Goles por calderilla

Goles por calderilla

El fútbol femenino español vive «resignado» su maltrato económico: con suerte, cobran el salario mínimo. En Dinamarca, EE UU e Inglaterra las jugadoras se han plantado: o equiparan sus sueldos a los hombres o cuelgan las botas. Y van ganando

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Las mujeres en España vienen de fábrica con muchos boletos debajo del brazo para percibir un 15% menos de retribución por hacer el mismo trabajo que los hombres. Si además del puesto laboral se añaden otras variables, como los contratos a tiempo parcial, las jornadas reducidas o las dificultades de acceso al mercado laboral, la brecha por ingresos se dilata al 35%. El sexo débil -como la Real Academia de la Lengua Española persiste en definir al «conjunto de las mujeres»- se muestra, en efecto, enclenque y flojo cuando se trata de cobrar. Por gremios, las que eligen saltar al campo y chutar van en lo alto de la tabla.

En un país en el que la industria del fútbol supone el 1% del PIB (en dinero, el equivalente a 10.000 millones de euros), la mayoría de las futbolistas de Primera División se contenta con percibir el salario mínimo interprofesional. Es decir, 707,60 euros al mes, frente al sueldo base de 13.000 euros -eso sin contar pluses varios y premios, como el de antigüedad- que se embolsan sus homólogos masculinos con peor ficha. Fuera de nuestras fronteras, la discriminación también tiene prácticamente rango de ley. Sin embargo, el agravio económico ha levantado en armas a varios equipos femeninos, que han dado un puñetazo en la mesa y han exigido a las respectivas autoridades deportivas que pongan punto final a esa marginación.

Las últimas han sido las danesas. Hace unas semanas, la selección femenina de fútbol de Dinamarca se plantaba ante su federación y le lanzaba un ultimátum: o propiciaba un convenio que equipare sus condiciones económicas a la de los internacionales de ese país nórdico o se declaraban en huelga. El plante acabó forzando la suspensión, hace unos días, de un amistoso con Holanda. Según la organización deportiva, les ofrecieron un incremento del 46% en salarios, extras e ingresos por taquilla y ellas respondieron reclamando uno del 342%. «No se trata de hacernos ricas, se trata de que no tengamos que compaginar el fútbol con un trabajo, a tiempo completo o parcial, o con los estudios. Queremos centrarnos al 100% en el campo», explicaba, a través de un comunicado, Pernille Harer, capitana de las vigentes subcampeonas de Europa.

El enquistamiento del conflicto, que se prolonga desde hace diez meses, ha llevado a la selección masculina a mover ficha y ceder parte de sus ingresos. En un inédito gesto por aliviar la situación económica de sus colegas -de las que no ha trascendido su retribución-, renunciarán a 500.000 coronas al año (67.000 euros). Lo mejor de la iniciativa, la razón que han esgrimido: «Las mujeres no deben tener menos derechos que nosotros por ser mujeres. No se trata sólo de dinero, sino también de principios», ha explicado Simon Kjær, defensa del Sevilla y capitán de la selección danesa. El equipo ha ido más lejos y ha pedido a su federación que garantice los derechos básicos y los mismos acuerdos para todos sus jugadores, sin diferencia de sexos.

En Estados Unidos, el país con el balompié femenino más respetado y competitivo, la Comisión de Igualdad de Empleo acaba de fallar a favor de las cinco internacionales que interpusieron una querella contra la máxima autoridad de su disciplina por «discriminación salarial». «Hemos ganado tres Mundiales y cuatro torneos olímpicos. Somos las mejores del mundo y los jugadores del equipo masculino nacional ganan más que nosotras», denunciaron en su día. Hasta un 40% más. Ahora, les han dado la razón y tendrán un nuevo convenio salarial válido por cinco años y más beneficios.

«El dinero aquí es tabú»

Infinitamente más modesto pero con una solera de 132 años, el club británico Lewes FC se ha convertido esta temporada en el primero del planeta en pagar lo mismo a mujeres y hombres -100 libras (112 euros) a la semana por cabeza-, y en dotar a sus respectivos equipos del mismo presupuesto y recursos. Entretanto, lo que ocurre en España es secreto de sumario. «Lo que cobran las futbolistas es un tema tabú», coinciden en constatar tres icónicas jugadoras de la selección de distintas épocas, las ex porteras Ainhoa Tirapu y Eli Capa, y la capitana hasta este verano y 62 veces internacional, Verónica Boquete.

Sin pretenderlo, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) lo corrobora al escudarse en su naturaleza de «empresa privada» para negarse a revelar ningún dato sobre sus salarios. Los clubes, por su parte, delegan en sus responsables de comunicación el cierre con candado de todas las puertas de acceso a las jugadoras cuando se trata de hablar de dinero. «Tienen su asignación mensual y su seguridad social», se limita a comentar a este periódico, bajo la condición de no identificarse, el encargado de prensa de unos de los clubes más importantes de España. Parapetado en el anonimato que impone para conversar, se despacha: «El equipo femenino es una inversión. Su retorno es nulo. Un club de Primera tiene al año unos gastos de unos 40 millones. Sus ingresos vienen por el 'merchandising', los derechos de televisión y los socios, más la taquilla. ¿Qué ingresos proporcionan ellas? Es meramente testimonial. Además, con los sueldos que cobran los hombres en la élite, es imposible soñar con una equiparación».

- Precisamente por lo obsceno de algunos de sus cachés, tal vez lo suyo sería ajustarlos a la baja y equilibrar.

- Ellos pueden proporcionar 50 millones por los derechos de televisión de un partido. En los países nórdicos, las futbolistas son ídolos. Aquí están ninguneadas».

La exguardameta donostiarra Eli Capa se rebela contra la «cantinela de siempre». «Si no promocionas el fútbol femenino, no se sabe si interesa. Lo que no se ve, no existe. Por eso mismo no les conviene hacernos visibles. Si lo fuéramos, habría que repartir mejor el pastel», ataja sin pelos en la lengua.

La irrupción por primera vez, hace dos temporadas, de un patrocinador en la Liga femenina ha permitido a estas deportistas abandonar la «precariedad» y subirse al carro de la esperanza. Iberdrola exigió para ello lo nunca visto hasta la fecha, que las deportistas con ficha para jugar en la máxima categoría cobraran un salario mínimo y Seguridad Social. «Hasta entonces, la federación no permitía que tuviéramos categoría de futbolista profesional, con lo que te hacían contrato de secretaria o de fisio. Así era el mundo de la mujer en el fútbol en España hasta ayer», ironiza Capa. Con la seudoprofesionalización de las mujeres, el sindicato del gremio, la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), dejaba de ser exclusivamente masculina hace exactamente quince meses.

En paralelo, otros avances. Cada fin de semana se puede ver por televisión algún partido de la Liga Iberdrola y La Quiniela incluyó la semana pasada el primer partido femenino de Primera. «Sí, las cosas han mejorado un poco. Pero también hay mucho de maquillaje. Por eso hay mucha resignación», admiten las tres deportistas. Y no sólo porque el 1x2 nunca ha estado más de capa caída que ahora, con un descenso del 50% de sus ingresos en ocho años. A pesar de los último fichajes del Barça femenino a extranjeras, a las que paga hasta 6.000 euros al mes, «aún quedan muchas que cobran 300, e igual me paso», añade Eli Capa.

Boquete, un talento alistado hoy en las filas del Paris Saint Germain tras patearse los campos de Estados Unidos, Suecia y Alemania, evoca desde la capital francesa el pequeño motín que la selección protagonizó hace un par de años tras su paso por el Mundial celebrado en Canadá. «Conseguimos después de años que nos subieran la dieta diaria de 25 euros a 40 euros. Como dar un caramelo a un niño. Pero, por desgracia, nos han acostumbrado a 'esto es lo que hay y no pidas más'», se duele.

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