Diez siglos y dos coronas

A la izquierda, la corona oficial británica, junto a la corona real española, de color rojo. Ambas monarquías mantienen lazos familiares desde el siglo XII.
A la izquierda, la corona oficial británica, junto a la corona real española, de color rojo. Ambas monarquías mantienen lazos familiares desde el siglo XII. / R.C.

«Los cuatro somos tataranietos de la reina Victoria», recordó Isabel II a los Reyes en la última visita de Estado, en 1986. 31 años después, Felipe VI y Letizia llegan al Reino Unido con el 'Brexit' y Gibraltar como telón de fondo

IÑIGO GURRUCHAGA

Los Reyes Don Felipe y Doña Letizia inician esta tarde su primera visita de Estado a Reino Unido, 31 años después de la última realizada por Juan Carlos y Sofía, en 1986. El programa incluye un discurso del monarca español a los miembros del Parlamento británico y un banquete ofrecido por Isabel II en el palacio de Buckingham, donde residirán durante su estancia; el jueves mantendrán un encuentro con empresarios en la City, y cerrarán la gira acentuando las relaciones culturales en la Universidad de Oxford.

En el banquete de aquella última visita de Estado de los hoy Reyes eméritos, Isabel II recordó los lazos familiares entre las dos coronas más longevas de Europa. «Los cuatro somos tataranietos de la reina Victoria», dijo. Tanto ella como su marido, Felipe de Edimburgo, como Don Juan Carlos y Doña Sofía descienden de aquella reina imperial en la geografía y en el árbol genealógico de la realeza europea.

Las relaciones familiares se remontan al siglo XII. En 1170, Leonor de Inglaterra, hija del rey Enrique II, se casó con Alfonso VIII de Castilla. Pero de aquel tiempo medieval, en el que los enlaces matrimoniales eran instrumentos diplomáticos para unir reinos o para garantizar el mutuo interés en territorios conquistados lejos de la sede de los monarcas, la figura más conocida es Leonor de Castilla.

Sara Cockerill retrata en 'Eleanor of Castile' a una adolescente incrustada en la dinastía de los Plantagenet para preservar la paz en torno al condado de Gascuña y convertida en colaboradora estrecha de Eduardo I, el más reconocido monarca inglés de aquel tiempo, con quien se casó a los doce años y con quien tuvo unos 16 hijos, de los que seis sobrevivieron a la infancia.

La llegada de la burgalesa Leonor a tierras inglesas ofrece un retrato de la diplomacia real en aquel entonces. Desembarcó en el puerto de Dover a principios de octubre de 1255. No había cumplido 14 años y a su marido, Eduardo, de 16, le llevaría un año regresar de pleitos urgentes a Londres para quedarse con ella, desobedeciendo a su padre, Enrique III, que quería que continuase el viaje a Irlanda.

La primera impresión que ofrece la futura reina a su llegada es pobre, según Cockerill, porque, como Eduardo, no viste con gran ornamento. El rey Enrique le envía dinero para que se compre ropajes más lujosos. Tras detenerse en Canterbury, llega a Londres con un gran recibimiento ordenado por el rey. Este pidió a Sancho, hermano de Leonor, que decorase sus habitaciones en el Palacio de Westminster.

Sancho lo hace en el estilo castellano, con tapices en las parades... ¡y en el suelo! De la sorpresa a la tradición solo hay el paso del tiempo. Leonor habría introducido así la moqueta en la vida británica. La española acompañó a su marido en todas sus vicisitudes, incluidas expediciones de las Cruzadas. Eduardo le dedicará cruces en varios puntos del país y la enterró junto a su tumba, en la Abadía de Westminster, que Felipe y Letizia visitarán.

Un parecido itinerario trazó el emperador Carlos en su visita al rey Enrique VIII, pero fue su hijo, Felipe II, quien llegó a Inglaterra con una carga histórica similar a la de Leonor. Enviudado de María Manuela de Portugal, pisó Southampton el 13 de julio de 1554. Había partido de Valladolid dos meses antes y desembarcó en un clima de viento y lluvias persistentes como remate de una travesía marítima desde Santiago en la que estuvo a punto de 'morir de mareo'.

Llegaba con 26 años para casarse con María Tudor, de 38, hija de Enrique y Catalina de Aragón. La habían prometido con Carlos cuando tenía 6 años. Pero el ya emperador veía el matrimonio de su hijo con Mary como una alianza conveniente ante las revueltas en Francia y de los príncipes luteranos en Alemania. De Southampton partió Felipe a Winchester. Había reducido el número de tropas que lo acompañaban por consejo de los embajadores ingleses, que le advirtieron de que su plan inicial parecía una invasión.

¿Qué cortesanos conocían la decepción causada por el atuendo de Leonor cuando vieron al príncipe-rey -su padre lo nombró soberano de Nápoles como parte de la dote- ataviado con una capa con bordados de oro y un sombrero con una pluma blanca? En la catedral de Winchester charló media hora con su prometida, que había aceptado el enlace, según los cronistas, tras reír varias veces al conocer la propuesta.

El matrimonio no fructificó. Y Andrés Muñoz, en su 'Viaje de Felipe Segundo a Inglaterra', describió en 1877 las primeras impresiones de los españoles en aquellos primeros días en la corte de María. «Son blancos, rosáceos y belicosos», escribe de los ingleses. «Beben más cerveza que el agua que corre por el río de Valladolid».

Una novia para Alfonso XIII

Felipe II intentaría años más tarde invadir Inglaterra con la Gran Armada, un punto de inflexión en la relación entre las dos coronas. Muy distinta fue la aplaudida visita oficial a Reino Unido que emprendió Alfonso XIII el 5 de junio de 1905. «El tiempo será hoy en Portsmouth espantosamente malo, con la lluvia cayendo en torrentes», advertía la 'Pall Mall Gazette'. Se publicaron loas a la madre del rey, la regente María Cristina, que aseguró la sucesión a pesar de las circunstancias tan delicadas para la corona, al nacer el heredero tras la muerte de su padre. Y se advertía sobre las medidas de seguridad en torno a la visita, porque el rey español, de 19 años, había sido objeto de un fallido atentado anarquista en París pocos días antes.

Un lector escribía desde el Travellers Club al director del 'Morning Post' para corregirle. La anterior visita no era la de Felipe II sino la de Carlos III, en 1703. Desembarcó también en Portsmouth y fue por carretera a encontrarse con la reina Ana en Windsor. Acompañaron al coche jornaleros de Sussex que sacaban al vehículo de los múltiples socavones. Más de veinte horas duró el viaje.

La 'Pall Mall Gazette' anotó la presencia del rey en la nueva catedral católica de Westminster y el 'Aberdeeen Journal' sentía que «el rumor de que el rey Alfonso de España busca novia británica da un aire romántico a su visita». Banquetes, discursos en el Parlamento, entrevistas en la City... el rey joven, soltero, deportista, que se había formado en la academia militar de Sandhurst, tuvo una excelente prensa.

El 'London Daily News' contaba el día 8 'La recepción entusiasta de Londres' al joven rey español y se detenía en el acto celebrado en el Guildhall, el Ayuntamiento de la City. Entre el séquito del rey estaba Victoria Eugenia de Battenberg, la hija menor de la reina Victoria. Un año más tarde se casarían en Madrid.

En 1986, los reyes Juan Carlos y Sofía fueron alojados en el palacio de Windsor, en un gesto de afecto de Isabel II a su príncipe protegido, al que su padre, don Juan de Borbón, obligó a sentarse junto a la reina británica en su primer banquete en aquel castillo para que se avergonzase de no hablar bien el inglés. Fue en aquella visita de Estado el rey popular asociado a la democracia española.

En su discurso a los miembros del Parlamento, Don Juan Carlos dijo: «Los azares de la historia han hecho que, en ocasiones, España e Inglaterra se enfrentaran en búsqueda de la supremacía mundial y, otras veces, como ocurre ahora en el marco de la Comunidad Europea, marchen juntas buscando los mismos objetivos de democracia, libertad, justicia y paz».

Las relaciones entre España y Reino Unido se han multiplicado exponencialmente desde entonces, pero el futuro no será compartido en la ahora Unión Europea. Un aspecto interesante de la visita de los reyes esta semana será el de conocer las palabras con las que se formula la amistad entre los dos países en este nuevo contexto del Brexit.

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