La generación desconcertada

La generación desconcertada

Estigmatizados como frívolos, narcisistas o insolidarios, los 'millennials' buscan su hueco en una sociedad que los exprime | Les hicieron creer que el mundo sería suyo, pero padecen el doble de paro y cobran la mitad por los mismos trabajos

JOSEBA VÁZQUEZ

Perplejidad. Los resultados arrojados por un estudio realizado en el Reino Unido entre 16.000 personas nacidas en 1989 y 1990 -difundidos hace apenas unas semanas- han generado una extrañeza generalizada; completa incredulidad en muchos casos. Dice el informe, administrado por la University College London, que uno de cada ocho de los encuestados llegó virgen a los 26 años. Da lo mismo el prestigio acumulado durante casi dos siglos por el organismo que firma la investigación; ese porcentaje del 12,5% de individuos que se confiesan castos y castas a tan madurita edad chirría como una puerta desengrasada. Mikel Resa, vicepresidente de la Asociación Estatal de Profesionales de Sexología, directamente niega verosimilitud al documento. «Desconozco los detalles del estudio, qué y cómo se ha preguntado, pero mis datos no cuadran con los suyos. No me lo creo». Resa, que a lo largo de un curso da charlas a cerca de 2.500 jóvenes en decenas de centros escolares, recuerda que «la edad media en que se tiene la primera relación coital en la Unión Europea está entre los 16 y 18 años».

Como coetáneos de los investigados británicos, tampoco ofrecen más credibilidad al dato César López, estudiante de Filosofía de 22 años, ni Oihane Eguren, arquitecta de 31. «No tengo conocimientos sobre la sociedad inglesa, pero, para un ámbito como el español, esa estadística no concuerda. Es impresionante», dice el primero. «Me cuesta darle crédito -agrega la segunda-. De hecho, creo que la edad ha bajado muchísimo porque el sexo se banaliza y desde jovencita te sientes muy presionada socialmente, por el grupo y por las redes, para mantener relaciones. Parece que si no las tienes no eres aceptada». Con sus diferencias de edad y de situación, Oihane y César pertenecen a la que se ha dado en llamar 'Generación Millennial'. O 'Generación Y'. Un grupo, al igual que sus antecesores, perfectamente heterogéneo. Más quizás en su caso, para el que no existe consenso a la hora de delimitar un comienzo y un final. Según la fuente que se consulte, se considera 'millennials' a los nacidos de 1980 a 2000, de 1984 a 2002, o de 1981 a 1997. Una ensalada difícil de aliñar. Máxime si se tiene en cuenta que, a nivel mundial, el 60% de sus integrantes no se identifica con la etiqueta que se les ha asignado, según el estadounidense Centro de Estudios Pew.

Crisis y tecnología

Será seguramente porque a esta tribu, que para el año 2025 supondrá en torno al 70% de la fuerza laboral en el mundo, se la ha estigmatizado con una larga lista de adjetivos poco cariñosos. Tachados de frívolos, narcisistas, egoístas, malcriados, perezosos o poco comprometidos, ¿quién va a desear ser considerado 'millennial'?

Ellos cargan estoicamente con esta cruz que distintas voces contribuyen a hacer más pesada. En 2013, la revista 'Time' dedicó al grupo una de sus cotizadas portadas con el concluyente título 'The me me me generation', lo que viene a ser 'La generación del yo yo yo'. No hacía falta leer el artículo. Por fortuna, el escenario va mucho más allá y existen estudios sociológicos que demuestran que los 'millennials' tienen, por ejemplo, mayor conciencia social y medioambiental, así como más inquitudes culturales, que sus padres o hermanos mayores de la 'Generación X', los venidos al mundo entre 1965 y 1984. También muestran un interés superior por la política, aunque desconfían de los políticos. Seguramente por ello protagonizaron el Movimiento 15-M. Sus principales preocupaciones son el empleo, la educación y la sanidad.

Hay, por supuesto, relevantes diferencias geográficas y de clase, pero a nivel global se acepta que a quienes hoy tienen menos de 37 años les definen dos condiciones comunes. «Es una generación de crisis y es una generación de revolución tecnológica», lo sintetiza Antonio Elorza, profesor de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid. En realidad, Elorza dice sentir por nuestros 'milenarios' «una especie de compasión budista». «Antes encontrábamos trabajo con rapidez y eso te permitía planificar tu vida. Ellos, sin embargo, viven en una sociedad de opulencia donde su precariedad salarial es dramática. No pueden ser solidarios, tienen que sobrevivir. Es una generación del sálvese quien pueda porque la realidad es amenazante. Esta sociedad ha roto los lazos tradicionales de inserción en el mercado de trabajo y los jóvenes se encuentran en un magma líquido, braceando desesperadamente para no hundirse. No es tiempo de utopías», añade.

Son numerosos los datos que confirman las impresiones del profesor Elorza. Baste decir que, en España, los 'millennials' padecen una tasa de paro promedio del 31,91%, casi el doble de la general (16,74%), según la Encuesta de Población Activa del primer trimestre del año en curso. Ese índice de desempleo es mayor entre los 19 y 29 años (37%) y desciende entre los 31 y 37 (16,65%). Por contra, los integrantes de esta generación cobran en sus trabajos casi la mitad -en ocasiones, incluso menos- de los 23.106 euros en que se sitúa el salario medio anual y no alcanzan esa cifra hasta acercarse a la cuarentena. La mitad de sus contratos laborales tienen, además, una duración inferior a los seis meses y la tasa de temporalidad asciende al 57% en los menores de 25 años.

Recompensa instantánea

Esta bofetada de realidad desconcierta cuando menos a chicos y chicas que, a menudo, fueron educados en situaciones más favorables. Lo explicó gráficamente en una de sus conferencias el escritor y consultor inglés Simon Sinek. «Les dijeron que eran especiales, que tendrían todo lo que quisieran en la vida, solo por quererlo. Algunos obtuvieron honores o buenas notas no por merecerlas, sino porque sus padres se quejaron a los profesores. Cuando se gradúan y obtienen un trabajo se dan cuenta de que no son especiales y de que su mamá no puede conseguirles un ascenso». El panorama se complica con el abuso de las tecnologías, en opinión de Sinek: «Las redes sociales son altamente adictivas y no contribuyen a formar relaciones profundas». En conclusión, el experto piensa que esta juventud «educada en la recompensa instantánea» necesita «aprender que cosas que importan, como el amor o el éxito laboral, la alegría y la autoestima, llevan tiempo y requieren paciencia, constancia y habilidades sociales».

Mientras asimilan esta lección, los 'millennials' que consiguen un empleo se ven a menudo condenados a sufrir una abismal brecha salarial por realizar el mismo trabajo que sus mayores. Y así su existencia se complica. Según un estudio recién publicado por CaixaBank, la riqueza neta media de este grupo de población (lo que les queda tras restar deudas a sus activos financieros e inmobiliarios) es de 3.000 euros, frente a los 63.400 de que disponía la 'Generación X' a su misma edad. El informe dice también que el 55% de los emancipados menores de 30 años vive en alquiler y que la edad media de independización en España es de 29,3 años, tres más que el registro europeo. Y según el INE, los jóvenes de 20 a 34 años que han emigrado al extranjero son ya 446.812, casi un 80% más que hace una década.

«De nuevo el viejo Marx tiene razón -dice Antonio Elorza-. Para el capitalismo es estupendo tener disponible un ejército técnicamente mucho mejor preparado que el anterior y más barato». Con cierta retranca, a sus 74 años, el profesor universitario añade una reflexión que no le va a granjear muchas amistades entre sus coetáneos: «Habría que medir bien el asunto de las pensiones, que de alguna manera se comen el trabajo de los jóvenes. Hay hordas de ancianitos viajando por el mundo, adquiriendo cultura, pero ¿qué joven puede moverse por Europa a cien euros la noche de hotel?».

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