El diseño de los patios y espacios comunes, clave para acabar con el acoso escolar

El diseño de los patios y espacios comunes, clave para acabar con el acoso escolar

Los autores del libro 'Todos contra el Bullying' recomiendan «no demonizar a los acosadores y hablar con ellos para detectar las carencias efectivas y emocionales»

EFEMadrid

"No demonizar a los acosadores y hablar con ellos para detectar las carencias efectivas y emocionales que les llevan a buscar protagonismo hostigando a otros menores" es una de las claves para combatir el acoso escolar, según han explicado a Efe los autores del libro "Todos contra el Bullying".

Un manual (Alienta Editorial) en el que María Zabay, licenciada en Derecho y comunicadora, y el penalista, Antonio Casado, han querido resumir "las claves para detectar, evitar y solucionar" el acoso escolar.

Casado, que espera que en la próxima modificación del Código Penal se incluya el delito de acoso escolar, destaca que para que haya acoso es necesaria una "reiteración constante de unos actos de hostigamiento de un individuo o varios contra otro u otros con la intención de dañar, psicológicamente o físicamente".

El libro ha sido redactado con la ayuda de fiscales de menores, profesores, policías, psicólogos y psiquiatras y se divide en dos partes, una para alumnos y otra para padres y docentes, con ilustraciones y con tono divulgativo.

Los padres de Lucía, una menor de Murcia que se quitó la vida con 13 años en enero de 2017, fueron los primeros en leerlo y "dijeron que les habría encantado haber podido leerlo porque les habría ayudado mucho", aseguran los autores.

Y es que, según Casado, que defendió a los padres de esta menor, durante los dos años de acoso por parte de sus compañeros de colegio "Lucía hizo muchos dibujos en los que anunciaba que se iba a suicidar, intentó quitarse la vida y escribió varias notas avisando de sus intenciones" porque "quería llamar continuamente la atención sobre su situación".

Por eso, María Zabay y Antonio Casado inciden en que hay que estar alerta ante señales que puedan avisar de un acoso: "si no quieren relacionarse, han dejado de comer, si andan cabizbajos, no quieren ir al colegio, empiezan a suspender, no hablan en clase o no quieren ir a excursiones".

Cuando salta la alarma hay que hablar con el acosado, recomienda Zabay, que destaca que "no hay que hacerlo como el padre inspector, sino de forma abierta para darle pie a que cuente".

"Y demostrarle y decirle que se le quiere, subirle el ánimo, buscarle actividades en las que se divierta y pueda encontrar un nuevo círculo de amigos", así como animarle a plantar cara a los agresores, destaca María Zabay.

Según los autores del texto, "el peor enemigo del acoso es el silencio y si se dice basta ya o no te voy a tolerar, en un porcentaje altísimo cesa el maltrato porque el acosador se descoloca y se da cuenta de que esa persona no se va doblegar".

Inciden también en la necesidad de hablar con los acosadores que, excepto en el caso de los sociopatas que han nacido así, suelen sufrir carencias afectivas y emocionales que les llevan a buscar protagonismo "para demostrarse a sí mismos que son mejores de lo que ellos mismos creen".

No olvidan el papel de los "espectadores", "cómplices de un delito por omisión", que en vez de aplaudir al acosador, tienen que proteger al acosado porque, reiteran, "si se les cuestiona su actuación, se dan cuenta de que no molan y no son graciosos por lo que dejan de hacerlo porque su objetivo no se cumple".

Ambos expertos demandan un protocolo del ministerio de Educación para ayudar a los profesores a tratar este problema, ya que sólo hay "planes de convivencia en algunos centros", que carecen de la capacidad suficiente y los medios para afrontar situaciones de acoso y "saber llevar una instrucción como si fuesen policías".

Califican de "extraordinaria" la labor de los profesores y dicen que "tienen una implicación estupenda", aunque aseguran que "no pueden llevar solos esta carga", ya que "la mayoría no saben como afrontarla".

Recuerdan los beneficios del método finlandés Kivo para actuar sobre los posibles cómplices, que consiste "en enseñar a actuar si ven que uno se mete con otro", pero dicen que hay que mejorar este modelo con otras actuaciones, entre las que destacan la eliminación de los móviles en las aulas.

"Los jueces de menores lo tienen clarísimo, en las aulas no puede haber móviles que estén sonando, vibrando y con los que los alumnos estén mandándose mensajes", subraya Antonio Casado.

También es importante el diseño de los espacios comunes de los centros escolares, ya que comentan que una pista de fútbol sin árboles ni sombras donde no puedan sentarse los que quieran jugar con la pelota, hace que no pueden encontrar su espacio y se sientan diferentes".

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