Ahora sí, desayuno con diamantes

Interior de la nueva cafetería. Abajo, la famosa escena de 'Desayuno con diamantes'. / r. C. y e. collection
Interior de la nueva cafetería. Abajo, la famosa escena de 'Desayuno con diamantes'. / r. C. y e. collection

Tiffany&Co abre un café en el edificio de la Quinta Avenida ante el que Audrey Hepburn se tomó el mítico café con cruasán

INÉS GALLASTEGUI

Si la bellísima Holly Golightly hubiese vivido en el siglo XXI, su melancólico 'after' con cruasán y café en vaso de plástico frente a los rutilantes escaparates de Tiffany habría sido otra cosa. Ahora la prestigiosa firma de joyería neoyorquina pone al alcance de cualquiera un 'desayuno con diamantes' con todo el glamour: el coqueto y lujoso Blue Box Café abrió ayer sus puertas en la cuarta planta del número 727 de la Quinta Avenida, en el edificio donde se rodó el inicio de la mítica película protagonizada por Audrey Hepburn y dirigida por Blake Edwards en 1961.

Esa primera escena bajo los acordes de 'Moon river' de Henry Mancini es difícil de olvidar. En una Nueva York casi desierta al filo del amanecer, Hepburn desciende de un taxi amarillo enfundada en un 'givenchy' negro de noche, con guantes largos, varias vueltas de perlas al cuello y macrogafas de sol. Impecable y sofisticada tras una noche de juerga, se detiene frente a la mítica joyería y se toma su tentempié mientras observa con aparente indolencia las deslumbrantes joyas de las vitrinas. Después se va caminando a casa, sola.

Ha llovido mucho desde que en 1837 Charles Lewis Tiffany y Teddy Young abrieron su tienda de papelería y bisutería en la Gran Manzana. Icono del lujo durante décadas, Tiffany & Co avanza por el nuevo milenio inmersa en una severa crisis de ventas: sus compradores de toda la vida envejecen y mueren y las nuevas generaciones de ricos prefieren gastar el dinero en vivir experiencias que en lucir pedruscos resplandecientes para ocasiones excepcionales.

A lo largo de este año, la centenaria compañía ha hecho esfuerzos ímprobos por estirarse las arrugas: en enero despidió a su efímero CEO Frederic Cumenal y contrató a Lady Gaga como estrella de su última campaña publicitaria. La apertura de su primer restaurante forma parte de una estrategia de marketing diseñada para atraer a los escurridizos 'millennials'. Especialmente, a ellas.

Con vistas a Central Park

El local, vecino a la famosa Torre Trump y con vistas a Central Park, está enteramente decorado en 'azul Tíffany': las paredes, las fundas de los sillones, la vajilla y hasta el glaseado del pastel de la casa tienen el mismo color. Es el sitio ideal para ir, ver y dejarse ver... a través de Instagram. «El efecto es como almorzar dentro de una de las famosas cajas azules de joyas de la marca», explicaba ayer la redactora de 'Vanity Fair' invitada a la presentación del martes.

El menú de desayuno, a 29 dólares, incluye el 'pack' mínimo de la grácil Audrey -café y cruasán-, pero también un surtido para elegir entre fruta del tiempo, huevos revueltos, bocadillito de salmón ahumado y tostada vegetariana. El almuerzo cuesta 39 y el surtido de dulces y tés para la merienda, 49. El menú se irá renovando, aunque hay platos llamados a convertirse en fijos de la carta, como la ensalada Quinta Avenida, de aguacate y langosta, o el bocadillo CLT, en honor al fundador, de pollo, lechuga y tomate.

Para acceder al café hay que pasar por el departamento de accesorios y hogar de la cuarta planta, totalmente renovado. Aquí se venden «objetos cotidianos» tan poco prácticos como un transportador de ángulos de plata a 425 dólares, un pack de vasos de porcelana imitando al papel con el logo de la marca a 95 o una lata -sí, una lata, aunque de metal noble- que cuesta 1.500.

Tiffany's no lo oculta: su objetivo es captar a una clientela que no ha visto ni verá jamás 'Desayuno con diamantes', pero tiene dinero y ganas de gastarlo tan frívolamente como sea posible. Quizá a Holly Golightly, que miraba con ojos de añoranza aquellas alhajas fuera de su alcance, le habría encantado desayunar al otro lado del cristal.

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