Epidemia olímpica

Al rescate. Corea ha desplegado al Ejército para sustituir al personal de seguridad en cuarentena por la epidemia. :: jung Yeon-jeafp/ /
Al rescate. Corea ha desplegado al Ejército para sustituir al personal de seguridad en cuarentena por la epidemia. :: jung Yeon-jeafp / /

A la ingente tarea de dar seguridad a 6.000 deportistas,Corea del Sur añade el brote de gastroenteritis que ha mandado a casa a mil policías y ha obligado a desplegar al Ejército

ANTONIO CORBILLÓN

El Ejército de Corea del Sur ha irrumpido en los Juegos Olímpicos que arrancan oficialmente hoy en Pyeongchang. No es que estén alerta para impresionar a Kim Yo-Jong, hermana del líder supremo del norte, Kim Jong-un, que preside la esperada delegación vecina. Al final de la competición (del 9 al 25 de febrero) la única medalla que esperan colgarse los militares es la de la tranquilidad general. Lo tienen complicado. Apenas han arrancado las primeras competiciones y a los organizadores les cuesta disimular el pánico. A la cita deportiva le invade desde hace días una epidemia de norovirus (gastroenteritis) que ha obligado a relevar a más de mil agentes y personal civil y a sustituirlos por 900 militares, que ya se han desplegado por los 20 escenarios en los que se realizarán actividades olímpicas.

La crisis sanitaria empezó el domingo cuando docenas de personas (la mayoría universitarios contratados para el evento) empezaron a quejarse en el área de Jinbu. El problema saltó el lunes al centro de entrenamiento juvenil Ho-lab Mountain Ode donde se alojaban 1.025 personas contratadas para garantizar la seguridad de los 6.000 deportistas que ya han llegado al país. Uno detrás de otro se sucedieron los cuadros de vómitos, diarreas, mareos y dolores estomacales propios de estos brotes.

Los esfuerzos por detectar y contener al patógeno no sólo no han dado resultado. Las autoridades sanitarias reconocían ayer 42 nuevos casos, que elevan los afectados a 128, tres de ellos extranjeros. En total, 1.200 personas han sido puestas en cuarentena (encerrados en sus habitaciones) para evitar más víctimas por contacto. Se alojaban en el mismo lugar, a 15 kilómetros de Pyeongchang, comieron lo mismo y bebieron de los mismos grifos. El Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (KCDC, en inglés) busca el origen del contagio precisamente en el agua y en la comida.

«Nuestro centro de control de enfermedades y otras agencias gubernamentales están discutiendo contramedidas y presentarán las medidas adecuadas. Y se anunciará pronto», aseguró a la agencia Reuters el presidente del Comité Organizador, Lee Hee-beom. Pero ya es tarde porque la población surcoreana, fanática de las redes sociales, despotrica a diestro y siniestro contra un imprevisto que podría manchar la que presumían iba a ser una inmaculada fiesta de los deportes blancos. El mejor escaparate para el orgullo de un país.

El problema de los norovirus es que pueden contagiarse de mil maneras. Por beber o compartir líquidos contaminados, tocar superficies o cualquier objeto (una cuchara...) y llevarse los dedos a la boca y, sobre todo, por contagio directo con un afectado. Eso multiplica el radio de control de los agobiados servicios médicos coreanos, que han iniciado una frenética agenda de urgencia para intentar que no afecte al transcurso de la competición.

Babel alimentario

La tarea es 'olímpica'. Las dos sedes oficiales (Pyeongchang y Gangneung) están ya al completo. Son más de 10.000 personas entre atletas, jueces, personal federativo y periodistas. Para ellos se han creado varios grupos de gestión de inocuidad alimentaria, otro 'ejército' de inspectores que vigilarán los 450 tipos de alimentos que, cuatro veces al día, se servirán en forma de buffet. «Vigilarán los alimentos antes y después de la cocción», prometen sus responsables. Serán más de 15.000 raciones de comida coreana, occidental, asiática y halal (para musulmanes). Los controles se han extendido a las redes de abastecimiento de agua.

Entre los consejos básicos destaca la necesidad de lavarse continuamente las manos. Pero el jefe de Operaciones del Comité Olímpico Internacional (COI), Anthony Edgar, ya ha denunciado que Pyeongchang, sede principal, «carece de desinfectantes de manos»

El norovirus no es una enfermedad mortal pero «no existe una vacuna para prevenir la infección, ni un medicamento para tratarla», advirtió el KCDC. Aparte de que ningún competidor puede correr el riesgo de medicarse y vulnerar los controles antidoping.

Los dos últimas citas olímpicas parecen contagiadas de un agente indetectable llamado mala suerte. En las Olimpiadas de verano de Río de Janeiro 2016, el virus del zika asustó a visitantes y deportistas que declinaron acudir a la cita. También en Pyeongchang se han anunciado cancelaciones de asistentes a la ceremonia inaugural que tendrá lugar hoy. Las temperaturas, cercanas a los veinte grados bajo cero, han hecho el resto. Serán los juegos más fríos en muchas décadas.

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