Un cura retira un cuadro de Santiago Apóstol por «sexi»

El cuadro que representa a Santiago Apóstol, tal como lo pintó Antonio Ximénez. / r. c.
El cuadro que representa a Santiago Apóstol, tal como lo pintó Antonio Ximénez. / r. c.

«Es pura censura», dice el autor de la obra que se mostraba en la iglesia de Membrilla (Ciudad Real)

ANTONIO PANIAGUA

El celo puritano no quiere que nada le turbe. En Alemania y Reino Unido los desnudos de Egon Schiele ofenden. Los genitales pintados por el genio del expresionismo van a ser cubiertos en edificios y vallas publicitarias porque resultan «pornográficos». Facebook veta cualquier atisbo de despelote, desde las imágenes más groseras a las más sublimes, incluidas obras de arte como 'El origen del mundo', de Gustave Courbet. En España sobresalta hasta el muslo de un santo. El párroco de la iglesia de Membrilla (Ciudad Real) ha decidido desterrar un cuadro de Antonio Ximénez Muñoz porque la imagen de Santiago Apóstol es demasiado «sexi y erótica», según acusa el pintor. Las autoridades eclesiales dicen en su descargo que no hay ánimo inquisitorial, y que todo es consecuencia de una reubicación del mobiliario. «No hay motivo para la controversia. Lamentamos que el artista se haya molestado, pero la obra no se ha censurado», señala el Obispado, que dice estar buscando un nuevo lugar para colgarlo. Donde estaba el lienzo hoy hay un armario.

La obra en cuestión fue un encargo del anterior párroco de la iglesia, con quien Ximénez mantiene una relación de amistad. El pintor, que se define como «superrealista», dejó claro al clérigo que iba a recrear al santo a su manera, apartándose de los cánones de la iconografía religiosa. El párroco aceptó la condición y el artista donó el cuadro a su amigo. Ahora el cura responsable es otro, y ha retirado la obra de la sacristía de la iglesia de Membrilla, municipio donde nació el pintor, de 87 años.

En el lienzo, de gran tamaño, aparece un Santiago de Compostela, patrón de España y del pueblo manchego, esgrimiendo una albarda y vestido con una túnica que deja ver la pierna desnuda del apóstol. El rostro del santo es el del propio autor, y a la derecha de la composición se encuentra la Virgen del Destino. «Me pidieron un cuadro que no fuera violento, al estilo de 'Santiago y cierra España', y yo hice una alegoría», argumenta el artista, afincado en Miami y antes residente en Hawái por espacio de treinta años. «Lo enmarcaron, lo colgaron en la sacristía, donde debe de haber permanecido durante tres años, y todos tan contentos», remata.

«Me pidieron un cuadro que no fuera violento, y yo hice una alegoría», dice el pintor Antonio Ximénez

Pero, para disgusto de Ximénez, ahora su obra cría polvo, arrumbada en el coro del templo y envuelta en un trapo. El párroco, Raúl López de Toro, le dio largas y dijo ignorar las causas de que la pintura no esté expuesta al público. Una versión que el pintor no se cree. Las cosas, a su entender, merecen otro nombre. «Es pura censura», aduce Antonio Ximénez, que no quiere «armar un escándalo» porque adora a su pueblo y a su gente.

Una señora le sugirió que la desaprobación eclesial puede obedecer a que el cuadro desprende una carga erótica, un ingrediente que el autor no ve para nada: «Es verdad que no responde al estilo medioeval, pero la pintura no tiene nada de erótica, aunque cada uno ve las cosas como le parecen». Las explicaciones del sacerdote le resultan chocantes y poco convincentes, ya que un amigo suyo que prepara una biografía de su persona se entrevistó con el cura, al que le pidió ver la pintura. El sacerdote le contestó entonces que tenía que pedir una cita. «Si no lo van a exponer quiero que me lo devuelvan», reclama el artista, que admite que otra obra suya que representa a Baco sin ropa, como corresponde al dios romano de la vendimia, el vino y el éxtasis, sí que posee un halo erótico explícito. El lienzo se halla en el centro cultural de Membrilla.

«El cambio es consecuencia de una reubicación del mobiliario», señala el Obispado de Ciudad Real

Cuando Ximénez regrese al pueblo en verano intentará que el sacerdote le ofrezca una respuesta razonada. Hasta ahora las conversaciones con el clérigo se han desarrollado en un tono desabrido. El pintor a punto estuvo de publicar una carta denunciando lo sucedido, pero entonces le salió una diatriba amarga fruto de la furia que le dominaba. «Di al cura seis meses para que arreglara el problema, pero, en vista de que no hace nada, he decidido darlo a conocer», se justifica.

La polémica coincide con una oleada de corrección política que ha hallado en el arte una fuente incesante de afrentas. Hace unos meses circuló en Nueva York una petición para que el Metropolitan retirara de una de sus salas el cuadro 'Thérèse Dreaming' (1938), de Balthus, una obra en la que la modelo y vecina del artista Thérèse Blanchard descansa recostada en una postura en la que deja entrever su ropa interior. La firmante de la misiva exigía que, si no se descolgaba la obra, al menos se hiciera constar la siguiente leyenda: «Algunos espectadores encuentran esta pieza ofensiva e inquietante, dado el enamoramiento artístico de Balthus por las chicas jóvenes». La dirección del Metropolitan desestimó la demanda.En 2015, varios medios de comunicación estadounidenses censuraron también los pechos de una mujer desnuda pintada por Modigliani.

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