Sin entrañas

Jenny Judith Seba Velasco./R.C.
Jenny Judith Seba Velasco. / R.C.

Tres mujeres embarazadas fueron destripadas en México en la última semana para robarles sus bebés

MILAGROS L. DE GUEREÑO

Alba, Jessica y Jenny Judith tenían en común ser jóvenes, mexicanas y estar al término del embarazo. También haber sido asesinadas, en apenas una semana, para arrancarles el fruto de su vientre después de ser engañadas. Solo un bebé fue rescatado con vida. La conmoción social es indescriptible.

La última muerte ocurrió en la madrugada de ayer en Xalapa (Veracruz), pero la celeridad de la familia contribuyó a que la criatura fuera recuperada ayer. La madre de Jenny Judith Seba Velasco se extrañó cuando la chica de 23 años no llegó a casa el martes. Denunció su ausencia, pero no se conformó con esperar a los resultados de la búsqueda policial. Ella misma se convirtió en detective.

Ambas estaban juntas cuando, sobre las cuatro de la tarde, una mujer blanca y regordeta de unos 30 años, identificada después como Brianda Padrón, le preguntó por el sexo del futuro bebé. Al saber que era niña, le ofreció regalarle ropa que tenía en su casa porque, según ella, iba a tener un varón. Jenny, embarazada de nueve meses, y la mujer subieron a un taxi para ir a la población cercana de Punta Arena.

Con esos datos, la madre localizó al taxista y llegó hasta la casa de la mujer. Los vecinos dijeron no saber nada de su hija, pero comentaron que vieron a Brianda con un bebé envuelto en sábanas en la carretera. Sobre la medianoche, familiares y vecinos encontraron el cadáver de Jenny Judith en un solar, con el vientre rajado hasta el útero y las vísceras brotando de su abdomen. A su lado encontraron papeles blancos y azules, hojas de afeitar y un bolso rosa. Las autoridades han distribuido la foto de la homicida y ofrecen una recompensa de unos 50.000 euros por información que conduzca a su captura. El bebé fue recuperado de casa de sus padres.

Desnuda y abierta en canal

Lamentablemente, este caso no es único. En Tabasco trascendió que Alba Lizbeth Jiménez Chable, embarazada de ocho meses, se montó en un taxi 'pirata' junto a su hijo de 3 años en Nacajuca y apareció muerta, desnuda, golpeada y apuñalada en una carretera. El niño, abandonado a su suerte, fue posteriormente rescatado; del nonato, ni rastro. También fueron los familiares quienes, extrañados porque no había llegado a su destino, alertaron de su desaparición.

Y unos días antes, una tragedia aún peor, porque fue planificada con frialdad, ocurrió en Tampico, Tamaulipas. Jessica Gabriela Hernández, de 20 años y embarazada de ocho meses, fue dada por desaparecida el martes de la pasada semana. La hallaron sin vida y sin su bebé el sábado, después de que una mujer, Cynthia Fátima, se presentara en el hospital diciendo que había abortado. Las inconsistencias de su relato llevaron a las autoridades hasta su casa, donde encontraron el cuerpo de Jessica debajo de la cama y envuelto en una bolsa de plástico.

Ambas mujeres habían contactado por Facebook, donde Cynthia presumía de su estado de buena esperanza. Haciéndose la buena samaritana, invitó a Jessica a ir a su casa para recoger ropa para la bebita. Tras el crimen, Cynthia continuó su farsa en la red social. El jueves cambió su foto de perfil para informar de la pérdida de la niña que supuestamente esperaba. Colgó la imagen de unos pies de bebé con el texto 'En el cielo hay alegría porque llegó un ángel más. Pero yo te extraño porque dejaste un gran vacío en mi vida'. Poco después la volvió a cambiar por la foto de una recién nacida de espaldas y alas de ángel y el texto 'Jamás imaginé estar tan cerca de un ángel hasta que vi a mi bebé nacer en el cielo'.

El domingo, Cynthia y su marido Omar Enrique fueron detenidos. Según las autoridades, Jéssica murió «por shock hipovolémico (pérdida de sangre y líquidos) a causa de una herida punzocortante de cavidad abdominal, lo que indica que habrían intentado sacar a la niña con vida, pero provocaron su muerte por insuficiencia respiratoria aguda, shock hipovolémico e hipotermia».

Estas historias ponen de manifiesto, como señaló Yolanda Olivares Pérez, directora del Instituto Veracruzano de las Mujeres (IVM), que «es un asunto muy grave, en donde debemos tomar medidas todas las autoridades, especialmente la Fiscalía, para que las mujeres tengan derecho a la justicia y seguridad pública».

Y es que, desde Ciudad Juárez, tristemente famosa por los asesinatos sistemáticos de mujeres jóvenes desde hace décadas, hasta el Estado de México, que actualmente encabeza las macabras estadísticas, la violencia machista se cobra un sangriento tributo. Las familias reclaman una justicia que no llega. Y quienes supuestamente deben resolver los crímenes en muchas ocasiones participan en la desaparición de pruebas. Por desgracia, el feminicidio, que solo en 2014 entró en el diccionario español, se ha naturalizado parejo a la impunidad.

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