Lego no es un juego de niños

Lego no es un juego de niños

Las construcciones de la firma se revalorizan un 12% cada año. La nostalgia y el miedo a la volatilidad de los mercados alientan el interés de los inversores

ANTONIO PANIAGUA

Las piezas de Lego -no todas- se cotizan a precios de coleccionista. Procuran una rentabilidad más alta que los metales preciosos o la Bolsa. Los ladrillos de colores son unas de las mejores inversiones, hasta el punto de que se vienen revalorizando un 12% anualmente desde hace 15 años. Las construcciones 'El Halcón Milenario' de 'La Guerras de las Galaxias' o el Taj Mahal, ediciones limitadas que se han agotado, se venden en el mercado de segunda mano a 5.000 euros, cuando su precio de origen no superaba los 500. Nadie se hace rico con este negocio, aunque sí puede obtener unos jugosos ingresos con dejar que el tiempo obre el milagro. La congregación de adoradores del juego se nutre de los 4,7 millones de seguidores que engrosan el club de Lego.

El furor por los ladrillos de colores no es nuevo. Los inconfundibles rompecabezas, fabricados por una empresa danesa, siempre han gustado a niños y adultos. Vikingos, piratas, castillos medievales, dinosaurios, ciudades, monumentos. Todo puede ser recreado con las piezas de plástico gracias a la imaginación de la compañía nórdica que las fabrica. El grupo siempre ha estado a la última y ha sabido detectar rápidamente las modas y preferencias del público. Por eso se ha mostrado presta a lanzar montajes inspirados en Harry Potter, los Cazafantasmas o Indiana Jones. Cualquier icono popular se puede armar pieza a pieza.

Lo que hace poco era un simple juguete ha devenido en un valor refugio, una propiedad estratégica como ha sido tradicionalmente el oro. A raíz de la gran crisis económica, los inversores han diversificado sus intereses para no quedar desprotegidos por bienes tan volátiles como las acciones bursátiles.

Las bajas tiradas y la creación de ediciones especiales han hecho que los precios de algunos productos estén por las nubes. No hablamos de cajas básicas, sino de maquetas con cientos de piezas y sin desempaquetar. Y, por supuesto, en perfecto estado de revista.

Webs especializadas como BrickPicker.com se dedican a registrar la evolución de los precios de las infinitas variantes de Lego. Ed Maciorowski, fundador con su hermano Jeff de la página, se ha dedicado a invertir en el producto y con la rentabilidad alcanzada ha podido pagar con holgura la universidad de su hijo. De muestra un botón: la reproducción de la Torre Eiffel, compuesta de 3.428 piezas, supera los 3.000 euros, cuando al salir al mercado costaba 300. En algunos casos el crecimiento del valor puede llegar al 2.200%. Como en toda economía capitalista, siempre existe el peligro de que estalle la burbuja. «En ese caso, si la inversión pincha, a uno siempre le queda el Lego para jugar», bromea Maciorowski.

Subastas en internet

Esta locura está siendo alimentada por la nostalgia y un ejército de adultos que de niños adoraban estos juegos y ahora disponen de ingresos extras que no saben dónde colocar. Pero además el desenfreno especulativo ha sido avivado por un factor que tiene su origen en EE UU. En este país el sector de los juguetes que se ensamblan es uno de los más prósperos.

La legomanía ha encontrado un caldo de cultivo propicio en internet. En la web de subastas eBay hay 428.000 ofertas de productos relacionados con la firma danesa. Por si el ambiente no estuviera ya suficientemente caldeado, se pueden encontrar en la red reuniones virtuales de 'afols', adultos que enloquecen por uno de estos juegos, y sitios dedicados exclusivamente a asesorar a inversores principiantes. Por haber hay hasta una suerte de enciclopedia en línea (Brickipedia) con todo el saber acumulado sobre este tipo de juguetes.

La revalorización del Lego obedece a leyes misteriosas y que están en continua mudanza. Las construcciones grandes y sofisticadas suelen cotizarse más que las pequeñas, y las vinculadas a películas taquilleras se venden como rosquillas. Al fin y al cabo, lo mismo ocurre con las muñecas Barbie.

No siempre el tiempo vuelve más preciados los ladrillos de juguete. Las gamas más recientes, las aparecidas en los últimos tres o cuatro años, son muy codiciadas por los coleccionistas porque reúnen más detalles. En el terreno educativo también el producto tiene su ascendente. Los ladrillos de plástico son elogiados por los pedagogos, que los consideran una buena herramienta para alentar la resolución de problemas y la creatividad de los niños.

El principal lastre para los inversores es el espacio. A diferencia de las acciones, las monedas o los sellos, las cajas de las maquetas de Lego son voluminosas. La rotura de los embalajes devalúa hasta la mitad el precio del juguete en el mercado de segunda mano. Es una paradoja, pero las piezas de Lego, como refugio para inversores, hay que ponerlas lejos del alcance de los niños.

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