El reparto de comida a domicilio sufre hoy la primera huelga en España

Las protestas de las últimas semanas han acabado derivando en una convocatoria de huelga.
Las protestas de las últimas semanas han acabado derivando en una convocatoria de huelga. / r. c.

Se han plantado ante unas condiciones tan precarias que no dudan en calificar de «esclavismo»

GUILLERMO ELEJABEITIA

Si el domingo 2 de julio por la tarde le apetece pedir comida a domicilio quizá no tenga quien se la lleve a casa. Los repartidores de Deliveroo, una de las empresas que hacen de intermediarias entre los restaurantes y sus clientes, estarán en huelga entre las ocho de la tarde y la medianoche del domingo, el mayor pico de demanda de la semana. Se trata de la primera vez que los trabajadores de una firma de la llamada 'nueva economía' convocan un paro en España. Se han plantado ante unas condiciones tan precarias que no dudan en calificar de «esclavismo». Sin seguro de accidentes ni baja por enfermedad, sin la posibilidad de decidir sus horarios ni negociar el precio de sus servicios, se ven obligados a pedalear sin descanso por una cantidad que, después de pagar impuestos, puede llegar a quedarse en unos irrisorios 3 euros por hora. Son el último eslabón de una cadena que, bajo la etiqueta de economía colaborativa, se mueve al ritmo del capitalismo más salvaje.

Para convertirse en repartidor de Deliveroo apenas hacen falta requisitos. Tener un 'smartphone', una bici o moto y estar dado de alta en el régimen de autónomos. Tras un par de preguntas y firmar un contrato tipo, uno está listo para comenzar a ganar algo de dinero entregando comida de casa en casa. La plataforma está pensada para proporcionar ingresos extra a estudiantes o jóvenes sin cargas familiares. Pero el maltrecho mercado laboral y las facilidades de entrada han llenado su nómina de treintañeros, profesionales en paro o padres de familia, que buscan la manera de llegar a fin de mes.

«Trabajo en una revista como 'freelance' pero no me llega, así que me puse a pedalear para completar mis ingresos», explica un repartidor que ha preferido permanecer en el anonimato. Tiene 34 años, una carrera superior y cinco años de experiencia en su actual trabajo de gestor editorial, pero el mercado laboral le ha relegado a un trabajo no cualificado y mal pagado disfrazado de autoempleo.

Es uno de los 800 repartidores que la empresa pone a disposición de restaurantes y consumidores en Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valencia. Sin embargo Deliveroo, como el resto de esta nueva hornada de empresas 'colaborativas', no emplea a ninguno de ellos. La plataforma se limita a ejercer de intermediaria a través de una aplicación móvil que localiza al repartidor disponible más cercano para hacerle el encargo. El trabajador es oficialmente autónomo y como tal corre con los gastos laborales, pero en la práctica su relación con la empresa admite poca autonomía.

«Para empezar, no se nos permite negociar el precio que nos pagan por nuestro trabajo», explica Eve Llagostera, portavoz del recién nacido sindicato 'RidersXDerechos'. Hasta ahora recibían 4 euros por entrega y la empresa les garantizaba un mínimo de dos pedidos por hora. Ocho euros a los que hay que descontar la cuota de autónomos -266 euros a partir del año y medio-, el IVA (21%) y el IRPF. El repostaje de la moto, o cualquier avería, también corren por cuenta del trabajador. Si uno se pone enfermo, o tiene un accidente, la empresa se desentiende. Si tiene que dejar de trabajar, sencillamente no cobra. «Y pasado un tiempo pueden desconectarte -despedirte- de forma unilateral», afirma Llagostera.

Tampoco tienen la última palabra sobre la duración de la jornada. Los lunes la empresa lanza un horario en el que los trabajadores registrados se apuntan según su disponibilidad, pero es la compañía la que reparte las horas en función de la demanda. «Es casi obligatorio estar disponible los fines de semana, porque si no lo estás pueden no asignarte ninguna otra hora el resto de los días». La plataforma se comprometió a darles un mínimo de 20 horas, «pero difícilmente se cumplen».

Sobrecontratación

Las condiciones son draconianas y amenazan con recrudecerse. La huelga de mañana está motivada por la decisión de Deliveroo de comenzar a pagar solo por cada encargo. Argumenta que ofrece a los trabajadores una mayor flexibilidad, pues ya solo tendrían que encender la aplicación para mostrar que están disponibles. De paso le ahorra a la empresa el coste de pagar un mínimo por hora a un ejército de repartidores en estado de alerta.

La plataforma quiere crecer, pero para ello tiene que deshacerse de los costes que lastraron a algunas de sus predecesoras, como Take Eat Easy. Pagando solo por encargo tiene las manos libres para abrir la puerta a cada vez más repartidores, que se las ven y se las desean para conseguir un pedido. «Si antes éramos siete para 15 encargos, ahora somos 30 o 40 para la misma carga de trabajo», explica Llagostera. «La semana pasada contrataron a 50 personas y esta semana ya van 100; como somos tantos, están dando un número de horas ridículo», comenta otra repartidora. Con la sobrecontratación el servicio gana en rapidez, pero las personas que lo prestan cada vez trabajan menos y las horas que pasan en la calle esperando que lleguen pedidos también valen menos. «Nuestra única salida es correr más o trabajar muchas más horas para ganar el mismo dinero».

Según los cálculos del sindicato que los 'riders' formaron hace un par de meses para reivindicar sus derechos, en las condiciones actuales y tomando como base el sueldo que generaría trabajar 20 horas a la semana y encargos por hora -algo que muy pocos cumplen-, la hora trabajada representa, descontando impuestos, 5,7 euros. Eso para quienes acaban de darse de alta en autónomos, que sólo pagan una cuota de 50 euros. Conforme van adquiriendo antigüedad y la cuota sube, esa cifra se va encogiendo hasta quedarse en 3,07 euros. Resulta difícil arreglarse con cantidades así. La empresa siempre ha defendido que su modelo está pensado para proporcionar un dinero con el que completar otros ingresos, pero lo cierto es que para alrededor del 70% de sus trabajadores, este es su jornal.

«La situación es desesperante y no hay forma de conseguir más pedidos, porque todo se gestiona a través de un programa informático», lamentan los trabajadores. Es una de las caras más deshumanizadas de la que se conoce como 'gig economy', o economía de los pequeños encargos. El conflicto desatado en Deliveroo ha dejado en evidencia la precariedad que impera en estos nuevos modelos de empleo. Al igual que otras plataformas como Glovo, Uber o Just Eat, se nutren de una masa de particulares dispuestos a realizar pequeñas tareas por pequeñas cantidades de dinero, ya sea un viaje en coche, una entrega de comida o traducir un texto.

Favorece una forma de trabajo incansable en busca de los siguientes cinco euros para seguir adelante. Un ejemplo es Fiverr, una web de intercambio de bienes y servicios al precio único de 5 dólares americanos. Se publicita en el metro de Nueva York con la imagen de una chica despeinada y ojerosa con el siguiente mensaje: «Tomas un café para almorzar, sigues y nunca paras, la privación del sueño es tu droga. Quizás seas un 'hacedor'. En Fiverr creemos en los 'hacedores'». La reacción en las redes no se hizo esperar. «¿Qué tipo de vida miserable y deprimente estáis intentando hacer atractiva?», clamaba un usuario de Twitter al leer el eslógan.

Para la empresa, sin embargo, todo son ventajas. Tras una inversión inicial en la aplicación, proporciona una manera de controlar a los trabajadores a un coste neutro. Sin cargas salariales, ni seguridad social, ni bajas laborales, ni vacaciones pagadas. Cabe esperar que cada vez más compañías de servicios se transformen en plataformas de este tipo para escapar a sus obligaciones con la plantilla.

Pero ante las viejas fórmulas del capitalismo han resurgido también las viejas fórmulas del movimiento obrero. Los trabajadores de Deliveroo empezaron recogiendo firmas y enviando un burofax con sus peticiones a la dirección de la empresa. «Pero nos ningunearon y nos convocaron a reuniones individuales para buscar a los cabecillas del grupo», cuenta Llagostera, que no tardó en ser 'desconectado' con una excusa peregrina. En apenas un par de meses han organizado un sindicato operativo a nivel nacional en el que aspiran a acoger también a repartidores de otras empresas.

La huelga convocada para mañana es un hito en nuestro país, pero tiene precedentes fuera que se han saldado con éxito. El verano pasado, los repartidores del Reino Unido se rebelaron contra un cambio en la forma de pago similar a la que se pretende introducir ahora en España. Después de seis días en lucha y la intervención del Gobierno británico, el conflicto se resolvió a favor de los trabajadores. La estructura de pago por entrega pasó a ser opcional. Su ejemplo ha animado a los españoles a bajarse de las bicicletas y tratar de frenar el deterioro de sus condiciones laborales. Invocan la solidaridad de los clientes con un gesto muy sencillo: «El 2 de julio no pidas comida a domicilio».

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