Las muertes de jóvenes en las carreteras bajan un 75% en diez años

Accidente de tráfico en Torrepacheco (Murcia). / Antonio Gil

El año pasado fallecieron 421 personas entre los 18 y los 29 años, 1.275 menos que en 2006

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Las carreteras españolas se cobraron la vida de 1.810 personas durante el año pasado. De este total, 421 muertos tenían entre 15 y 29 años. Y aunque supone al menos un conductor, un pasajero o un peatón muerto cada día, es un número mucho más bajo que hace una década, cuando fallecieron 1.696 jóvenes en las vías. Entonces, en 2006, fallecieron 4.109 personas. Un descenso del 75% que se debe sobre todo a «una mayor educación de nuestros jóvenes», según indicó Jesús Monclús, director de Prevención y Seguridad Vial de Fundación Mapfre.

Es el sector de la población que más descenso ha tenido en esta década. Por ejemplo, según destaca el estudio 'Jóvenes y seguridad vial' de esta fundación, el sector entre los 35 y los 44 años 'solo' bajó un 54,3%, mientras que los fallecidos entre los 45 y los 55 pasaban de los 443 a los 311 (un 29,8% menos). Además, los jóvenes apuestan de forma clara (nueve de cada diez) por el uso generalizado de la tecnología, como los sistemas como el 'aloclock' -detector de alcohol que impide conducir-, el uso de cajas negras para saber las causas de un accidente o los limitadores de velocidad que impiden exceder los límites establecidos de forma automática. También abogan por endurecer las sanciones por conducir bajo los efectos del alcohol (92%), por utilizar el móvil al volante (86%), no abrocharse el cinturón de seguridad, no usar sillitas infantiles o no cumplir con las señales de velocidad.

A pesar de estos buenos deseos, la mayoría de los encuestados confiesan que son los primeros pecadores. Seis de cada diez admiten haber viajado alguna vez como pasajero de un vehículo cuyo conductor había bebido; dos de cada diez confiesan haber ido con un piloto que había consumido cannabis. El motivo de no predicar con el ejemplo está en el temor de verse solos. Por eso, Monclús reclamó una apuesta decidida por la educación vial para «evitar hábitos peligrosos y frecuentes».

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