El hombre que ajusta a los caballos

El valenciano Mario Soriano es uno de los pocos profesionales de la quiropráctica y osteopatía equina de España. Tampoco se le resisten perros, tortugas o palomas mensajeras

Mario Soriano, interviniendo a la yegua Señorita. / Á.G.D.
Álvaro G. Devís
ÁLVARO G. DEVÍS

«Va a estar muy bien porque es muy curioso». Esta es la frase que más repite Mario Soriano a lo largo del día en el que se elabora este reportaje. Y la verdad es que su labor como quiropráctico y osteópata de animales no deja indiferente a casi nadie. Cuando Soriano terminó la carrera de veterinaria no esperaba acabar dedicándose a aplicar métodos tan normalizados en la medicina humana pero que suenan tan heterodoxos si se aplican a los animales.

Tras unos años en la Administración Pública, decidió cambiar de vida y buscarse una profesión con la que vivir y desarrollarse. Fue entonces cuando su vocación por las medicinas alternativas y la conciencia de que todo en la salud no eran vacunas le llevó hasta una tendencia que entonces era muy marginal a nivel nacional. Estudió un curso en Estados Unidos, uno de los pocos países que han reglado esta disciplina. En España ejercen con título menos de una docena de personas, un cálculo estimado, más teniendo en cuenta que el habitual intrusismo en el gremio puede sumar otros veterinarios.

Sus pacientes equinos -su especialidad- le llevan por todo el este de la Península, desde Murcia hasta Cataluña y cuenta además con una consulta en una clínica veterinaria en la Avenida del Puerto, donde atiende principalmente a perros.

El trabajo de Mario no se aleja nada de lo que conocemos como quiropráctica y osteopatía humana, aunque no deja de resultar curioso ver a un veterinario ajustando una pata a un caballo inmenso o palpando la columna a una tortuga. La gran mayoría de técnicas que desarrolla son una traducción de las mismas que se aplican en personas, todo es tan nuevo que la experimentación y la experiencia son sus manuales. Los resultados hablan por ellos mismos.

Mario Soriano explora el cuello de Señorita.
Mario Soriano explora el cuello de Señorita. / Á.G.D.
11:00
Poble Nou (Valencia)

Señorita

La primera sesión del día lleva a Soriano a una hípica en Poble Nou, a las afueras de Valencia. Su paciente es Señorita, una yegua de competición que examina un par de veces al año. Este perfil es uno de los más comunes: caballos en los que se invierte mucho para competir y cuyos dueños intentar llevar a su máxima capacidad de cara a la temporada de certámenes sin hincharles de vacunas y medicamentos. Mario les ofrece una alternativa: cuidarles periódicamente y explorar qué dolencia puede estar afectando al bienestar del animal: «los caballos en la naturaleza son presas y no se pueden permitir mostrar una cojera. Cuando exteriorizan el dolor seguramente será la punta del iceberg de una dolencia mayor. Lo interesante es llegar antes de que el animal tenga que parar», cuenta.

El dueño ha detectado que el animal no se mueve igual si hace un recorrido en un sentido que en el otro. Tras observar cómo da vueltas a un pequeño ruedo en la hípica, Soriano explora, con sus manos la cadera, la columna y el cuello, y encuentra bloqueos en las tres zonas.

'La palanca larga', una juste de cadera que consiste en levantar la pierna de la yegua en un sentido concreto rápidamente.
'La palanca larga', una juste de cadera que consiste en levantar la pierna de la yegua en un sentido concreto rápidamente. / Á.G.D.

Una de las técnicas que le aplica, 'la palanca larga', consiste en levantarle la pata, casi tan largo como el propio Mario y forzar un movimiento para ajustar su cadera. «Los caballos no hacen 'crac' porque sus articulaciones son muy fuertes y retornan el movimiento muy rápidamente», comenta mientras realiza la manipulación. La naturaleza de los animales es mucho más fuerte que la de los humanos, «son muy agradecidos y menos quejicas», por lo que los avances se notan casi instantáneamente, desde la primera sesión: «En el momento en el que notan que lo que les haces les está viniendo bien, se dejan mucho, aunque siempre hay que tener cuidado: no dejan de ser animales de cientos de kilos». Pregunta clásica -dice-: ¿alguna vez te ha pegado un caballo? «No, estuve de baja hace unos meses porque mientras estaba manipulando a una yegua vino otro a por él y me llevó por delante». Y añade una frase que se puede aplicar a casi todo en la vida: «Nunca les tengas miedo pero nunca les pierdas el respeto». Además de la técnica, esto tiene mucho de psicología. Mario no les susurra, ni les habla, pero les acaricia, tranquiliza y les silba, que es una manera muy común de 'conectar con los caballos'.

Las manos de Mario actúan como un escáner y un bisturí a la vez. Durante 20 minutos el animal se deja hacer y Soriano recompone su cuerpo. Termina la sesión aplicándole unas bandas muy comunes entre los runners, los tapes, que intenta equilibrar la tensión entre los músculos. Otra técnica que muy común en medicina humana que se ha sabido adaptar a animales.

Pepe, en la sesión de rehabilitación. / Irene Marsilla
16:15
Avenida del Puerto (Valencia)

Pepe, Sor y Madi

Ya en una clínica veterinaria situada en la Avenida del Puerto, donde comparte consulta con más veterinarios, Mario recibe la visita de Jose y Paco, una historia con el que el osteópata le gusta ejemplificar el potencial de la disciplina. Paco es un labrador de unos 40 kilos al que una vacuna con la leishmaniosis le dejó casi paralizado. Pasó de ser sacado a la calle a ser arrastrado y perdió toda la vitalidad que le hacía único. Una veterinaria de Albacete (donde residen perro y amo) remitió a Jose, médico neurocirujano de profesión, a la consulta de Mario. «Fue milagroso, se recuperó enseguida y ahora envejece como toca», cuenta el hombre que se encarga cada tres semanas de meter a Paco en un coche, hacer la hora y media de trayecto Albacete-Valencia para una sesión de 20 minutos y vuelta a la ciudad de La Mancha.

El perro celebra con su rostro y su cola entrar a la clínica. La auxiliar que le recibe le da un premio de bienvenida, el animal se conoce el camino a la consulta, acerca su hocico y acoge a las cámaras presentes y se tumba directamente para recibir los ajustes necesarios. «Cuando un perro va a una clínica veterinaria normalmente se muestra hostil porque sabe que le van a vacunar, a operar, a hacerle daño... Muchas veces no sienten en qué les influye el sitio al que están yendo. Sin embargo aquí cuidamos mucho que se estén cómodos, y conforme se les va tratando se sienten mejor», comenta Soriano. Mientras, Jose mira con perplejidad todo lo que pasa, dice Mario que es lo que más parecido que tiene a un fan.

Mario aplica las agujas en el cuerpo de Sor.
Mario aplica las agujas en el cuerpo de Sor. / Á.G.D.

Unos minutos más tarde aparece María con Sor y Madi, dos bulldogs que, a pesar de ser hermanos, no han tenido la misma suerte. Uno de ellos fue intervenido de una hernia discal tras quedarse tetrapléjico en las extremidades posteriores, tras el plan de rehabilitación que le diseñaron, ahora no se puede distinguir quién de las dos mascotas sufrió la cirujía. En esta ocasión, Soriano le aplica una técnica que es una especie de acupuntura occidental, cuyas raíces está más en el estudio de la fisiología que en las medicinas alternativas. Otra vez, el perro accede encantado a que le suban a la plataforma de metal, le sienten, y le claven unas agujas que le conectan a unos cables que le aplican estímulos electricos. Otra vez, la dueña asiste a la consulta confiada y encantada por los resultados.

¿Cómo explicarle a los dueños de perros, gatos o caballos la importancia de este mantenimiento? «Tanto a nivel ético, por las dolencias que pueda sufrir el animal, como a nivel económico, es mejor prevenir que acudir a la cirujía, aunque haya casos en los que obviamente se tenga que aplicar», responde, haciendo especial hincapié en algunas razas de mascotas que tienen especial predisposición a este tipo de dolencias físicas.

El desconocimiento es el mayor enemigo

«Hay casos de personas que acuden a un fisioterapeuta para dolencias suyas y llevan a su mascota con una dolencia parecida a un veterinario común. Entonces se dan cuenta de existe esta posibilidad». Esta es la manera en la que Soriano explica que el principal problema a combatir es el desconocimiento, no solo de los dueños, sino también entre los veterinarios. «Tenemos casos derivados de otros veterinarios que ven que la cirujía no ha sido suficiente pero también hay gente que no está muy dispuesta a colaborar», comenta refiriéndose a sus compañeros de gremio.

Dice Mario Soriano que en los últimos dos años el conocimiento, aceptación y práctica de la quiropráctica y osteopatía se han multiplicado. «Nos hemos puesto en contacto entre nosotros, nos damos a conocer a través de las redes sociales, nos derivan más casos... Todo ha cambiado mucho y a mejor, pero esperamos aún más», comenta con ilusión pero también con mucha serenidad.

El futuro de esta tendencia de la veterinaria en España, que sigue siendo más que minoritaria, pasa -cuenta Soriano- por academizarla: «Tenemos que hacer estudios que avalen nuestro trabajo, que se nos conozca, que haya cátedras, posgrados...». Su principal objetivo, a través de una asociación que han creado él y algunos compañeros del resto de España, es «que todos los estudiantes de veterinaria conozcan, aunque solo sea de pasada, que esto existe y que es un método que pueden estudiar y aplicar o derivar».

En este sentido, ya existe un primer posgrado semireglado de esta disciplina y se está intentando hablar con varias universidades para hacer talleres, además de hacer la primera tesis sobre la materia. Todos los esfuerzos van dirigidos a dejar de ser un bicho raro, huir del escepticismo y normalizar las técnicas igual como lo está en la medicina humana.

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