Un iceberg a la deriva

EFE

El bloque de hielo desprendido de la Antártida puede tardar años en desplazarse o acabar fragmentado | Los satélites no le pierden ojo

FERNANDO MIÑANA

Qué ocurriría si Cantabria o la provincia de Alicante se desprendieran de la Península Ibérica? ¿O que la isla de Bali de repente empezase a ir a la deriva? Pues algo así ha sucedido en la Antártida, el continente helado donde no hay árboles ni pueblos pero es más grande que Europa. Un iceberg gigantesco, de 5.800 kilómetros cuadrados y un billón de toneladas, se ha separado de la plataforma Larsen C, en la península que apunta hacia la Tierra de Fuego. Lo han bautizado como A-68 y tiene a prestigiosos ciéntificos muy pendientes de él. Lo observan a través de los ojos de los satélites 'Sentinel-1', de la Agencia Espacial Europea (ESA), y 'Modis', de la NASA, desde donde vigilan sus pasos y la brecha que lo separa del continente, que ya es de 3,8 kilómetros. Porque la gran duda ahora es qué pasará con esta mole de 1.155 kilómetros cúbicos de hielo. Si fuera capaz de mantenerse así y derivara hacia el estrecho de Drake, algo que se prevé poco probable, los buques se encontrarían con Cantabria o Alicante en medio del mar, toparían con un obstáculo de 160 kilómetros de longitud.

De momento no hay por qué alarmarse. Es invierno en el hemisferio sur y, aunque eso dificulte su monitorización -las horas de luz son escasísimas y las nubes entorpecen la visión-, eso significa que el mar de Weddell está helado y ralentizará sus movimientos durante meses. Después, todo son especulaciones. Unos expertos dicen que se fragmentará en mil pedazos, otros que, por el efecto Coriolis, la rotación de la Tierra, se mantendrá cerca de la Antártida, y el resto de la comunidad científica que si llega al extremo de la Península Antártica, lo lógico sería que las corrientes lo desplazaran en dirección nordeste, hacia las islas de Georgia y Sandwich del Sur, donde las aguas más cálidas del Atlántico Sur acabarían con él.

"Parte del hielo puede permanecer en la zona durante décadas", apuntan los expertos

«Los icebergs de gran tamaño suelen romperse pronto en varias piezas grandes. Es su patrón típico», afirma Ted Scambos, del Centro Nacional de Datos sobre Hielo y Nieve. Ya ha empezado a ser así y del A-68 se ha partido algún trozo. Aún así, los científicos monitorizan los movimientos de cada fragmento para que no haya peligro: esos témpanos más pequeños sí pueden derivar hacia el norte con más facilidad.

El iceberg, que promedia un grosor de 190 metros, con algún punto que supera los 200, no tendrá una incidencia directa en la subida del nivel de los océanos en el planeta, pero sí que ha mermado un 12% la superficie de la plataforma Larsen C, de 48.600 kilómetros cuadrados. Las plataformas son estantes de hielo flotantes adyacentes a la tierra. Los hay en la Antártida, pero también en Groenlandia o en Canadá, y son fruto de los glaciares que desembocan en el mar y que a veces se extienden decenas de kilómetros hacia el océano. La más grande de la Antártida es Ross, con 472.960 kilómetros cuadrados (como Camerún y un poco menos que España). Las barreras de hielo ralentizan la salida del glaciar y evitan que vaya directamente al mar.

La Larsen, en la Península Antártica, debe su nombre al explorador noruego Carl Anton Larsen, que en 1893 navegó por esta zona y descubrió la barrera de hielo, que se divide en varios estantes. Larsen A, la más pequeña, se desintegró en enero de 1995; Larsen B colapsó en febrero de 2002 y dejó cientos de témpanos.

Chile, pendiente

De ahí que las universidades de Swansea y Aberystwyth, en Gales, pusieran en marcha el Proyecto Midas para estudiar Larsen C a partir de 2014, una actividad que se multiplicó después de que la científica Daniela Jansen descubriera la grieta en la plataforma que avanzaba en paralelo al mar de Weddell. Hasta que, finalmente, se desvió hacia la orilla y el 12 de julio se fracturó. Adrian Luckman es uno de los pilares del Proyecto Midas y augura en un artículo el futuro de A-68: «Puede seguir siendo una pieza, pero es más probable que se desintegre en fragmentos. Parte del hielo puede permanecer en la zona durante décadas, mientras que otras partes del iceberg pueden ir a la deriva hacia el norte, hacia aguas más cálidas».

En Chile y Argentina, los países más próximos, están especialmente expectantes por este témpano monitorizado por la Agencia Espacial Europea, varias agencias estadounidenses y la Armada chilena, donde aseguran que no supondrá un peligro para el tráfico marítimo porque los icebergs reciben un seguimiento por satélite. Luckman no ve una relación directa con el cambio climático, aunque advierte que los estantes de hielo son sensibles al calentamiento atmosférico desde arriba como al calentamiento del océano desde abajo. Y señala que el desarrollo de las fisuras y el parto de los icebergs son parte del ciclo natural de una plataforma de hielo, que lo inusual de A-68 es su tamaño, uno de los icebergs más grandes que se han conocido.

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