Mujeres en guardia

Las primeras diez policías locales que ingresaron en el Cuerpo en 1970, en Córdoba. / Ladis
Las primeras diez policías locales que ingresaron en el Cuerpo en 1970, en Córdoba. / Ladis

Las primeras policías locales de España ingresaron en el cuerpo en 1970. «Hemos pasado lo que no está escrito. Nos decían de todo»

SUSANA ZAMORA

Ha tenido que aguantar que la llamen «guarra», que la manden a fregar platos y que la envíen a coser calcetines en una época en que aún se zurcían con la ayuda de un huevo de madera. Eran unos tiempos en que hacer cosas de hombres era de mujeres valientes; era ponerse el mundo por montera y reinventar las reglas de juego, aunque eso supusiera tragar sapos casi diario. A ella no le dio miedo el desafío. Había mamado el oficio en casa. Nació en un cuartel y se crió entre guardias civiles. Su padre lo era y nunca le vino grande la decisión de su hija Delfina Tapia (Villa del Río, Córdoba, 1947), que arrastró con ella a su hermana Lola (Cañete de las Torres, Córdoba, 1944). «Siempre fue un adelantado a su tiempo», recuerdan ambas. Ellas, junto con otras ocho osadas, fueron las primeras mujeres en ingresar en la Policía Local en España. Fue en el año 1970 y hasta entonces ningún otro cuerpo de seguridad del Estado contaba con agentes del sexo femenino entre sus filas.

Fue en Córdoba. Escaseaban las vocaciones masculinas, más proclives a trabajar en el sector privado, con mejores condiciones y remuneraciones más golosas. «Preferían un banco o una oficina antes que estar en la calle sufriendo las inclemencias del tiempo», explica Delfina, quien vio el cielo abierto cuando escuchó por la radio que el Ayuntamiento de la ciudad andaluza convocaba, sólo para mujeres, diez plazas para la Policía Local. Hacía unos meses que había visto en televisión un reportaje sobre una agente de policía japonesa que estaba de visita en España. «A mí aquello me impactó muchísimo y supe definitivamente lo que quería ser en la vida; sólo tuve que esperar la oportunidad», explica Delfina. «Cuando se enteró de la convocatoria, cumplimentó las solicitudes de las dos; ni me preguntó. Creo que nunca pensamos que aquello llegaría tan lejos», advierte Lola. Hoy está muy agradecida a su hermana menor, a la que ha seguido en cada paso dado: «Siempre me faltó decisión», confiesa Lola.

Los datos

12%
Es el porcentaje aproximado que representa el colectivo femenino en la plantilla de cada cuerpo de seguridad del Estado (incluidas las mossas d’esquadra y ertzainas) según estimaciones de Mupolia, una asociación de mujeres policías.
Mujeres en la Policía
Las primeras policías locales de España ingresaron en el cuerpo en 1970. Fue en Córdoba, en una convocatoria exclusiva para ellas. Hasta ese momento, ninguna otra fuerza o cuerpo de seguridad del Estado contaba entre sus filas con agentes del sexo femenino.
Uniforme
La equipación de las primeras agentes fue confeccionada en el taller de Pedro Roldán, en Sevilla. Constaba de falda-pantalón por debajo de la rodilla, guerrera, gorra, medias, tacones de seis centímetros, bolso, guantes y pendientes de perlas. Todos los accesorios eran obligatorios.
720
mujeres ejercen en la actualidad como policías locales en Andalucía, de un total de 12.000 agentes que prestan servicio en 529 municipios de esta comunidad autónoma. En España, son 70.000 efectivos.

Ambas habían terminado los estudios primarios y con ellos superaron el primer ejercicio de cultura general de la prueba de acceso; aprobaron un segundo examen más específico y de la noche a la mañana se vieron en la academia de la Policía Local, donde estuvieron formándose un mes (ahora son nueve). Sin embargo, aún les faltaba un trámite, sin el que no podrían comenzar a trabajar: acreditar el servicio social (el equivalente a la mili de los hombres). «Aún no me explico para qué nos iba a servir aprender a cocinar, coser y hacer punto para ser policías», ironiza Delfina.

Los inicios en el cuerpo no fueron fáciles. Eran el 10% de una plantilla que apenas superaba los cien policías locales en Córdoba. 47 años después, la estadística sigue tan desequilibrada o más: 355 hombres frente a 32 mujeres. La primera promoción de agentes femeninas tuvo que abrirse camino en una profesión hasta ese momento reservada al otro sexo y, con su uniforme, hacer valer una autoridad que la sociedad no le reconocía. Todas ellas fueron destinadas a regular el tráfico en Córdoba, que a principios de los años 70 no tenía ni un semáforo. Todo el control era manual y especialmente «caótico» en el centro urbano, donde la confluencia de vehículos era mayor. «Aquello era escandaloso, nos decían de todo y hasta llegaron a tirarle tomates a una compañera», relata Lola.

"Tuve que elegir entre ser policía y mi novio. No lo dudé"

Delfina tuvo que enfrentarse a su hoy marido, quien a los tres meses de haber empezado a trabajar como policía local le sugirió que para cuándo pensaba dejarlo. «¿No pretenderás que nos casemos así?», le conminó. Aquello le sonó a ultimátum, tenía que elegir entre seguir siendo policía o continuar con su novio. «No tuve ninguna duda. Sabía que las mujeres eran repudiadas y estaban mal vistas por la sociedad cuando las dejaban sus parejas, pero a mí me dio igual. Si me quería de verdad, le daría igual el uniforme», sentencia Delfina. El año que entró en plantilla subieron los sueldos y cobraba 6.000 pesetas, «una fortuna» para aquella época. «¿Cómo iba a dejarlo con el trabajo que me había costado conseguirlo?», se pregunta.

Bolsos para regular el tráfico

En aquellos bolsos, que tenían que llevar colgados al hombro aunque entorpeciesen el movimiento de los brazos durante las maniobras de regulación del tráfico, portaban los talonarios de multas (usaban una chapa de zinc para que copiase el calco), un tentempié y un callejero para orientar a los ciudadanos. «No había transmisores y cuando acabábamos el servicio teníamos que coger un autobús o dirigirnos a pie hasta la cabina de teléfono más cercana para comunicar que el compañero nos había relevado sin novedad», detalla Delfina.

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