Una imitación china de Laika

Imagen de la perra Laika, el primer ser vivo en el espacio. / TASS
Imagen de la perra Laika, el primer ser vivo en el espacio. / TASS

El gigante asiático intentó mandar dos perros al espacio una década después del éxito de la URSS

DANIEL ROLDÁN

La carrera espacial fue un combate entre dos gigantes, Estados Unidos y la Unión Soviética, tanto en el campo de la tecnología como en el de la propaganda. El país paradigma del comunismo se apuntó los dos primeros tantos: el 3 de noviembre de 1957, consiguió mandar al espacio al primer ser vivo, la perra Laika; el 12 de abril de 1961. Yuri Gagarin se convertía en el primer ser humano en llegar al espacio exterior. Adelantaba por 23 días a Alan Shepard, el primer estadounidense en ser lanzado al espacio. Después, sería el quinto hombre en pisar la Luna.

Todos estos avances y anuncios eran mirados por el mundo con asombro y curiosidad. Algunos con envidia, como los chinos. El otro gran país comunista quería hacerse un hueco en la escena internacional y demostrar su valía. Por tanto, también se apuntó a la carrera espacial. Sus primeros experimentos fueron con animales pequeños, pero no daban los datos necesarios para que puedan ser parecidos a los de un ser humano. Así que en 1966, apostaron también por llevar unos canes al espacio. Pero además de superar una serie de pruebas para poder viajar al espacio exterior, como soportar cien decibelios de ruido, debían ser guapos. No valía cualquier animal. Así que se montó una selección de cien cachorros criados para ser estrellas de circo en el condado de Guangde -cerca de Shanghái- para que se eligieran a los animales más capaces. Little Leopard y Shan Shan, dos perros mestizos de tres años, fueron los elegidos.

Los dos perros comenzaron su entrenamiento, según destacó ayer el periódico 'South China Morning Post'. Los científicos chinos habían previsto realizar dos lanzamientos desde una base secreta en el sudeste del país. El medio de transporte era el cohete T-7A, creado por los propios ingenieros chinos. Tenía todo tipo de elementos para monitorizar a los animales, que incluso llegaron a llevar un sensor insertado en la arteria principal del cuello. Los científicos estaban obsesionados con esos datos y cómo se podían usar para el primer astronauta chino.

Una vez terminados todos los ajustes, procedieron a llevar a Little Leopard a su cohete. Pero el pobre perro entró en pánico. Había que subir en una cesta a una altura de 22 metros. No había manera de razonar con él. A los investigadores no se les había ocurrido la posibilidad de incluir un plan de entrenamiento para tratar el mal de altura, así que tuvieron que pensar una solución rápida. Según desveló la Academia de Ciencias de China, uno de los cuidadores del perro, Zhao Xiuhua, subió con él y lo pudo meter en la cápsula.

El cohete salió, pero no llegó a órbita; el transporte de Shan Shan tampoco llegó a órbita y además se perdieron todos sus datos. Pero ambos perros regresaron a tierra y recibieron diferentes honores. No se sabe nada más de ellos. El programa con animales se canceló y China no logró tener un astronauta en el espacio hasta 2003.

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