El Ejército entra en la boca del lobo yihadista

Un instructor español imparte un curso de morteros el pasado jueves en Koulikoro. / ricardO PÉREZ / MDE
Un instructor español imparte un curso de morteros el pasado jueves en Koulikoro. / ricardO PÉREZ / MDE

Militares españoles de la operación europea en Malí instruyen a soldados locales en ciudades acechadas por grupos terroristas

MATEO BALÍN

koulikoro (malí). «Has salido de tu casa para venir a la tuya». Este dicho popular maliense resume la hospitalidad de su pueblo. Una muestra de generosidad que permitía relajar las tensiones que pudieran existir entre las diferentes etnias. Pero este altruismo ha decaído en los últimos cinco años conforme la inseguridad y la violencia se han ido adueñando del país. Un vasto territorio dos veces y media superior a España, fronterizo con siete países y con 18,5 millones de habitantes.

Sus porosas fronteras, el sometimiento del desierto sahariano a grupos yihadistas y rebeldes tuaregs o las redes criminales que trafican con personas (las rutas hacia España cruzan de sur a norte), drogas o armas procedentes de la fallida Libia están cerca de convertir el país en «pasto de los terroristas».

Así se lo transmitió en persona el pasado miércoles la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, al contingente español desplazado en el cuartel general de la capital Bamako. Todos ellos son integrantes de la misión europea de adiestramiento y formación EUTM-Malí, que se creó en enero de 2013 después de que una alianza de grupos yihadistas, Ansar al Dine, Muyao y AQMI, filial de Al Qaeda, ocupara el centro del país y se quedara a escasos 100 kilómetros de conquistar Bamako.

«Les animo, dentro de nuestro cometido en esta misión, a impedir que la situación se deteriore», afirmó la ministra horas antes de que un general de brigada español, Enrique Millán, de 56 años, asumiera el mando operativo de EUTM-Malí. Una misión en la que contribuyen 21 países de la UE con cerca de 600 militares, casi la mitad españoles (el mayor contribuyente internacional). «Hoy es la operación exterior más importante (88,5 millones de presupuesto este año) de cuantas estamos presentes», resumió Cospedal.

Pese a tratarse de una misión no ejecutiva (no se participa en actividades de combate en el norte junto a las tropas malienses), el planeamiento adquiere mayor complejidad en este momento debido al deterioro general de la seguridad en todo el territorio. Sin ir más lejos, el viernes concluyó el luto nacional por los 40 asesinados de la última semana.

El tercer mandato de la operación pretende descentralizar progresivamente las tareas de adiestramiento en diferentes regiones militares para que el Ejército maliense consiga asumir poco a poco la responsabilidad.

Academia de Sikasso

Desde el cuartel de Koulikoro, a 60 kilómetros al norte de Bamako, donde se encuentra el grueso del contingente español, las Fuerzas Armadas ya participan en operaciones móviles desde el sur hasta la curva del río Níger, incluyendo los municipios de Gao y Tombuctú. «Son zonas contestadas por grupos yihadistas donde la seguridad está más peliaguda», admite el coronel Ignacio de Olazábal, jefe del grupo europeo de Koulikoro desde hace 20 días.

En la actualidad, unos 50 militares españoles -entre fuerza de protección, instructores, personal médico y un grupo de recuperación de vehículos- se encuentran en la academia maliense de Sikasso, al sur del país, en la frontera con Burkina Faso, para adiestrar a soldados locales. Estos cursos duran entre cinco y seis semanas y el reciente desplazamiento desde Koulikoro de una columna de blindados ha durado dos días.

«Requiere un esfuerzo general mover tropas y material. Después de Sikasso estaremos en Kati, a las afueras de Bamako. Tenemos capacidad para tener operaciones de instrucción en dos lugares a la vez si se cumple la 'golden hour' (hora dorada). Es decir, la posibilidad de que un helicóptero medicalizado traslade a heridos desde cualquier punto hasta el Hospital Role 2 de Koulikoro en menos de una hora», explica el teniente coronel Francisco López Villar, jefe del Grupo de Caballería II de la Legión, con base en Ronda.

«Aportamos lo que los malienses demandan. Cursos de morteros, de francotiradores o de operaciones especiales. Ellos suministran el material, que es de procedencia rusa o china. Nos amoldamos pese a la dificultad para el aprendizaje», asegura el capitán Javier Jiménez. El curso actual de Koulikoro imparte formación a 300 soldados y clases de liderazgo a suboficiales y oficiales.

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