LA CUADRATURA DEL CÍRCULO

MANUEL ALCÁNTARA

Es difícil tirar la casa por la ventana cuando la casa es más grande que la ventana y además, no da a la calle. Puede aplastar a alguien que pasaba por allí, después de pasarlas canutas. La guerra entre el Partido Popular y Ciudadanos mantiene su lucha sorda, pero la oímos todos, mientras crece el número de viviendas que se venden por cuarto año consecutivo. ¿Cómo se explica eso? La gente tiene razones que la razón no conoce. El Tribunal de Cuentas, con un lenguaje muy comedido, no ha aprobado «la idoneidad de los ingresos del partido de Albert Rivera», es decir, que no se fía un pelo de ellos y debe explicar lo que algunos llaman sus «múltiples falsedades contables», es decir, lo que las personas menos cultas llamamos robos.

Reaparecen Bárcenas, Granados y Correa. Siempre es de ayer la fecha porque el calendario no se está quieto, pero los clientes no varían aunque se denominen de otra manera y todo tiene un tufo de venganza. Se está demostrando que la revisión del pasado, que es irreparable, admite curas de urgencia, aunque estén cerrados los quirófanos. Más que los problemas que nos agobian, lo que nos tiene en vilo es su forma de abordarlos. Las cosas varían si se ven a otra luz y atribuir toda la culpa de la actual situación al PP es lo más cómodo para sus rivales, convertidos en enemigos del alma, aunque cada uno la tenga en su almario. El próximo sábado, los barones del PSOE deberán aclarar una pequeña parte del conflicto, ya que Puigdemont parece que se ha tomado un respiro desde su dorado exilio y no todos tenemos que hablar y escribir de la situación catalana. Sigue en el mismo sitio donde estaba, mientras las ventas de casas siguen creciendo al mayor ritmo desde la crisis. Se trata de buscar un refugio y afecta a los que están a gusto en el que tienen, porque sospechan que los hay peores.

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