vida en el baño, así que mejor que ese tiempo también sea aprovechado.

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