Las cuatro vueltas a la Tierra de 'Laika'

'Laika', en el interior del 'Sputnik 2', que tenía el tamaño de una lavadora. / AP
'Laika', en el interior del 'Sputnik 2', que tenía el tamaño de una lavadora. / AP

La temperatura de la cápsula y el estrés mataron a la perrita, primer ser vivo en orbitar el planeta. Hoy se cumplen 60 años de su lanzamiento al espacio

RAFAEL M. MAÑUECO

Hace 60 años fue lanzado al espacio el primer ser vivo que orbitó la Tierra, la perra 'Laika'. No estaba previsto su regreso a casa y murió pocas horas después del lanzamiento. Pero el experimento resultó un éxito porque preparó el terreno para que, cuatro años más tarde, el 12 de abril de 1961, el cosmonauta Yuri Gagarin se convirtiera en el primer ser humano en viajar al espacio y esta vez con trayecto de retorno asegurado.

Los soviéticos fueron los primeros en poner en órbita un satélite artificial, el 'Sputnik-1', lanzado el 4 de octubre de 1957. Un mes después, el 3 de noviembre, en la víspera de las celebraciones del 40 aniversario de la Revolución Bolchevique, un cohete 'R-7' catapultaba a las estrellas a la pobre perrita 'Laika' en el interior del 'Sputnik-2', una cápsula del tamaño de una lavadora.

Pese a que se había previsto que el infeliz animal viviera una semana dando vueltas a la Tierra, la alta temperatura dentro del habitáculo y el estrés hicieron que su corazón se detuviera a las pocas horas. El cohete partió desde Kazajstán a las cinco y media de la mañana y alcanzó su órbita sin novedad. Eso sí, según reconoció muchos años después Adilia Kotóvskaya, la científica que entrenó a la perra, su corazón se aceleró hasta las 260 pulsaciones por minuto, tres veces más de lo normal, pero después el ritmo cardiaco se normalizó.

Era la más tranquila de las 4 'aspirantes' y, muy importante, la más fotogénica

Lo malo llegó cuando la nave empezó a calentarse a causa de la última sección del cohete, que no se desprendió y transmitió su enorme temperatura, y por culpa también de las radiaciones solares. Además, el ingenio no era de la mejor calidad, sobre todo su sistema de aislamiento térmico, porque fue construido deprisa y corriendo para hacer coincidir la misión con las celebraciones revolucionarias y así poder dar un nuevo corte de mangas a los americanos, que ya llevaban clara desventaja en la carrera espacial. Unas seis o siete horas se calcula que vivió 'Laika' desde el momento del lanzamiento y su muerte debió de ser terrible. Según desveló 45 años más tarde uno de los responsables del programa, Dmitri Malashénkov, durante una conferencia en Houston, el animal murió por sobrecalentamiento y deshidratación sin haber llegado a completar la cuarta rotación alrededor de la Tierra.

Oficialmente, sin embargo, se dijo que todo salió bien y que la perra falleció al octavo día debido a las sustancias tóxicas y sedantes suministrados con la comida para propiciar una muerte indolora, ya que la tecnología en aquel momento descartaba desde un principio la posibilidad de regreso a la Tierra de 'Laika'. El satélite, junto con su cadáver, se desintegró al reentrar en la atmósfera terrestre el 14 de abril de 1958.

La idea de poner en órbita un animal no era nueva, los experimentos y ensayos para conseguirlo habían comenzado ya en 1951. Sin embargo, por imperativos propagandísticos, el Partido Comunista exigió premura.

Iván Kasián, responsable del equipo médico que participó en aquella época en la preparación de los vuelos espaciales, cuenta en su libro 'Los primeros pasos hacia el cosmos' que la tarea no fue fácil. «No estaba claro cómo se conseguiría que funcionase sin fallos el suministro de oxígeno y el sistema para alimentar a la perra durante tantos días». Los vuelos estratosféricos que se habían realizado anteriormente con animales a bordo de cohetes duraban menos de una hora.

Se decidió utilizar perros, no monos como en el caso de los estadounidenses. Los canes callejeros eran los más adecuados para ese tipo de misiones porque, según explica Kasián, «tienen más aguante, mayor capacidad de adaptación y se acostumbran rápidamente a cualquier dueño». Tenían que ser precisamente hembras, lo que facilitaba la colocación de sondas para poder hacer sus necesidades durante la travesía, y menudas de tamaño, para que el habitáculo no fuese demasiado grande.

Fueron seleccionadas cuatro perritas: 'Laika' (que significa ladradora), 'Albina', palabra que tiene el mismo significado que en español, 'Muja' (mosca) y 'Úmnitsa' (listilla). Para habituarlas a las condiciones de un vuelo espacial se las mantenía durante días metidas en una reducida cabina con la escafandra puesta y alimentadas por un sistema automático que, cada ciertas horas, se abría y dejaba salir una especie de pasta compuesta de vitaminas, proteínas, grasas, hidratos de carbono y agua. Tuvieron que pasar también por la desagradable centrifugadora.

La más paciente y tranquila resultó ser 'Laika'. Tenía dos años y, pese a no ser de raza, era la más fotogénica, cuestión importante teniendo en cuenta que su imagen aparecería en todos los periódicos del mundo. Tras aquel trágico vuelo, aunque fructuoso desde el punto de vista científico, la Unión Soviética no volvió a enviar animales al espacio hasta 1960. El 19 de agosto de aquel año volaron juntas las perritas 'Belka' (ardilla) y 'Strelka' (flecha). Tuvieron mayor fortuna que su antecesora, porque regresaron sanas y salvas.

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