Denuncie a una rata

Denuncie a una rata

El alcalde del distrito 17 de París invita a los vecinos a localizar roedores vivos o muertos en un mapa interactivo. Son una plaga

INÉS GALLASTEGUI

Cinco ratas salen corriendo a toda velocidad de una papelera volcada (calle Jacques Ibert, 29)» «¡Los jardines que dan a la Place de l'Etoile están infestados! Al menos una treintena van y vienen de ahí a los cubos de la entrada del metro durante toda la noche (Avenida Wagram, 9)». «Cinco bebés rata en medio del supermercado Monoprix. Tres vivos y dos muertos. Mi hija ha tocado uno. El personal no ha hecho nada. Una vergüenza (Avenida Ternes)». Apenas llevaba en marcha 24 horas y la página interactiva 'signalerunrat.paris' ya estaba plagada de iconos de roedores sobre el mapa de la capital gala. Algunos yacen boca arriba -la postura indica que están muertos-, pero la mayoría siguen trotando a sus anchas. La idea del alcalde del distrito XVII de la capital francesa, Geoffroy Boulard, ha sido un éxito, al menos, de participación: los vecinos de este barrio al noroeste de la Ciudad de la Luz no han parado desde el lunes de denunciar la presencia de estos molestos visitantes en calles, jardines, comercios y bloques de viviendas. «Es un problema de salud pública y la ciudad tiene que actuar», ha dicho el edil de centro-derecha, la UMP de Sarkozy, que acusa de inactividad a la alcaldesa de la ciudad, la socialista Anne Hidalgo.

La famosa película de animación 'Ratatouille' describía las cloacas parisinas como un hervidero de roedores. Y parece que la ficción de Pixar no andaba muy descaminada. El problema es que no todos los ejemplares de 'rattus norvegicus' son tan simpáticos como el exquisito cocinero Rémy: aparte de ser transmisores de enfermedades, estos múridos pueden causar daños económicos en infraestructuras de comunicación y electricidad. Ofrecen, además, una imagen asquerosa de una de las ciudades más bellas y visitadas del mundo, con más de 16 millones de turistas en 2017.

Los usuarios de la web deben señalar el lugar exacto del avistamiento y consignar su nombre y correo electrónico. Para quienes no tienen acceso a internet se ha habilitado un teléfono gratuito abierto de la mañana a la noche.

Boulard y su equipo trasladarán la información a los servicios municipales centrales y, cuando actúe una patrulla de desratización, la figura del animal será sustituida en el mapa por una pequeña pala. «Si es que intervienen», matizó a 'Le Figaro' el alcalde de barrio, quien se apresuró a aclarar que la aplicación la diseñó uno de sus colaboradores y no le ha costado un euro al consistorio.

El distrito pondrá en marcha también una campaña de cartelería para recordar las reglas de higiene básicas con las que mantener a raya a estos desagradables transeúntes: no tirar desperdicios al suelo, recoger las sobras de los 'picnics' y utilizar los contenedores de los edificios -no los del mobiliario urbano- para arrojar restos de comida y otros desechos del hogar especialmente atractivos para ellos.

Batida virtual

Lo que hizo reaccionar a Boulard fue la noticia de que una guardería de su barrio tenía el patio infestado de estos sucios bichos. Ni el departamento municipal de espacios verdes, ni el de limpieza, ni el de red viaria se hicieron cargo del problema, denuncia el mandatario local. Y no oculta que su objetivo es «presionar» al Hôtel de Ville.

El 'XVII arrondissement', creado en la ribera derecha del Sena en 1859 a partir de las poblaciones de Épinettes, Batignolles, Plaine Monceau y Ternes, se ha convertido en el primero en organizar una batida virtual contra la plaga que azota París, pero no es el único que sufre esta crisis de insalubridad.

Hace unos meses se hizo viral el vídeo grabado por un empleado municipal que mostraba a cientos de ratas bullendo dentro de un contenedor de basura en el distrito VII. Por las mismas fechas, el gobierno presidido por la política de origen gaditano lanzó una ofensiva contra los roedores en la que ya ha gastado un millón y medio de euros. Los expertos municipales apuntan a dos cambios recientes como posibles causas de esta proliferación. Por un lado, la aplicación de una directiva europea que impide distribuir gránulos de un rodenticida anticoagulante que causa la muerte por hemorragia, por el riesgo de que envenene a fauna silvestre o doméstica. Eso ha obligado a las autoridades a buscar alternativas, como las trampas mecánicas con cebos estancos. Además, entre las medidas de prevención de atentados terroristas, el gobierno parisino prohibió las papeleras opacas -porque podían servir para ocultar explosivos- y las sustituyó por cubos de rejilla, mucho más accesibles para las ratas.

Pese al escepticismo de Boulard, en su mapa apareció ayer el primer icono de la pala: los servicios de limpieza habían retirado el cadáver de una rata en el 145 bis de la calle Car dinet, cerca de la bolera.

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