Faenar contra corriente

Un arrastrero
holandés se 
dispone a lanzar 
sus redes 
eléctricas. / r. c.
Un arrastrero holandés se dispone a lanzar sus redes eléctricas. / r. c.

El Parlamento Europeo aboga por prohibir la pesca eléctrica. Satisface así a ecologistas y pescadores artesanales y cierra la puerta a la extensión de un método que sólo usa Holanda

JAVIER GUILLENEA

El Parlamento Europeo votó ayer a favor de prohibir la pesca eléctrica en el ámbito comunitario, un sistema que hasta ahora solo estaba permitido en algunas zonas del Mar del Norte. El resultado de la votación ha sido acogido con alegría por los detractores de este método, que habían expresado su temor a que la electropesca, a la que acusan de causar graves daños en los fondos marinos, acabara extendiéndose por todas las flotas del continente.

La decisión, que aún tiene que ser ratificada por el Consejo de la UE y la Comisión Europea, es el primer paso para poner fin a un proyecto que nació con carácter experimental e innovador hace once años y que hoy, tanto tiempo después, aún permanece en pie con la misma vocación de novedad. Una década no ha bastado para obtener evidencias científicas contrastadas sobre las bondades o maldades de un sistema de pesca calificado por algunas organizaciones ecologistas -no todas- de «altamente destructivo» y por el sector pesquero -no todo- de beneficioso para el medio ambiente.

La técnica de la electropesca, que no se utiliza en España, consiste en el uso de redes equipadas con electrodos que emiten bajo el agua una corriente que aturde a los organismos marinos y facilita la faena. Su empleo se puso de moda en China en los años ochenta para aumentar la captura de gambas, que había descendido hasta niveles preocupantes. Las descargas de los electrodos hacían saltar a los crustáceos del lecho marino y convirtió su pesca en un negocio tan agradecido que, para finales de la década de los noventa, el número de arrastreros chinos equipados con redes eléctricas superaba los 10.000.

La alegría duró lo que tardaron los caladeros en verse devastados, que fue más bien poco. El Gobierno de Pekín prohibió la pesca eléctrica para evitar una catástrofe ambiental y en Hong Kong se aprobó en 1998 la Ley de Protección de la Pesca, en la que se indica que «este sistema perjudica o incluso mata a la mayoría de los peces y otras formas de vida marina». En estos lugares la pesca eléctrica es un delito que se castiga tan severamente como la que se lleva a cabo por medio de explosivos o con sustancias tóxicas.

Lo que en una parte es delito en otra es innovación, y es lo que ha ocurrido en Europa, donde el proceso ha seguido el camino contrario. «Aquí cada vez somos más primarios, parece que se nos ha agotado nuestra capacidad de imaginación para ser sostenibles», se queja Antonio García Allut, director de la Fundación Lonxanet para la Pesca Sostenible. La UE acordó en 1998 prohibir las artes de pesca consideradas destructivas, entre las que incluyó las que hacían uso de «explosivos, venenos, sustancias soporíferas, corriente eléctrica, martillos neumáticos u otros instrumentos de percusión», pero en 2007 las autoridades comunitarias cambiaron de idea.

Presiones del 'lobby'

Ese año, la Comisión Europea abrió una puerta lateral que permitió el uso de los arrastres eléctricos, aunque solo a unos pocos. Según García Allut, «cedió a las presiones del 'lobby' holandés» y aceptó establecer una moratoria, «con carácter experimental», en ciertos caladeros del Mar del Norte y limitada al 5% de las embarcaciones. Su decisión benefició casi en exclusiva a la flota holandesa, que se apresuró a preparar sus barcos con electrodos y echarlos a la mar mientras buscaba la manera de sortear el porcentaje del 5% y superarlo. Muy pronto no quedó claro si la misión de su creciente flota era investigar nuevas técnicas de pesca o hacer negocio con ellas.

Según datos de la Administración comunitaria, en Europa hay alrededor de 85.000 buques pesqueros. De ellos solo 87 -84 holandeses y tres belgas- están equipados con redes eléctricas. «No parece mucho, pero los barcos que utilizan este sistema son muy grandes. Los de Holanda constituyen el 28% de la flota del país, sus arrastreros son los mayores del mundo», afirma Ignacio Fresco, coordinador de la campaña pesquera de WWF en Estrasburgo.

El debate de ayer en el Parlamento Europeo ha venido precedido por una intensa campaña de diferentes organizaciones en contra de la pesca eléctrica. Plataformas ecologistas y de pescadores artesanales, especialmente franceses y británicos, han pedido su prohibición. Pero el rechazo no es unánime. «Entre los propios ecologistas, las opiniones difieren; los de Holanda están a favor de este tipo de práctica», afirma Fresco, que admite incluso que en WWF «tampoco hay una posición conjunta». «Para nosotros -reconoce-, es un asunto menor; lo desastroso está en el resto del reglamento de pesca, que, por ejemplo, no regula la captura de peces pequeños».

Algo parecido, aunque desde otro punto de vista, opina Javier Garat, secretario general de Cepesca y presidente de la Asociación Europea de Armadores, quien insiste en que la polémica sobre la pesca eléctrica «no nos afecta para nada a los españoles» y no duda en desahogarse a la hora de hablar de los detractores de este sistema. «Estamos cansados de los intentos de demonización de las distintas artes de pesca por parte de ecologistas radicales que quieren cargarse el sector -acusa-. Ellos lanzan sus críticas sin ningún tipo de prueba y sin informes científicos, por eso cuando en Bruselas les empiezas a rebatir se quedan sin argumentos».

El problema, sostiene Ignacio Fresco, es que «no hay informes científicos independientes». Los holandeses, añade, «no han hallado evidencias positivas en once años de actividad experimental». Javier Garat asegura por el contrario que estas evidencias sí existen. «Los barcos están trabajando con científicos y, según las cifras que ellos dan, los descartes de capturas se han reducido en un 50% y el consumo de gasóleo, en un 46%. Además, el impacto sobre el fondo marino ha descendido en un 20%».

«Hasta el plancton»

Fresco admite que, frente a las redes de arrastre, «que destrozan todo el suelo», las de pesca eléctrica «no llegan hasta el lecho marino», por lo que sus efectos son menores. Pero no por ello las defiende. «Dicen que esto es más sostenible ambientalmente, aunque lo que se hace es sustituir una técnica malísima por otra mala», puntualiza. En cuanto a los descartes, recalca, «no es verdad que devuelven al agua la pesca que no les vale».

«Su impacto es terrible -concluye Antonio García Allut-. Las descargas afectan a cualquier especie y provocan a los peces quemaduras y roturas en el espinazo. Además, causan una elevada mortandad entre los individuos jóvenes y creemos que también en el plancton». Ante estas críticas, Garat recuerda que «la pesca eléctrica de antes no tiene que ver con la de ahora». Y, aunque insiste en que «a España no le afecta», lamenta «por solidaridad» el pronunciamiento en favor de la prohibición del Parlamento Europeo. «Nos piden continuamente que innovemos y cuando alguien lo consigue tiran a matar contra él», se queja.

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