El dinero huele a lavanda

Muchas poblaciones de las dos Castillas sustituyen el cultivo de cereales por el de esta planta aromática

Un enorme campo de lavanda en la localidad alcarreña de Brihuega. /Jardín de la Alcarria
Un enorme campo de lavanda en la localidad alcarreña de Brihuega. / Jardín de la Alcarria
FERNANDO MIÑANA

El viejo granero de Europa huele a lavanda. Esta planta aromática está 'devorando' los tradicionales campos de cereales en vista de que resulta mucho más rentable producir esencia para perfumes que trigo o cebada. Cada año hay más hectáreas en las dos Castillas cubiertas por este manto morado que en verano atrae, además, a miles de turistas que, como en la primavera del Jerte y sus cerezos en flor, acuden en procesión a deleitarse con el aroma y el espectáculo visual de la lavanda.

El espliego siempre ha crecido de manera silvestre por toda España, pero no comenzó a cultivarse adrede hasta que, en los años 60, Álvaro Mayoral, un vecino de una pedanía de Brihuega, en Guadalajara, viajó a Francia durante la vendimia y regresó con algunas plantas de la variedad que se cultiva en la Provenza, la región de donde proviene la mayor producción cada temporada, y después de hibridarse con el espliego surgió el lavandín, que se adaptó mejor al clima y al suelo calcáreo y pedregoso de su tierra.

Así fue como La Alcarria, conocida por su miel, y Brihuega, que tuvo hasta después de la Guerra Civil la sede de la Real Fábrica de Paños, se convirtieron en los principales productores de lavanda en España y del 10% de la que se exporta en el mundo. Los agricultores están convencidos de que, con el tiempo, en vista de la progresión, alcanzarán el volumen de la Provenza, donde se encuentra Grasse, la capital mundial del perfume con sus campos de flores aromáticas, su museo internacional y el prestigioso Grasse Institute of Perfumery. Allí empezó la industria, cuando la Provenza era una gran productora de cuero y para evitar su mal olor inventaron los guantes perfumados. Cuando la piel dejó de ser rentable, se especializaron en la perfumería.

Lavanda en flor.
Lavanda en flor.

En Castilla-La Mancha han pasado en 9 años de 295 a 1.245 hectáreas

En Grasse estuvo formándose Emilio Valeros, que es la nariz de Loewe desde hace más de 25 años. Este perfumista, capaz de reconocer 300 olores diferentes, se asoció en La Alcarria con la familia Corral. Estos hermanos comenzaron cosechando para terceros, después formaron una cooperativa con otros socios y destilaban la planta fuera del pueblo, y, finalmente, fundaron una empresa que aunaba los campos de cultivo, la destilería y los viveros.

En Brihuega, y en otros pueblos alcarreños como Cogollor o Quer, ya hay más de mil hectáreas dedicadas a la lavanda. Esta concentración permite que en junio y julio el horizonte esté repleto de enormes extensiones de flores moradas, un tapiz púrpura que atrae a miles de curiosos y que fascina a los chinos. La atracción es tan popular que se han visto obligados a vallar los cultivos, repartir guardas por todo el terreno y cobrar una cantidad simbólica a los visitantes para evitar que vayan pisoteándolo todo y arrancando ramilletes de lavanda de recuerdo.

A finales de julio y principios de agosto, cuando la flor va perdiendo color y cayéndose, se siega, se tritura y se traslada a una caldera donde se filtra vapor de agua a 115 grados. Así rompe las glándulas donde está la esencia de la lavanda y circula por un serpentín donde se refrigera y se produce la condensación. En un vaso florentino, después de decantarlo, el agua y el aceite se separan y se obtiene la esencia para perfumes, cosméticos, jabones, ambientadores...

Esta planta aromática ha dejado de ser patrimonio alcarreño y poco a poco va extendiéndose por Castilla-La Mancha y Castilla y León. Es una inversión a medio plazo: hasta el tercer año, por lo menos, no llega la alta producción, pero ni requiere de excesivos cuidados ni de muchos pesticidas. Al final, gracias a la industria del perfume -España es el cuarto exportador del mundo-, acaba resultando más rentable que los cereales.

Poco a poco va extendiéndose por localidades como Ossa de Montiel (Albacete), donde Francisca Muñoz heredó una destilería artesanal de esencias y ahora la exporta y factura más de un millón de euros al año; Tiedra, en las estribaciones de los montes Torozos, al sur de la Tierra de Campos, o Peñafiel, en Valladolid. Pero también en Burgos, Soria, La Rioja, Cuenca, Lleida y en la comarca de Los Serranos, en Valencia.

Solo en Castilla-La Mancha han pasado de 295 hectáreas y 31 cultivadores en 2008 a 1.241 hectáreas y 50 empresarios en 2017. El Gobierno autonómico, además, ha subvencionado con 1,5 millones de euros el cultivo de las plantas aromáticas. Está claro que, en el campo, el dinero huele a lavanda.

Tal es la atracción por los campos cultivo de esta flor que en Brihuega crearon el Festival de la Lavanda, donde cada año acude más público al atardecer a un campo teñido de violeta a escuchar a Estrella Morente, El Cigala o Zenet.

La Alcarria no se ha olvidado de su famosa miel por la expansión de la lavanda. De hecho produce una miel, entre la lavanda y el espliego, que se cotiza mucho y que cada año se demanda más en China.

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