Hassen-Bey mueve el mundo para recuperar su 'handbike'

Hassen-Bey mueve el mundo para recuperar su 'handbike'

Se la robaron el día de su cumpleaños, pero la deportista parapléjica no quiere venganza ni justicia.«Sólo quiero mi bici, ahora es mi vida»

FERNANDO MIÑANA

Con cuatro años se vio envuelta en un accidente de tráfico. Alguien, con tan buena voluntad como desconocimiento, la cogió en brazos, la trasladó a un 'Dos Caballos' y la sentó. Al llegar al hospital, repitió la operación y luego la dejó de pie. Entonces se desmayó. Su médula no lo soportó más. Cuando despertó era una niña sentada en una silla de ruedas. Para toda la vida. Aquel traspié coincidió con la creación del hospital de parapléjicos de Toledo y aquella chiquilla, cuatro añitos, era la más pequeña de todos los pacientes cuando la reina Sofía lo inauguró y le entregó un ramo de flores.

Gema Hassen-Bey (Madrid, 1967) celebró el domingo su cumpleaños. Cincuenta velas. Acababa una semana intensa, la semana del World Pride en Madrid, y habían pedido su presencia en muchos actos porque no tiene problema en decir que es lesbiana, que antes tuvo una larga relación con un hombre y que hasta se lió con una rival en su etapa de tiradora de esgrima, una mujer con la que luchaba enconadamente con la espada o el florete y con la que luego se entregaba apasionadamente. Su sorpresa fue que en el mundo paralímpico, donde todos luchan por la inclusión, fue un motivo para verse excluida por los hombres.

Hassen-Bay, de raíces turcas, a quien han llamado de todas las formas imaginables, incluida Häagen-Dazs, como los helados, entregó su imagen a su ciudad con la idea de respaldar al colectivo LGTB durante estos días de reivindicaciones. El domingo venía de participar en el desfile del Orgullo y, antes de ir a otro evento en la Puerta de Alcalá, estacionó su coche en una plaza para discapacitados con un remolque donde amarró la 'handbike' con la que había desfilado -una especie de bicicleta adaptada para pedalear con las manos- con cuatro candados. Al regresar, de madrugada, descubrió que se la habían robado.

Hassen-Bay ya no es aquella niña asustada de cuatro años que no pudo ir al colegio, que se tiró larguísimas temporadas en el hospital de Toledo, sino una mujer hecha y derecha que ha participado en cinco Juegos Paralímpicos (sin falta desde Barcelona'92 hasta Pekín'08) con cuatro medallas, una persona polifacética que ha trabajado como actriz (la película de Almodóvar 'La carne trémula' o la serie 'Periodistas'), presentadora de televisión, locutora de radio y mil cosas más. Es una «espartana del siglo XXI», como se ha definido alguna vez, que tiene un lema grabado a fuego en una mente irrompible después de tantos años de batalla: «Si te mueves, el mundo se mueve contigo».

Así que no se quedó en el lamento. No lloró la pérdida de un vehículo que le habían hecho ex profeso en Polonia; a medida, con un coste de 15.000 euros y diseñado para aprovechar al máximo las cualidades físicas de Hassen-Bey, que no puede mover las piernas pero sí los brazos. Ella prefirió moverse para mover el mundo. Hassen-Bey mandó un mensaje a todos sus contactos, que son muchos e influyentes, y empezó a hacer ruido para recuperar su 'handbike'.

Ascender al Kilimanjaro

«Ahora mismo es mi vida», advierte la deportista, que lleva dos años emperrada en avanzar en un reto gigantesco: coronar algún día el Kilimanjaro, el techo de África (5.985 metros), con este moderno prototipo, un triciclo con dos ruedas delanteras y una trasera. No quiere justicia, solo su 'handbike'. «No voy a denunciar al que lo ha hecho. Solo quiero que sepa que es parte de un proyecto solidario y que lo único que pretendo es recuperarla y que la historia tenga un final feliz», advierte con su dulce timbre de voz. Por eso abre una puerta para un arrepentido, la iglesia de San Antón, en la calle Hortaleza de Madrid, donde puede dejarla anónimamente. Hassen-Bay conoce la parroquia porque llevó allí a su chihuahua. Es la sede del Padre Ángel, el hombre que fundó Mensajeros de la Paz en 1962 para trabajar en la integración de los más vulnerables.

La cadena ya está en funcionamiento y Gema está «convencida» de que recuperará rápidamente su 'handbike' y podrá seguir con la preparación del siguiente escalón de su proyecto, el ascenso al Teide en otoño. «Esto me corta. Sin mi bicicleta no puedo entrenar y arruina mi preparación», detalla. Más adelante vendrá el Kilimanjaro. Pero no es una obsesión. Le importa mucho más el camino, superar los obstáculos que vayan surgiendo, que hacerse una fotografía en la cumbre. Ella prefiere moverse y mover el mundo.

Fotos

Vídeos