La naturaleza como lienzo

Árboles, rincones abandonados o hielo son los marcos elegidos por Sean Yoro, Hula, un hawaiano que compone murales desde su tabla de surf con pintura libre de sustancias tóxicas

JOSEBA VÁZQUEZ

Mejor cojo mi tabla de surf y mis pinturas y me voy lo más lejos posible de las calles». Sean Yoro, conocido por el nombre artístico de Hula, emplea esta frase como carta de autopresentación en la cuenta de una red social. En el catálogo digital de sus obras, que exhibe a los ojos de cualquiera que disponga de acceso a internet, el artista se apoya en una reflexión del poeta y dramaturgo irlandés William Butler Yeats: «El mundo está lleno de cosas mágicas, esperando pacientes a que nuestros sentidos se agudicen».

En ambas proclamas se resume la esencia del trabajo de este joven hawaiano que hace unos años instaló su estudio en Brooklyn. Hula, o Sean Yoro (Oahu, 1989), trata de despertar nuestros sentidos, no solo la vista, con delicadas pinturas que plasma siempre en espacios abandonados y en soportes naturales. Artista autodidacta, se sintió atraído en la adolescencia por el grafiti y el tatuaje y le bastó una sola clase de dibujo, en el Colegio Barlovento de su isla, para comenzar una carrera pública a los 21 años. ¿Artista callejero? Solo al principio. Hula traspasó pronto los límite urbanos para plasmar su habilidad en muelles sin uso, malecones, barcos semihundidos, bosques, árboles e, incluso, bloques de hielo. «Mejor cojo mi tabla de surf y mis pinturas y me voy lo más lejos posible de las calles».

Lo efímero y el respeto

Hula creció en la mayor isla del archipiélago de Hawai, Oahu, donde se encuentra la capital, Honolulu, y lugares que no necesitan presentación: las playas de Waikiki o Pearl Harbor. «Allí siempre he disfrutado encontrando lugares escondidos, senderos solitarios o playas perdidas donde surfear», cuenta. Y su tabla es precisamente uno de los elementos que le acompañan, casi invariablemente, en su proceso creativo. Es el soporte que le sostiene sobre el agua, líquido elemento convertido en uno de sus marcos preferidos -el predilecto, habría que decir- para dejar sus huellas.

Su trabajo puede admirarse también en muros públicos y en galerías de todo el mundo, pero ha llegado a pintar en bloques de hielo en el Ártico. Destaca en esa serie la composición 'Ao Ana II', que remite sin disimulo a 'La creación de Adán', tal vez el fresco más conocido de la magnífica y estajanovista labor que Miguel Ángel completó entre 1508 y 1512 en la bóveda de la Capilla Sixtina. Colorear en hielo tiene para Hula un sentido ecologista. «Es un soporte efímero. Dentro de unas semanas, estos murales habrán desaparecido para siempre, pero espero que enciendan un sentido de urgencia: representan a los millones de personas que están siendo afectadas por el aumento del nivel del mar. Cambio climático», apunta. En coherencia con este espíritu, Yoro emplea pinturas completamente elaboradas con aceite de linaza o de cártamo refinado con álcali y pigmentos naturales, exentos de materiales tóxicos.

Protagonismo femenino

Hula ha elevado a la mujer a la condición de motivo estrella en sus composiciones. «Empleo figuras femeninas en la naturaleza porque encajan bien con los entornos -explica el autor-. En diferentes culturas y mitos se considera que la naturaleza es femenina, y creo que siempre producen emociones únicas en la obra».

Mujeres. Agunas reposan relajadas o parecen disfrutar de una ducha; otra (en 'Maka'U') se aferra con fuerza a una soga para evitar ser arrastrada al fondo de una catarata. Fue pintada en el punto exacto en que el agua empieza a caer, y eso mismo es lo que amenazó a Sean Yoro durante el trabajo. «Es uno de los proyectos más arriesgados a que me he enfrentado». Hula tuvo que anclar su tabla con doble refuerzo de seguridad. Se trata de agudizar los sentidos, que escribió Yeats; no de morir.

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